viernes, 24 de mayo de 2013

Estrenos de cine | 24 de mayo | Vuelven rápidos y furiosos por sexta vez

Vin Diesel y compañía han vuelto con la intención de arrasar en taquilla. La sexta entrega de ‘A todo gas’ es la novedad más potente del fin de semana pero por suerte para todos los que se aburren con esta franquicia no es la única que llega hoy a las carteleras españolas. Si amas el cine y no te molesta el doblaje —por desgracia la única opción en la mayoría de localidades—, también podrás encontrar los nuevos trabajos de Michael Winterbottom, Hong Sangsoo y Niels Arden Oplev, entre otros. Hay bastante para elegir, otra cuestión ya es que en vuestro cine más cercano proyecten lo que queréis ver…

‘Fast & Furious 6’

Dirección: Justin Lin. País: USA. Año: 2013. Duración: 130 min. Género: Acción. Interpretación: Vin Diesel (Dominic Toretto), Paul Walker (Brian O’Conner), Dwayne Johnson (Luke Hobbs), Luke Evans (Owen Shaw), Michelle Rodriguez (Letty), Jordana Brewster (Mia), Michelle Rodriguez (Letty), Elsa Pataky (Elena), Sung Kang (Han Lue), Tyrese Gibson (Roman), Gal Gadot (Gisele), Ludacris (Tej Parker), Gina Carano (Riley). Guion: Chris Morgan, basado en los personajes creados por Gary Scott Thompson. Producción: Vin Diesel, Neal H. Moritz y Clayton Townsend. Música: Lucas Vidal. Fotografía: Stephen F. Windon. Montaje: Kelly Matsumoto y Christian Wagner. Diseño de producción: Jan Roelfs. Vestuario: Sanja Milkovic Hays. Distribuidora: Universal Pictures International Spain.

Sinopsis: Desde que Dom (Vin Diesel) y Brian (Paul Walker) destruyeron el imperio de un mafioso y se hicieron con cien millones de dólares, el grupo se ha dispersado por el planeta. Pero siguen sin poder regresar a casa ya que son prófugos de la justicia. Mientras tanto, Hobbs (Dwayne Johnson) ha estado siguiendo la pista por doce países a una banda de letales conductores mercenarios. Hobbs le pide a Dom que reúna a su equipo y le ayude a atraparlos a cambio de un indulto.

‘The Trip’

 

Dirección: Michael Winterbottom. País: Reino Unido. Año: 2010. Duración: 107 min. Género: Comedia. Interpretación: Steve Coogan, Rob Brydon, Paul Popplewell, Margo Stilley, Claire Keelan. Producción: Melissa Parmenter y Andrew Eaton. Fotografía: Ben Smithard. Montaje: Mags Arnold y Paul Monaghan. Vestuario: Celia Yau. Distribuidora: Surtsey Films. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis: Steve es escogido por ‘The Observer’ para hacer una ruta por los mejores restaurantes del país, lo que le parece un estupendo viaje para hacer con su novia. Pero cuando ésta le deja, no tiene quién le acompañe excepto su extravagante amigo Rob.

¿Qué podemos esperar? Algo muy divertido a tenor de los comentarios que he leído. Pero en este caso más que nunca es necesaria la versión original, doblada no resultará ni la mitad de graciosa.


‘La Estrella’


Dirección: Alberto Aranda. País: España. Año: 2013. Duración: 95 min. Género: Drama, romance. Interpretación: Ingrid Rubio (Estrella), Carmen Machi (Trini), Marc Clotet (Salva), Fele Martínez (Baltasar), Carlos Blanco (Jonás), Rubén Sánchez (Marc), Pep Tosar (Xavier), Alfonsa Rosso (Antonia), Fanny de Castro (Manolita), Pepe Rodríguez (Manuel), Wong Sau-ching (Li). Guion: Alberto Aranda y Belén Carmona. Producción ejecutiva: Xavier Granada. Música: Zacarías M. de la Riva. Fotografía: Bet Rourich. Montaje: Elena Ruiz y Bruno Palazón-Arnaud. Dirección artística: Pep Oliver. Vestuario: Arancha Rodrigávarez y Sofía Nieto. Distribuidora: Splendor Films.

Sinopis: Estrella es alegre, positiva, y demasiado generosa con los que la rodean. Junto a Salva, su novio de toda la vida, y a Trini, su amiga del alma, aparenta una felicidad que no es tal. Estrella cuida de todos… menos de ella. Y es que Estrella se ha olvidado de sí misma. Pero nuestra Estrella tiene duende, para el flamenco y para la vida, y pronto descubrirá que ella también tiene derecho a ser feliz.

¿Qué podemos esperar? Un canto a la vida y estupendas interpretaciones de Rubio y Machi, siendo optimistas. La verdad, la sinopsis no me atrae nada y el avance que he visto tampoco así que esperaré vuestras opiniones.

‘En otro país’


Título original: ‘Da-reun na-ra-e-suh’. Dirección y guion: Hong Sang-soo. País: Corea del Sur. Año: 2012. Duración: 89 min. Género: Drama. Interpretación: Isabelle Huppert (Anne), Kwon Hye hyo, Jung Yu Mi. Producción: Kim Kyoung Hee. Música: Jeong Yong-jin. Fotografía: Jee Yune-jeong y Park Hong-yeol. Montaje: Hahm Sung Won. Distribuidora: Golem.

Sinopsis: Una joven estudiante de cine y su madre huyen a Mohang, una ciudad junto al mar, con la esperanza de eludir a sus acreedores. La joven empieza a escribir el guión de un corto para tranquilizarse: Aparecen tres mujeres llamadas Anne y cada una de ellas visita la ciudad. La primera Anne es una exitosa directora de cine. La segunda es una mujer casada que tiene una aventura con un coreano. Y la tercera está divorciada del marido que la dejó por una mujer coreana. Una joven se ocupa de un pequeño hotel que pertenece a sus padres construido a orillas del mar. En la playa cercana siempre hay un socorrista. Cada una de las tres Anne se hospeda en el hotel, entabla una amistad con la hija de los dueños y pasea por la playa, donde conoce al socorrista.

‘Un amigo para Frank’


Título original: ‘Robot & Frank’. Dirección: Jake Schreier. País: USA. Año: 2012. Duración: 89 min. Género: Comedia dramática, ciencia-ficción. Interpretación: Frank Langella (Frank), James Marsden (Hunter), Liv Tyler (Madison), Susan Sarandon (Jennifer), Jeremy Strong (Jake), Jeremy Sisto (sheriff Rowlings), Peter Sarsgaard (voz del robot). Guion: Christopher Ford. Producción: Lance Acord, Jackie Kelman Bisbee, Sam Bisbee y Galt Niederhoffer. Música: Francis & the Lights. Fotografía: Matthew J. Lloyd. Montaje: Jacob Craycroft. Diseño de producción: Sharon Lomofsky. Vestuario: Erika Munro. Distribuidora: A Contracorriente Films.

Sinopsis: Frank (Frank Langella) es un viejo y solitario cascarrabias que tiene una gran pasión por los libros. De hecho, su única amistad es la que mantiene con una bibliotecaria (Susan Sarandon). Aparte de eso, su vida es muy tranquila, si bien todo cambia cuando sus hijos (Marsden, Tyler) deciden llevarle un robot que se encargará de cuidarle. Por increíble que parezca, poco a poco el anciano comenzará a hacerse amigo de la máquina.

¿Qué podemos esperar? Un agradable relato de amistad, al parecer. Me temo que será una película más blandita de lo que nos gustaría a muchos pero el tráiler —odiosa la música— deja algunas escenas que animan a verla.

‘Chaika’


Dirección: Miguel Ángel Jiménez. Países: España, Georgia y Rusia. Año: 2012. Duración: 100 min. Género: Drama. Interpretación: Salome Demuria (Ahysa), Giorgi Gabunia (Asylbek). Guion: Luis Moya y Miguel Ángel Jiménez. Producción ejecutiva: Koldo Zuazúa y Luis de Oza. Música: Pascal Gaigne. Fotografía: Gorka Gómez Andreu. Montaje: Imanol Gómez de Segura. Vestuario: Nikoloz Gurapashvili y Teo Berianidze.

Sinopsis: Es la historia de amor entre una prostituta y un marinero perdedor, reconstruida entre dos largas estaciones; el eterno invierno de Siberia y el verano en las polvorientas estepas de Kazajistán. El joven Tursyn regresa a casa para enfrentarse a lo que queda de su familia: un viejo nómada a punto de morir y un padre náufrago. Los dos harán emerger los vagos recuerdos que Tursyn tiene de su madre. ‘Chaika’ es la aventura de unir esos recuerdos que la vida ha dejado dispersos en los páramos más recónditos de la Tierra, casi en el fin del mundo.

¿Qué podemos esperar? Cualquier cosa. Yo le daré una oportunidad, el tráiler me ha cautivado…

‘Dead Man Down (La venganza del hombre muerto)’


Título original: ‘Dead Man Down’. Dirección: Niels Arden Oplev. País: USA. Año: 2013. Duración: 118 min. Género: Thriller. Interpretación: Colin Farrell (Victor), Noomi Rapace (Beatrice), Dominic Cooper (Darcy), Terrence Howard (Alphonse), Isabelle Huppert (Valentine), Armand Assante (Lon Gordon), F. Murray Abraham (Gregor). Guion: J.H. Wyman. Producción: Neal H. Moritz y J.H. Wyman. Música: Jacob Groth. Fotografía: Paul Cameron. Montaje: Timothy A. Good y Frédéric Thoraval. Diseño de producción: Niels Sejer. Vestuario: Renee Ehrlich Kalfus. Distribuidora: eOne Films Spain.

Sinopsis: Victor es la mano derecha del señor del crimen Alphonse, quien vive amenazado por un asesino que está acabando con los miembros de su banda uno a uno. En medio de esta situación, Victor conoce a Beatrice, una misteriosa francesa que vive en su mismo edificio y por la que comienza a sentirse atraído. Pronto descubre que Beatrice no es la mujer que dice ser, sino la víctima de un crimen en busca de venganza. Pero ella también descubrirá que Victor tampoco es el hombre que dice ser, sino alguien con un oscuro secreto del pasado.

Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)







Crítica de "La Mula"


“Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo”, escribió Manuel Chaves Nogales en su clarividente prólogo de A sangre y fuego. Contienda, miedo, mentira. Algo de eso hay también en La mula, novela de Juan Eslava Galán que habla de humanismo y también de absurdo; de piedad y terror; de violencia y amistad; de ideales y confusión, de españoles convencidos con su causa y de otros que simplemente pasaban por allí y que, obligados por las circunstancias, actuaron según su modo y manera, con la fuerza del sentido común.

Comienza la película y, desde sus trincheras, cada bando grita las excelencias de la comida de la noche anterior. ¿Es La vaquilla, de Luis G. Berlanga? No, es La mula, de Michael Radford, alias Anónimo por culpa de otra guerra incruenta, esta económica y artística alrededor de la producción. En principio, sorprende que las dos películas arranquen exactamente igual. También que tengan a un animal como metáfora de una España apaleada. ¿Qué las separa, que las iguala? Las iguala su capacidad para reírse, a pesar de todo, y el rechazo de cualquier maniqueísmo. Las separa que el humor de Berlanga es ácido, atroz, punzante, negrísimo, y el de Eslava es más amable, más compasivo, de sabio del terruño. Así, La mula entronca con aquellas maravillosas películas alrededor de la guerra y el fascismo creadas en Italia por gente como Mario Monicelli o Luigi Comencini, a La gran guerra, Todos a casa y La marcha hacia Roma, a aquellas historias de cobardes y descaminados, de falsos héroes, de supervivientes que a veces eran más honorables que cualquier orgulloso guerrero.

De ambientación primorosa y meritorio trabajo con el acento jiennense, casi siempre conseguido por el trío protagonista, con vocales muy abiertas y destierro de eles, eses y eres finales, La mula probablemente tiene otra película dentro de la película. Y sin embargo, a pesar del desbarajuste fotográfico (secuencias nítidas mezcladas con otras de grano durísimo), hubiese sido una pena que este trabajo de Radford quedara en el limbo. Porque, como dice el estupendo Mario Casas en un desgraciado momento, lo que queda al final es el absurdo: “¡Me cago en la puta guerra, Chato!”.

Autor: Javier Ocaña (El País)

Crítica de "Fast & Furious 6"


Los empleados de Universal Pictures celebran dos veces la Navidad: el 25 de diciembre y el 4 de marzo. Es por esta última fecha, allá por 2009, cuando la saga A Todo Gas estrena su cuarto episodio, uno que recaudaría 155 millones de dólares, uno que redimiría económicamente a la franquicia desde lo que parecía el clavo final del ataúd con Tokyo Drift, y la impulsaría hasta su apoteósis: Fast Five, película que se cascó (y cada semana tengo que mirar las cifras en Box Office Mojo porque, de verdad, todavía no me lo creo) 626 millones de pavos en todo el mundo. ¿Cinematográficamente hablando? Prolongó una década la carrera de Vin Diesel, descubrió las habilidades de Justin Lin para el cine comercial y expandió los horizontes de la serie desde la cultura del tuneo hasta el más amplio género de acción, hostias, pibones de ambos sexos y megaexplosiones. Un largo recorrido desde el (ejem) policíaco de la primera entrega, hace ya sus doce añitos.


Dicho esto, Fast & Furious 6 es un episodio de transición, que prolonga la línea seguida por la quinta entrega, y también de cierre, porque acaba con algunos arcos que llevaban cociéndose un par de películas y abre otros nuevos de cara a la séptima entrega del año que viene. ¿Fuera de este contexto? Es una película de acción bastante correcta que hace de la necesidad virtud: tiene como unos 18.245.636 protagonistas y Chris Morgan (guionista) las pasa putas para meter a todos, usar a todos, dar cierto contenido emocional y encima cascarse las tres grandes set pieces de rigor –para las que Lin va absolutamente sobrado–, destacando la delirante, absurda, brutal, WTF, “En el nombre de Cristo” secuencia central, y conocida a partir de ahora como “El Desmadre de las Canarias”. Pero lo consigue, a cierto precio: el factor sorpresa.

F&F 6 rompe muy poquito con la línea de acción impuesta por la entrega precedente. Si acaso, la mayor innovación consiste en presentar a este grupo de renegados de la vida como agentes al servicio del Gobierno de EEUU para recuperar un terrorífico instrumento conocido como el MacGuffin de manos de Owen Shaw (Luke Evans), villano al frente de un grupo de corredores y ex mercenarios con claro desprecio por las reglas de seguridad vial y la vida humana. Vin Diesel ES Dominic Toretto, quien es convencido por Luke Hobbs (The Rock) para liderar la misión y de paso averiguar el destino de su amor de toda la vida, la supuestamente fallecida Letty (Michelle Rodriguez), la cual trabaja a su vez para el grupo de criminales pero la pobre resulta que tiene AMNESIA. Dicho y hecho, Toretto reúne a su antigua cuadrilla, comenzando por su antiguo rival, ahora mejor amigo y cuñado, Brian O’Conner (Paul Walker), y se dispone a dejar Londres como un solar.

Si a estos nombres sumamos los de Han y Gisele (Sun Kang y la espectacular Gal Gadot), apariciones de Elsa Pataky y Jordana Brewster, la incorporación de Gina Carano, los habituales Ludacris y, oh, sí, Tyrese –quien vuelve a hacer de su Roman Pearce un atentado contra la lucha por los Derechos Civiles–, MÁS el villano y gran parte de su cuadrilla, nos encontramos con una barbaridad de personajes con peso específico en el film. El caso es que Morgan los usa a todos, cubriendo todo el espectro posible de las escenas de acción –junto a las consabidas grandes secuencias de conducción hay varias peleas cuerpo a cuerpo y un par de tiroteos–. Tiene tiempo para establecer una jerarquía (Diesel lleva la voz cantante, seguido por Johnson, en detrimento de Walker, protagonista de un sector del film, pero más cómodo en un segundo plano), para medio desarrollar el reencuentro entre Diesel y Rodríguez, que es la baza emocional de la película (es más: tiene tiempo para aprovechar a Rodríguez, que es un demonio y algún día Hollywood se dará cuenta). Tiene tiempo para homenajear los principios de la saga, cada vez más diluidos por otro lado, con una carrera nocturna y con una exhibición de vehículos e incluso mete un episodio de drama carcelario.


A Morgan y a Lin les da tiempo absolutamente a todo, y ese es a la vez el gran mérito y el gran problema de esta película: si bien te da la sensación de que todo encaja, también queda el poso de que todo va, perdón por la broma, demasiado rápido. Por un lado es cojonudo; los 130 minutos se pasan volando. Por otro, el film nunca deja que el espectador se agarre y jamás logra imprimir una sensación concreta. Sé que es A Todo Gas, que no es Hamlet y comparado con atrocidades como G.I. Joe 2, encontrarte hoy en día con algo así es poco menos que un milagro, pero también es verdad que esta sexta entrega es, de largo, la más ambiciosa de todas y nunca adquiere la resonancia que debería. Otro punto desaprovechado: tras seis películas, uno esperaría cierta química adicional entre los actores que nunca llega. Hay escenas familiares, el film no es idiota, pero son muy frías. Desde lejos, parecen poco más que una banda muy bien avenida. Ninguno de los integrantes del film tiene permiso para improvisar; las variaciones entre el Toretto de 2001 y el de 2013, entre el O’Conner de hace una década y el de ahora, son prácticamente nulas y los matices brillan por su ausencia.

Al hilo de esto: en la puntuación de “Bro-Love” a.k.a. “Contenido Homoerótico No Tan Oculto”, la película se lleva un 75 sobre 100, más o menos. Para la séptima entrega, ya deberíamos ver una lucha de sables entre The Rock y Diesel. Su último diálogo parece una escena eliminada de A La Caza.

Para ir cerrando el chiringuito: la franquicia está muy cómoda en este punto de acción disparatada. Lin está muy cómodo. Domina todos los palos con profesionalidad y por lo menos tiene la ambición de dar al espectador secuencias de acción definitivas. Aún más importante, Diesel se nota muy cómodo. Muy buen jefe, muy buen carácter: lleva cuatro películas siendo estoico sin resultar cargante. Visto con cierta perspectiva, es un problema. Las películas de acción no son “cómodas” por definición. Abren nuevas vías y no se limitan a mostrar “más” (personajes, stunts, explosiones, achuchones). Fast 6 no tiene carácter renovador. Sería bastante injusto para con vosotros si no hiciera estos apuntes. No obstante, también hay que recordar una cosa: que no solo es un film, sino que también es un episodio con deberes que cumplir (eliminar protagonistas innecesarios, simplificar relaciones, y prepararnos para un villano de más entidad). Y para cuando llega la verdadera escena final tras un minuto de créditos sabemos que Fast 6, como mínimo, ha hecho muy bien ese trabajo.

Autor: Rafa Martín (lashorasperdidas)

Crítica de "Un Amigo para Frank"


Agh. AGH, maldita sea. Hay cierta clase de persona que pondría a parir a esta película: escatima propinas, ocupa dos plazas de aparcamiento y usa como posavasos los juegos originales de la XBox que le prestan los colegas. Por el amor de Dios, leed esta sinopsis: Frank es un viejo ladrón de guante blanco con Alzheimer (FUCK Alzheimer) y su mejor amigo es un robotito a-do-ra-ble que ni siquiera es CGI, sino una señorita (Rachael Ma) dentro de un traje de plástico que probablemente ha acabado con agujetas en las agujetas al término de cada día de rodaje de tanto imitar los movimientos de un androide. Es, se mire como se mire, un papelón de Frank Langella. El enésimo de una carrera permanentemente subestimada. Muy cabrón y muy malparido habría que ser, voto a Bríos, para ir a la yugular de esta película, que encima tiene el valor de obligarte a que descubras su corazón en un mundo lleno de pasteles, imposturas, falsedad, cinismo, hipocresía y tronistas.

Y sin embargo, hay películas encantadoras que están muy cerca de agotar la paciencia del espectador y esta es una de ellas y el motivo es este: tiene miedo de hacerte daño. Todas las grandes películas familiares tienen algo en común. En algún momento de su metraje, van a coger tu corazón y te lo van a estrujar. No me refiero solo a los grandes clásicos; casos menores pero absolutamente ejemplares, como Nuestros Maravillosos Aliados, no tenían miedo de poner el amplificador hasta el “once”. Un Amigo para Frank, aun conociendo exactamente el momento y el lugar en el que arrancar, aun teniendo un actor absolutamente perfecto, no llega principalmente por la dirección, más distanciada de lo que debería, más fría de lo necesario, de Jake Schreier.

Con todo, sus intenciones son maravillosas porque su rigor a sus premisas –concentradas en la relación entre nuestros dos protagonistas– es admirable, para bien y para mal. Ni intenta incitar en nosotros una falsa piedad para Frank, ni quiere –prestad atención a la amable pero monocorde voz de Saarsgard en la V.O., reduciendo al mínimo sus matices– humanizar fácilmente a Robot (trampas válidas que solo cuelan si eres muy, muy, MUY bueno). Schreier y su guionista, Chris Ford, eligen alejarse del camino impuesto por Cortocircuito o Inteligencia Artificial. Según el film, la tecnología no sustituye al contacto humano, pero es un contacto de todas formas, y es mejor que ningún contacto en absoluto. Y el film demuestra que se puede sacar algo bonito (por triste) de ahí. De hecho, lo hace en su extraordinario momento culminante, muy al final, y muy bien ganado. No habría puesto ninguna pega que el film se hubiera soltado el pelo en ese momento. Schreier y Ford renuncian a ello. Habría roto el tono del film. Pero en manos de alguien con más sangre y, desde luego, con más experiencia –primer largo de guionista y director, hay que decir– habría puesto la película en órbita.

Esta aproximación está alimentada por la contenidísma interpretación de Langella. Qué actor. Los actores veteranos terminan haciendo de su persona cinematográfica un arte y suelen, a veces por pura diversión, soltar un guantazo en mitad de una escena –cosa que hacen cuando “no sucede nada” y de la forma menos contraproducente posible; es como cuando Jordan se cascaba un tiro libre con los ojos cerrados cuando sus Bulls ganaban por 20–. El arte de Langella, sin embargo, consiste en volar bajo el radar. Controla a la perfección un personaje moralmente ambiguo, e imprime una dignidad encomiable a la lucha contra la enfermedad incluso en los peores momentos –que vienen con la confusión, con la soledad, con el pánico–. Langella no solo decide como vemos a su personaje, sino que define a su hierático compañero mecánico. Jamás, ni por un momento, se para a decir “soy jodidamente bueno” ni nos recuerda lo bueno que es. Se expone a ser históricamente subestimado (él, uno de los Drácula más memorables de la historia del Cine) y se prepara para vivir con ello.


Las consecuencias negativas de semejante brutalidad están fuera del alcance del actor, y son un problema que el director tendría que haber previsto. Ningún otro personaje está tan bien escrito. Hay en el film una enorme carencia de secundarios excepcionales descontando, por supuesto, a Sarandon. Ojalá pasara mucho más tiempo con Langella; su silenciosa historia de amor es otra de las grandes bazas donde quizás habría sido necesario más arrojo. El problema, realmente, se ve cuando Langella comparte pantalla con Marsden y Tyler quienes resultan, por ponerlo de una forma educada, completamente aniquilados sin compasión, porque ninguno consigue salir de los cuatro trazos de sus personajes (“¡hijo disciplinado, hija jipi!”) y dado que se están enfrentando con un padre particularmente combativo, el veterano (y recordemos: 1,90 metros de altura y una mirada de tiburón que clava tachuelas) está obligado a darles cera. Y lo hace. Jesús, si lo hace.

Y aquí se acaba mi modo cabrón. Un Amigo para Frank es sensible, tiene el corazón en su sitio.Trabajada y para que la trabajes. Es clase de película buenrollista que no tiene especial prisa por serlo. De hecho, y para mérito suyo, ni siquiera estoy seguro de que lo sea. Este contexto complejo cae en manos de un director que decide apuntar un poco demasiado bajo y el resultado no es algo especialmente memorable, pero en honor al espíritu luchador de nuestro fantástico protagonista, es algo que no se olvida muy fácilmente.

Autor: Rafa Martín (Blog de cine)

jueves, 23 de mayo de 2013

Crítica de "Combustion"


No habiendo sentido jamás la necesidad o el placer de aprender a conducir un coche, desconociendo el presunto subidón de adrenalina, el sentimiento de libertad y el adictivo vértigo que al parecer proporciona la velocidad y su riesgo, no disfruto especialmente con un género cuyos mayores éxitos están asociados en la memoria colectiva a sus espectaculares carreras o persecuciones de coches. Me interesan o me apasionan películas como Bullit, Rebelde sin causa (a pesar de James Dean, ese niñato gesticulante y siempre en trance), French connection, la saga de Bourne, Driver y Drive, pero no especialmente por el virtuosismo técnico que desplegaron sus creadores filmando coches que hacen maniobras portentosas, utilizados en duelos letales y en los que los héroes o los villanos que los conducen se juegan la supervivencia o la libertad. Son otras cosas las que me fascinan en ellas, pero han pasado a la historia por el legendario rugido de sus motores y por el circense más difícil todavía que realizaban sus milagrosos vehículos.

Los personajes de Combustión utilizan los coches para expresar lo más profundo de su personalidad, como forma de vida, como suprema afirmación. También les sirven para su delincuente profesión, para apuestas en las que te puedes jugar algo más que dinero, para exorcizar fantasmas y superar viejos traumas. Y les va razonablemente bien atracando las casas y los negocios de gente rica, preparando el escape definitivo después de ese último golpe que les solucionará la existencia a perpetuidad, compitiendo en carreras ilegales. Hasta que se líen las cosas al aparecer los dilemas del corazón y del deseo entre la mujer fatal de ese grupo, que ejerce de gancho para seducir a las futuras víctimas, y un hombre que ha pretendido olvidar su tormentoso pasado buscándose una novia y una vida que le proporcionen cierta estabilidad emocional.

El director Daniel Calparsoro parece sentirse a su aire con esta historia de sentimientos broncos, situaciones extremas, actitudes complejas, desgarro y violencia. Y no es un impostor ni sigue una moda. Es lo que lleva contando con mayor o menor fortuna desde su primera película, Salto al vacío. Y rueda con poderío visual esos argumentos protagonizados por gente que vive o sobrevive en el límite.

Combustión persigue legítimamente el éxito comercial. Busca fundamentalmente a un público juvenil y palomitero que frecuenta los multicines de los grandes centros comerciales. Alguien muy informado me comenta que la principal referencia de Combustión es la serie de películas de Hollywood titulada A todo gas. No he visto ninguna. La publicidad que la rodea me provoca infinita pereza, mi experimentado olfato ya solo se expone a perder el tiempo con las tonterías justas.

Pero la película de Calparsoro me ha entretenido, me parece digna, logra lo que pretende. Y hay tópicos en ella y cosas que relaciono con la odiosa estética del videoclip. Y la protagoniza Álex González, un actor joven que me intriga, veraz, con personalidad. Y Adriana Ugarte, que no es un pibón, despliega una sensualidad y un poder de seducción muy creíbles.

Autor: Carlos Boyero (El País)

Universal Pictures comienza el desarrollo del reboot de 'Timecop'


Universal Pictures ha comenzado a desarrollar un reinicio de la película de acción y ciencia-ficción de 1994, 'Timecop'. Según THR, el estudio ya está buscando guionistas para elaborar un concepto totalmente reinventado de la historia, en un proyecto que será producido por Marc Shmuger ('We Steal Secrets: The Story of WikiLeaks') y Tom McNulty ('The Watch').

Jean-Claude Van Damme fue el protagonista de la cinta original interpretando a un agente que debe impedir los viajes en el tiempo, ya que gracias a éstos surge un nuevo tipo de delincuencia que se dedica a alterar hechos del pasado para obtener provecho en el presente. Antes de que la situación se agrave aún más, la Comisión de viajes en el tiempo establece la prohibición de viajar al pasado. En esta ocasión Van Damme no tendrá ninguna relación con el proyecto, basado a su vez en la serie de Dark Horse Comics creados por Mike Richardson y Mark Verheiden, quienes no sabemos si colaborarán en la nueva historia como ya hicieran en la cinta original.

'Timecop' dio origen a una breve serie de televisión en 1997 y además en 2003 tuvo una secuela, 'Timecop 2: The Berlin Decision', cuyo estreno llegó directo a DVD.

Autor: jescri (El Séptimo Arte)

Vía: The Hollywood Reporter

'El gran Gatsby', la tragedia de perseguir lo inalcanzable


Siempre que se estrena un remake o una adaptación —de una novela, un cómic, un videojuego…— tendemos a comparar el material original con el nuevo, aun cuando pertenezcan a ramas artísticas diferentes, y seamos conscientes de que lo más sensato es valorar cada trabajo por sí solo; ¿cuántas veces seguiremos cayendo en eso de “es mejor el libro“? Creo que es inevitable, porque volver a explorar una historia —desde un enfoque diferente— supone recuperar sensaciones e imágenes que nos han afectado con anterioridad, que hemos asimilado y que forman parte de nosotros, como si fueran auténticos recuerdos. Y estamos cómodos con ellos, nos reconocemos en ellos.

Y ahora viene otro a cambiar la forma de eso que guardamos en nuestro corazoncito de lector o espectador. De ahí debe brotar esa resistencia a aceptar cambios, recortes o añadidos en las películas que parten de una obra previa —como la reciente polémica sobre el villano de ‘Iron Man 3’ (Shane Black, 2013)—, llegando al extremo del fan que es más protector que el propio autor, como si hubiera adquirido el derecho a vetar ideas que no encajen con su interpretación. Antes que un remake o una adaptación pensada para contentar a los seguidores —o sea, para hacer caja— yo prefiero una visión diferente, algo nuevo a partir de lo ya conocido. En parte, por eso defiendo lo que ha hecho Baz Luhrmann en ‘El gran Gatsby’ (‘The Great Gatsby’, 2013).

La pirotecnia de Luhrmann y la pasión de DiCaprio


Cada uno sacará sus propias conclusiones, condicionadas por la lectura de la novela de F. Scott Fitzgerald, el visionado de alguna adaptación anterior —la más famosa la dirigió Jack Clayton— o la apreciación del estilo de Luhrmann —quien por cierto no leyó el libro, lo escuchó—, pero creo que esta versión de ‘El gran Gatsby’ cuenta con una serie de virtudes indiscutibles que hacen que el visionado merezca la pena aunque uno acabe pensando que… el libro es mejor. La primera ya la dejé caer antes: el film ofrece una experiencia única, excesiva en lo bueno y en lo malo. Da la posibilidad de contemplar el mundo a través de una singular mirada; la misma que reinterpretó el romance de Romeo y Julieta (1996) o las fiestas del Moulin Rouge (2001).

Otro punto a favor es el reparto, en especial que Leonardo DiCaprio lleve el disfraz de Jay Gatsby. Se apodera del personaje de tal forma que piensas que no solo entiende a Gatsby y simpatiza con él sino que pone parte de sí mismo en la creación de este enigmático multimillonario hecho a sí mismo, obsesionado por los detalles y la construcción de un sueño perfecto. Curiosamente, la estrella presentó la película en Cannes —lugar inmejorable para tal evento— durante su retiro temporal de la actuación, mientras encuentra la energía y la motivación para volver a implicarse en un rodaje —el último fue ‘The Wolf of Wall Street’ (Martin Scorsese, 2013)—. También es una afortunada decisión que Nick Carraway esté encarnado por Tobey Maguire, a quien DiCaprio ha señalado como su mejor amigo y confidente.

Una luz en la niebla


La película está ambientada en el Nueva York de los años 20 —recreada con un enfoque moderno y recargado— y la narra Nick, un escritor que vende acciones para pagar el alquiler. Vive en una casita junto al inmenso palacio de un tal Gatsby, de quien se cuentan toda clase de historias, organizador de fiestas increíbles a las que cualquiera puede acceder —si bien él prefiere observar desde la distancia y el anonimato—. Aparentemente, Gatsby lo tiene todo, pero busca a Nick porque necesita (re)encontrarse con la prima de éste, Daisy, una mujer casada con un hombre rico. La trama no tiene misterio alguno —hasta el tráiler lo revela— pero Luhrmann consigue dotar de emoción a cada instante, cada mirada, cada frase, cada gesto, de un Gatsby enamorado trágicamente.

He ahí el último de los logros que destaco de ‘El gran Gatsby’: su desatado y arrebatador romanticismo. El símbolo del destello verde, la esperanza de recuperar el pasado, la obsesión por un ideal, el sacrificio… La película dura demasiado, la ambientación resulta artificial —esas panorámicas imposibles, el lucimiento del 3D, las postales bélicas, la ciudad en constante celebración…—, los personajes están muy cerca de la caricatura, los giros parecen sacados de una telenovela… sin embargo, el resultado es coherente, es como un cuento, con su dosis de fantasía y humor simplón, el héroe y el villano, el amigo fiel y la doncella en peligro. Pero aquí no hay final feliz. Solo el placer de haber disfrutado el viaje y la nostalgia de esos momentos mágicos irrepetibles.

Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)


Crítica de "Iron Man 3"


Empecemos por retener un nombre: Shane Black. Él es el que firma la última entrega de 'Iron man', la tercera oficial y la cuarta (si incluimos 'Los Vengadores') de manera oficiosa, y, para evitar suspicacias innecesarias, nos cae bien. Suyos son los guiones de 'Arma letal', obra cumbre del peinado ochentero 'mullet', y en su corta carrera como director figura ese sorprendente delirio, entre la parodia y el simple frenesí, titulado 'Kiss kiss bang bang'. Para lo muy cafeteros, recordar simplemente que su anatomía desmadrada hacía acto de presencia delante de la cámara en, por ejemplo, 'Depredador'.

Más sencillo, no es familiar de Godard.

Pues bien, él es el encargado de convertir 'Iron man 3' en la mejor película de todas en las que Robert Downey Jr. ha aparecido enfundado en su traje de metal. Y lo es por mantener en equilibrio cada uno de los componentes que hacen que una cinta de superhéroes no resulte cargante: espectacular, irónica y lo suficientemente inteligente para no tomarse demasiado en serio. Si hubiese que buscar un referente, sin duda el viejo 'Superman' pop de Richard Donner, no por casualidad director de 'Arma letal'.

Últimamente, no me siento muy bien...

Situémonos, de un tiempo a esta parte, y por culpa de Christopher Nolan, no hay película con un tarado megalómano de protagonista que no padezca el conflicto interior digno de un monaguillo ateo. De repente, alguien perdió de vista que los superhéroes son por definición intrínsecamente ridículos. Y de este modo, hubo que soportar que se pusieran serios, sufrieran en silencio sus hemorroides anímicas y arrastraran todos ellos sin excepción un trauma infantil digno del monaguillo de antes.

La razón de tanto aturdimiento ético era hasta cierto punto comprensible. Los superhéroes son alérgicos al drama. Soportan mal que nadie les lleve la contraria. Les aburre discutir sobre cuestiones morales. Tienen claro que el que paga manda y el resto... literatura. Al fin y al cabo, su oficio no es otro que salvar al mundo enfundados en unas mallas y con los calzoncillos por fuera. Ridículo.

Dicen los expertos en la materia que fue en 1961, cuando, ante el acoso de los competidores DC Comics, Stan Lee recibió el encargo de hacer sujetos morales a esas extrañas y perfectamente arias máquinas de matar de la casa Marvel. Y justo en ese momento, ya saben, los superhéroes descubrieron su humanidad. Que es como la gente educada llama a la maldad, a la posibilidad de equivocarse. Porque, en efecto, sólo en la debilidad vive la posibilidad del drama.


Metáfora perfecta

No nos extenderemos, pero parece lugar común ya asumido que el momento cumbre de esta, digamos, 'tendencia' llegó en el cine de la mano de 'El caballero oscuro' que, curiosamente, no es Marvel y nada tiene que ver con Lee. De repente, el drama adquiría la condición espectacular de la metáfora químicamente perfecta. Los superhéroes, pese a su extravagante e irreal condición, hablaban de otra cosa: de nosotros.

Pues bien, hacía falta que, ante tanto hartazgo pseudo-metafísico-monaguillesco, alguien desdramatizara; que alguien recuperara el pulso de la comedia, la espectacularidad y la refriega como la forma menos tramposa de retratar la tragedia. Y aquí, sin duda, 'Iron man 3'. Robert Downey Jr. vuelve a ser él; regresa a su papel de bufón paliza, pero esta vez al servicio de una buena causa más allá de su ego disparatado. Tony Stark-Iron man es un millonario irresponsable que sufre ataques de pánico y que apenas es capaz de controlar un impulso irreflexivo y violento hacia el desastre. Es decir, como cualquier político español. Tan sencillo tan ridículo tan irreal (o no tanto).

A su lado (y aquí el gran logro de la película), Ben Kingsley se descubre como uno de los villanos más divertidos y ácidos que ha pisado una pantalla desde aquellos añorados tiempos en los que Bond era otra cosa. Mucho más pop y mucho menos autoconsciente de su musculatura. Si Heath Ledger, con su 'brandoniana' actitud en la intrepretación del Jocker en 'El caballero oscuro', ofrecía bríos renovados al papel de malo, ahora es Sir Ben el que, desde el lado completamente opuesto, retrata a la perfección la estupidez intrínseca de todo lo que nos rodea.

Y así, precisamente desde la nemesis del superhéroe, asistimos a la mejor refutación del superhéroe que vio desde hace mucho una película de superhéores. Y todo ello gracias a Shane Black. El monaguillo 'unamuniano' de arriba puede, por fin, descansar tranquilo.

Autor: Luis martínez (El Mundo)

 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Brad Pitt renuncia a ’20.000 Leguas de Viaje Submarino’


20.000 Leguas de Viaje Submarino retrasa su producción tras la negativa de Brad Pitt a interpretar el papel de Ned Land, según informaron fuentes del estudio al Sydney Morning Herald.

El film iba a comenzar rodaje el próximo mes pero el rechazo del actor ha motivado que la película no iniciará su producción hasta 2014, según una portavoz de Disney.

David Fincher, apunta Fandango, podría aprovechar este parón para rodar el thriller romántico Gone Girl, basado en la novela de Gillian Flynn.

Autor: Rafa Martín (lashorasperdidas)

'El Gran Gatsby', tocar el cielo


El millonario Jay Gatsby (Leonardo DiCaprio) no tarda en cautivar a su nuevo vecino, Nick Carraway (Tobey Maguire) al tiempo que decide conquistar a una chica equivocada, Daisy (Carey Mulligan) desencadenando una tragedia y una expulsión de un mundo que parece habitar y hasta liderar con cierto orgullo.

En esta nueva adaptación de la novela de Francis Scott Fitzgerald, el cineasta más kitsch del Hollywood reciente, el australiano Bazz Luhrmann, está invocando muchas cosas al mismo tiempo, pero ninguna, debo advertir, tiene demasiado que ver con el espíritu del magnífico escritor de la generación perdida. Pero ¿es este ‘Gran Gatsby’ (The Great Gatsby, 2013) un avance respecto a la película anterior de su cineasta? Ya lo creo que lo es.

A Luhrmann le interesa la pompa antes que la intimidad, y es por eso que esta versión de Fitzgerald está a eones de una serie que recuerda muchísimo más a Fitzgerald no tanto en forma, puesto que la literatura y el cine deben cultivar lo que tienen de propio y no necesariamente aquello que comparten, sino en cuanto a usos, más o menos sagaces, de punto de vista narrativo, imágenes epifánicas y genuina poesía. Estoy hablando de ‘Mad Men’ (2007-) cuyo creador Matthew Weiner ha sabido alimentar de un rango de influencias literarias de primer orden sin que la serie descuide, al contrario, su impecable forma cinematográfica.

Desde que debutara en el cine, a Luhrmann le han apasionado las danzas, las grandes palabras, las músicas portentosas y también contagiosas y el frenesí visual. De hecho, en su caso, cristalino como pocos, encontramos a un director en el que todo su discurso es superficial, y no me refiero a que sea escasamente profundo o no, sino a que habita y está en la superfície visual de sus películas. Por eso su mejor película convocó las más hermosas palabras del idioma inglés, las de William Shakespeare, y no renunció al carácter pop de una leyenda. Y es que ‘Romeo y Julieta’ (Romeo+Juliet, 1997) demostraba que el texto del bardo no es que sobreviva a las actualizaciones, es que se nutre de ellas y vuelve a brillar de un modo tan inconfundible como nuevo. Creo que no ha dejado de ser la mejor película del director y aquí lo volvemos a confirmar, sin tocar tan bajo como en ‘Australia’ (id, 2007).


En donde falla el director aquí es en la elección de su musa femenina. La prometedora Carey Mulligan parece distraída, cuando no sencillamente fuera de lugar en todas y cada una de sus escenas. Tal vez eso es porque la película es de un Leonardo DiCaprio con un magnetismo de estrella absolutamente derrochador, que conquista cada escena sin requerir mucho esfuerzo. Su Gatsby cinematográfico es, en muchos sentidos, el definitivo y eso que ni siquiera el guión o la dirección son precisamente escrupulosos con el material de partida.

No hay metáfora sobre los actuales tiempos de capitalismo corporativo y excesos que han devenido en una gran recesión, ni tampoco interés alguno en los aspectos más potentes de Fitzgerald (la historia de Jay Gatsby como último desclasado de un mundo que puede tocar pero solamente a cambio de su vida), pero, sin embargo, tenemos en marcha un lujurioso, excesivo y absolutamente inane – y fascinante – culebrón firmado por uno de los directores con más capacidad de seducción del cine reciente. 

Por supuesto, como no podía ser de otra manera tratándose de este director, lo mejor está en la banda sonora. Los navegantes que esperaran escuchar el jazz de los años veinte y treinta que tan importante fue para Fitzgerald y que tan felizmente evocaba en su prosa, deberán abstenerse: suenan aquí, con fervor juvenil y apasionado, Gotye, Lana Del Rey, Beyoncé y Jay-Z. Y, lo crean o no, dado lo suntuoso, espectacular y visualmente arrollador del conjunto, funciona muy bien. Canta Del Rey “me amarás todavía / cuando no sea ya / joven y hermosa”. Y aunque sea como gran síntesis de estos tiempos de hipersaturación visual y narcisismo virtual, funciona muy bien. Tal vez no sea la preciosa obra literaria que la origina, pero es algo contemporáneo que lleva en su ADN el pathos de toda una juventud a la que va dirigida sin complejos.

No es gran cosa, ciertamente, pero aquellos con capacidad de disfrute no saldrán defraudados. Por supuesto, mucho más negativo se mostró mi compañero Mikel.

Autor: Pablo Muñoz (Blog de cine)