jueves, 2 de mayo de 2013

Crítica de 'La gran boda'


¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? son preguntas que se hace la humanidad cuando se aburre desde que el francés Paul Gauguin las plasmara, a finales del siglo XIX, sobre un cuadro inspirado en lo que un tahitiano realmente hospitalario siempre le pregunta a cualquier extraño que se encuentra por el camino, según cuenta la leyenda. El guionista Justin Zackham no pretende responder a ninguna de ellas con esta su segunda película como realizador, pero sí se hace evidente que se hizo esas mismas tres preguntas antes de hacer realidad este proyecto que define a la perfección lo que vendría a ser la eficacia, la de quien sabe de dónde viene, quién es y, sobre todo, a dónde quiere ir.

Puede que 'La gran boda' no sea lo que viene a ser una gran película; puede que incluso no podamos decir que es una buena película sin que alguien nos acuse de vendernos al mejor postor. Pero sí cabe reconocer que es la pequeña gran película que quiere ser, un matiz realmente importante en casos como el que nos ocupa, el de una producción tan consciente de sí misma, de su potencial, de sus limitaciones, de sus ambiciones, que sabe cómo hacer que prevalezcan sus puntos fuertes sobre sus punto débiles... al menos ante ojos de buena voluntad y mejor corazón, como creo que son los de un servidor, algo en teoría patente tras haberle arrebatado de entre las manos esta crítica al Sr. Reporter, siempre más dispuesto a la crueldad cuando de una película con Katherine Heigl se trata (y ojo, que no le culpo).

Eficacia y pragmatismo son las dos armas que esgrime principalmente Justin Zackham, guionista de 'Ahora o Nunca'... ¿se acuerdan de esta cinta que protagonizaron Jack Nicholson y Morgan Freeman hace unos pocos años? Pues eso, más o menos. Puede que como realizador Zackham no demuestre nada que no pudieran no demostrar otros asalariados intercambiables e impersonales como Andy Fickman, Brad Peyton, Frank Coraci o Peter Segal, pero como guionista esgrime la misma inteligencia que con aquella de Rob Reiner, la de ofrecer un producto de centro comercial para adultos muy digno y solvente. Y además capaz de ocupar la sala de al lado de 'Iron Man 3' sin que esta le haga sombra. O algo así como las comedias que Frank Oz dirigió en los 90 como 'Esposa por sorpresa' o 'In & Out', producciones agradables, sencillas, ligeras y directas. Y sobre todo simpáticas.

Puede que en igualdad de condiciones no deje de ser una cuestión de simpatías, las que pueden despertar un reparto repleto de caras conocidas y de sonrisa tan amable como amable es la propuesta. Aunque la presencia de algunos este muy desaprovechada (como las de Robin Williams y Amanda Seyfried) y una de ellas sea la de Katherine Heigl... Amos a ver y a título personal, ¿cómo no me va a resultar simpática una película que consigue hacerme olvidar durante un rato que Katherine Heigl me cae mal? Y es que aunque pueda ser descalificada por su evidente condición de producto comercial fácil, irrelevante y bonachón, no por ello deja de ser un buen producto fácil, irrelevante y bonachón. O al menos muy competente. Y además de muy agradable visionado, básicamente, por su eficiencia a la hora de ser... sí, un producto fácil, irrelevante y bonachón. E inofensivo.

Autor: Juan Pairet Iglesias (El Séptimo Arte)

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