lunes, 21 de octubre de 2013

Crítica de "Una cuestión de tiempo"


En el episodio que escribió, en 2010, para el eterno y fundamental serial televisivo Doctor Who, Richard Curtis apostaba por la paradoja temporal sentimental para que dos mundos (acaso el mismo) no colisionaran. Con un precedente así, nadie podrá acusarle de que su largometraje sobre viajes en el tiempo sea una cuestión de corazón tan aparentemente minúscula (pero para nada trivial) como los microbios

humanos que acababan con los invasores marcianos de 'La Guerra de los Mundos' de H.G. Wells. A Curtis le interesan las personas y, sí, el inexorable paso del tiempo. Sabe ver en los mecanismos del enamoramiento, noviazgo y matrimonio una máquina futurista donde la marcha atrás no solamente es irresistiblemente cómica (el efecto mariposa aplicado a la paternidad), sino adorablemente romántica en clave de naturalista cotidianeidad... repetitiva.

Aventuraría a asegurar que, más que un día de la marmota de la brit romcom, 'Una cuestión de tiempo' refexiona en su excusa fantástica sobre el arte de la reescritura en el humor: ¿no es cada salto al pasado el ensayo-perfeccionamiento de un gag? Amén de una triste y esperanzadora mirada a la muerte (presente en toda la obra de Curtis) congelada en el loop de una playa y unos juegos de infancia.

Autor: Fausto Fernández (Fotogramas)

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