jueves, 21 de febrero de 2013
'Si fuera fácil': El tragicómico colapso del sueño suburbial
Se apagan las luces de la sala y los pocos rezagados que pululaban por el teatro se apresuran -ahora sí- en tomar asiento. Uno carraspea; otro tose y en pocos segundos se ha instalado en la platea una sinfonía a base de fastidiosos sonidos guturales. La orquesta deja de tocar en el mismo momento en que se enciende un foco y permite ver en el escenario hay dispuestos un taburete elevado, un micrófono con soporte y una mesita en la que hay un vaso de agua. El fondo está coloreado, como manda el dogma, con el rojo de un muro de ladrillos. (Qué pereza). Suenan ahora una gráciles notas percutidas en lo que seguramente es una batería, y aparece en escena un graciosillo -se supone- que da un sorbo al mencionado vaso, mira a la audiencia que tiene enfrente y esboza una leve sonrisa. Primeros síntomas de aprobación entre el público.
El presunto humorista se acerca al micro, dice: ''La suegra...'' y calla. Primera carcajada entusiasta en el club. Aquí se ha venido a reír. Cueste lo que cueste y sin importar el material ofrecido. No importa si éste ha sido empleado infinitas veces antes. Es más, si la excusa para el monólogo de turno es el más sobado de los tópicos, todavía mejor. De modo que ''La suegra...'', ''Mi patética vida sexual...'', ''La diferencia entre hombres y mujeres es...'' o ''Le soy infiel a mi novia...'' son solo algunas de las mejores entradillas para ponerse el público en el bolsillo a las primeras de cambio. Con qué poco se ganan las batallas hoy en día. Ya que estamos, sería inmoral olvidarse de la impertérrita ''Acabo de cumplir la cuarentena...'' Con la crisis de los cuarenta topamos. Otra vez. Comentada por Judd Apatow. Otra vez. Lo compramos.
Lo hacemos porque, a pesar de que el tufillo a repetición sea uno de los rasgos más definitorios de la velada, también es cierto que no son pocos los humoristas que se han ganado muy dignamente la vida entonando siempre el mismo monólogo. Ejemplo: la última vez que un servidor tuvo el placer de ver al gran Pepe Rubianes, se rió a más no poder, a pesar de saberse de memoria el 90% de sus chistes. Moraleja: si el material es bueno y el humorista está entonado, adelante con las reposiciones que hagan falta. Volviendo al meollo, toca hablar, precisamente, de regresos. Vuelve Judd Apatow después del injusto batacazo de 'Hazme reír' (sobre la vida de un reputado y, en efecto, cuarentón humorista) y lo hace volviendo al leitmotiv que ha marcado buena parte de su carrera en el largometraje. Vuelve la crisis de los cuarenta... y en pie el público para aplaudir, vitorear el nombre del comediante y, faltaría más, estirar al máximo los músculos faciales con tal de lucir la más amplia y ''sincera'' de las sonrisas.
Asustan, y mucho, los primeros compases de 'Si fuera fácil' (otra incomprensible traducción marca de la casa del original 'This is 40') porque observa uno a Apatow y no hay manera de que se le quite de encima la tan incómoda sensación de estar asistiendo a los prolegómenos del más odioso de los stand-up show. Una feliz familia de la clase alta-media suburbial norteamericana celebra el cumpleaños de la madre, quien se encarga de cubrir de un absurdo halo de misterio todo lo concerniente a su edad. Por mucho que lo oculte o que mienta al respecto, lleva tatuado en la frente (de esto se encarga el propio Apatow) un número que ha pasado de ser una broma enlatada a uno de los mayores traumas experimentables en la actualidad. Planteada la problemática, empieza el espectáculo.
Y lo hace de manera imprecisa; titubeante. No del todo incoherente, pero sí indigna en uno de los autores que con toda justicia puede considerarse como uno de los reinventores -reanimadores, si se prefiere- de la comedia estadounidense. El club de la comedia al poder. Tras una breve presentación de los personajes, el humorista tira de gastadísimo repertorio y hace que sus peones escupan un seguido de reflexiones (la mayoría de las cuales tocando temas ciertamente banales pero siempre con las dosis de picante imprescindibles para alcanzar las metas cómicas exigibles) planteadas con gracia pero con poco sentido de conjunto. El show divierte, pero pasan los minutos y no se vislumbra con claridad ningún destino.
Afortunadamente esta sensación de deriva desaparece (como era de esperar, hay metraje de sobra para ello) cada vez más rápido. Al mismo tiempo, la maestría del autor sale a la superficie. El espectador impaciente -y con poca memoria- entona el mea culpa, porque, a poco que se repase el historial del director y guionista, salta a la vista que éste se toma el tiempo que haga falta para que reluzca su verdadero encanto. Esto es, que las armas tragicómicas muestren de forma poco evidente pero contundente toda su potencia de fuego para alcanzar objetivos que va más allá de las risas más olvidables. En el caso que ahora nos concierne, el reflejar de forma implacable el alegre pero a la vez triste (como casi todo en el cine de Apatow) estado actual de una realidad que quizás esté al borde del colapso.
Los temidos cuarenta llaman a la puerta, y con ellos la imposibilidad de negar una edad adulta que conlleva la aterradora carga de unas responsabilidades para las que parece que nadie nos preparó. No hay síndrome de Peter Pan que valga, lo mismo sucede con las juergas que no hacen más que reafirmar el carácter irreversible de una situación a la que es imposible mirar a la cara. Apatow estampa en el patio de butacas una cada vez más absorbente historia que, sin darnos cuenta, reflexiona lúcidamente no solo sobre el drama hacerse mayor, sino también sobre un mundo idílico que -ahí están los hechos- está tocando a su fin. El núcleo familiar más edulcoradamente clásico y los más ensoñadores anhelos se recubren del mainstream más placentero para convertirse en el desasosegante reflejo de las llamas que surgen de un mundo fantástico condenado a morir ahogado en su autoimpuesta y artificial opulencia. Para reírse -muy cínicamente- hasta caer de culo... o para llorar hasta dejar seco el organismo. Todo vale.
Autor: Víctor Esquirol Molinas (El Séptimo Arte)
'Las ventajas de ser un marginado', el amor que merecemos
Con ese título, resultaría de lo más irónico que ‘Las ventajas de ser un marginado’ (‘The Perks of Being a Wallflower’, Stephen Chbosky, 2012) hubiese destacado como un éxito de taquilla. Se estrenó en España el pasado 8 de febrero y de momento está pasando con más pena que gloria por nuestra cartelera. No se lo merece, y espero que más de uno se anime a darle una oportunidad tras leer este artículo.
Vaya por delante que el film no me apasiona. En primer lugar, creo yo, porque no soy su clase de espectador. No comparto la opinión de que cada película tiene su público y solo éste puede valorarla en su justa medida —ésa es la excusa de quien no tiene nada valioso que ofrecer y teme la crítica—, pero hay que admitir sin problema alguno que hay relatos que buscan conectar con cierto grupo y uno se puede quedar fuera. Sencillamente, el discurso no puede interesarnos a todos por igual, ni el impacto será el mismo, aunque siempre podemos valorar aspectos formales o el trabajo de los actores. Es decir, que si vas a ver ‘Las ventajas de ser un marginado’ deberías saber que los protagonistas son adolescentes (norteamericanos) que tratan de divertirse y superar sus TRASCENDENTALES conflictos, desde la perspectiva de un chico introvertido aspirante a escritor. Y ten en cuenta que Chbosky no es (ni de lejos) un François Truffaut o un Wes Anderson.
‘Las ventajas de ser un marginado’ es una adaptación de una novela del propio Chbosky, titulada igual que el film. La historia nos lleva de vuelta a 1991 y se centra en Charlie (Logan Lerman), un chaval muy inteligente, con talento y poco sociable, que prefiere observar la vida desde cierta distancia. Tiene sus motivos, algunos los explica él mismo desde el principio, otros los descubriremos más adelante y el más gordo se lo reserva Chbosky para el tramo final. Casi a lo Shyamalan. Es un giro peligroso que dependiendo del espectador puede ser un desastre o una decisión narrativa cuestionable, pero no arruina todo lo anterior. ‘Las ventajas de ser un marginado’ es un cuidado, amable y fresco retrato generacional con estupendas interpretaciones.
Charlie es el primer papel donde Lerman demuestra que tiene algo que aportar como actor. Creo que un chico menos popular habría encajado todavía mejor en el papel pero él está muy convincente, se le ve cómodo en esos zapatos y se comporta con mucha naturalidad. No obstante, quien roba la película es Ezra Miller, el perturbador adolescente psicópata de ‘Tenemos que hablar de Kevin’ (‘We Need To Talk About Kevin’, Lynne Ramsay, 2011). Con la facilidad de quien está sobrado de talento, aquí da vida a Patrick, un muchacho extrovertido y carismático que junto a su hermanastra Sam ayudan a Charlie a superar su timidez, hacer amigos y pasarlo realmente bien por primera vez. A descubrirse a sí mismo, aceptarse y participar en la vida. “Somos infinitos“, piensa Charlie, feliz, pletórico, mientras escucha su nueva canción favorita en compañía de sus mejores amigos. Y uno no puede evitar el recuerdo de sus propias experiencias… snif.
Patrick animará a Charlie a salir de su escondite pero es Sam, a quien encarna con naturalidad la encantadora Emma Watson —aún cuesta no verla como Hermione Granger pero no es culpa suya—, la que alterará en mayor medida al chico, enamorado total e irremediablemente. Pero ya he dicho que esto va de SUPERPROBLEMAZOS. La vida no es fácil, y en el cine esto significa incluir algunos obstáculos que complicarán el camino a la meta para el protagonista. Uno de los tramos más inspirados de ‘Las ventajas de ser un marginado’ está dedicado a los esfuerzos de Charlie por aceptar y superar la idea de ver a la chica que le ha robado el corazón en brazos de otro tío. Que por supuesto es un gilipollas. Ni a ella le gusta especialmente, pero, reflexionando, ambos llegan a la conclusión de que “aceptamos el amor que creemos merecer“. Otra cita que se queda grabada.
La relación de Charlie con su primera novia (Mae Whitman), el simpático profesor de inglés (Paul Rudd), el homenaje a ‘The Rocky Horror Picture Show’ (Jim Sharman, 1975), hay escenas muy divertidas que aligeran el tono dramático con el que Chbosky siempre coquetea, buscando el equilibrio adecuado en el retrato de estos tres jóvenes amigos confundidos en transición a la madurez. No faltan los convencionalismos del cine sobre adolescentes —la fauna del instituto—, la trama y la evolución de los personajes es previsible —excepto el brusco giro comentado—, repite ideas visuales algo gastadas —la del coche ya lo estaba cuando salió ‘Titanic’ (James Cameron,
Pero todo eso lo va sacando uno al pensar, repasar y discutir la película, los puretillas quisquillosos como un servidor, lo cierto es que el visionado resulta agradable y entretenido; los momentos humorísticos del guion de Chbosky, el placentero tono optimista, la selección musical y el acertado reparto logran que los 100 minutos que dura ‘Las ventajas de ser un marginado’ se pasen volando. Especialmente dirigida a espectadores que ronden la edad de los protagonistas o los que deseen un nostálgico regreso a las turbulencias de la adolescencia, es uno de los títulos más recomendables de la cartelera actual.
Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)
Más televisión para Ridley Scott con ‘The Terror’
Ridley Scott, a través de su productora Scott Free, se ha aliado con la cadena AMC (Breaking Bad, Mad Men, The Walking Dead) para adaptar The Terror, una de las últimas novelas de Dan Simmons, autor de clásicos de la ciencia ficción como la saga Hyperion e Ilion/Olympo.
El argumento de The Terror está inspirado en una expedición real realizada a mediados del siglo XIX por el capitán Sir John Franklin de la marina británica. Los dos navíos comandados por Franklin acabaron atrapados en el hielo cuando intentaban cruzar el Ártico y sus más de 100 tripulantes quedaron abandonados a su suerte en ese gélido páramo. A partir de ahí ocurre lo esperado: hipotermia, escasez de alimentos, luchas internas, canibalismo… pero Simmons aprovecha el misterio en torno a este suceso para darle una pequeña vuelta de tuerca e introducir un elemento sobrenatural con la presencia de un ser monstruoso que irá cazando a los marineros.
Del guión del episodio piloto se encargará David Kajganich, autor de Invasión, La masacre de Town Creek, el futuro remake de It y la esperada adaptación de Apocalipsis (The Stand) de Stephen King para Warner Bros.
Autor: Ángel Vidal (lashorasperdidas)
Vía: Deadline
miércoles, 20 de febrero de 2013
Jason Clarke protagonizará la nueva entrega de la saga 'El planeta de los simios'
Ya hay protagonista (humano) para la nueva entrega de la popular franquicia iniciada con el ‘El planeta de los simios’ (‘Planet of the Apes’, Franklin J Schaffner, 1968). Jason Clarke encabezará el reparto de la continuación de ‘El origen del planeta de los simios’ (‘Rise of the Planet of the Apes’, Rupert Wyatt, 2011), que como recordaréis va a dirigir Matt Reeves.
Al actor australiano lo habéis podido ver recientemente en ‘Sin ley’ (‘Lawless’, John Hillcoat, 2012) y ‘La noche más oscura’ (‘Zero Dark Thirty’, Kathryn Bigelow, 2012), donde curiosamente interpretaba a un agente de la CIA que cuidaba a unos monos —una imagen muy simbólica ya que era el encargado de interrogar y torturar a los prisioneros—. También ha intervenido en títulos como ‘Generación robada’ (‘Rabbit-Proof Fence’, Phillip Noyce, 2002), ‘Death Race’ (Paul W.S. Anderson, 2008) y ‘Enemigos públicos’ (‘Public Enemies’, Michael Mann, 2009). La película de Reeves será su primera gran oportunidad en el cine tras un año estupendo donde ha demostrado su talento con papeles secundarios. Por cierto, creo que merecía la nominación al Oscar por su trabajo en el film de Bigelow, en lugar de Robert de Niro, que no hace nada especial en ‘El lado bueno de las cosas’ (‘Silver Linings Playbook’, David O. Russell, 2012).
El fichaje de Clarke parece descartar de momento que vaya a volver James Franco, aunque podrían contar con él para alguna escena o un cameo. Sí está confirmado que regresará Andy Serkis para encarnar nuevamente al simio César. La historia de esta nueva entrega, que se titula ‘Dawn of the Planet of the Apes’ (“el amanecer del planeta de los simios”), tiene lugar quince años después de los acontecimientos de la anterior y se centra en un grupo de humanos que tratan de sobrevivir al dominio de la nueva especie liderada por César. Mark Bomback firma la versión definitiva del guion y el rodaje debería comenzar esta próxima primavera. Twentieth Century Fox espera estrenar el film el 23 de mayo de 2014.
Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)
Vía: The Hollywood Reporter
Crítica de "La jungla: Un buen día para morir"
La Jungla 5 (título oficioso) juega bien sus dos principales bazas: Bruce Willis y la apuesta por el “más difícil todavía”. Willis vuelve a interpretar a John McClane, el personaje al que todo debe, de nuevo desde esa perspectiva en la que se está especializando últimamente: héroe de acción veterano. Lo hemos visto en Los Mercenarios 2 y lo veremos otra vez en la nueva película de G. I. Joe. Y si en los 80 y los 90 Willis era el mejor ejemplo del working class hero, el tipo que es golpeado y vapuleado durante todo el metraje –igual que Harrison Ford en la piel de Indiana Jones–, aquí demuestra que ha envejecido estupendamente. Casi milagrosamente.
Esta vez McClane corre, salta, dispara, conduce y, aquí llega el más difícil todavía, vuela. Mientras que Indy consagró el paradigma del veterano héroe con artrosis, McClane se descarta con un sonoro “There is no school like the old school”. McClane es al cine de acción lo que los Rolling Stones al rock and roll.
En La Última Cruzada un soberbio Sean Connery le daba magistralmente el relevo a Ford, de James Bond a Indiana Jones… para que años más tarde Shia LaBeouf lo perdiera haciendo el mono por la selva peruana. En esta ocasión McClane lo deja muy claro al reencontrase con su hijo: “No somos una familia de muchos abrazos”. Aquí el macguffin de McClane es ir a buscar a su hijo a Moscú para luego hacer lo suyo.
El relevo generacional está ahí, pero el protagonismo sigue siendo para el veterano. Ni la disfuncional relación paterno-filial, ni la redención de McClane como padre deficiente, ni en general la trama, tienen mayor importancia a la hora de encadenar una de las persecuciones de coches más espectaculares de los últimos años con un tiroteo tras otro. En Pulp Fiction le decían a Willis que “no existe el gran día para los boxeadores veteranos”. Y McClane seguramente ha visto pasar ya su gran momento. Pero como Jagger, Richards y cía –por algo suenan al final de la peli–, es ajeno al paso del tiempo, continúa ofreciendo el mayor espectáculo del mundo. Quien tuvo, retuvo, y esta nueva Jungla se disfruta con una sonrisa de inmaduro treinteañero durante todo el metraje.
Autor: Chema Mansilla (Cinemanía)
Crítica de "Gangster Squad (Brigada de élite)"
Como esos coches con carrocería de clásico pero motor de deportivo, lo primero que llama la atención de Gangster Squad es su impecable y glamurosa apariencia; sin embargo, lo que sacude es la velocidad frenética con la que se conduce. Jimmy Cagney o Bogart habrían tenido serios problemas para disimular el mareo si les hubiera tocado subirse al ralentí a esta historia. Y es que Ruben Fleischer pone las cartas encima de la mesa desde el primer minuto. No pierde demasiado tiempo presentando a los personajes, porque dice más y mejor de ellos lo que visten, lo que beben o la manera de coger sus armas que cualquier retrato psicológico. El bueno (Josh Brolin), el guapo (Ryan Gosling) y el malo (Sean Penn), y vamos al temita que tenemos por delante una pila de tiroteos y peleas a puñetazo limpio que hay que ir sacando adelante.
Sin pausa, pero con mucha listeza de vivo, Fleischer se agarra a dos manos a la fórmula para entregar una película que revive la batalla entre polis y gangsters como nos la contó Hollywood… O como quiere convencernos de que nos lo contó, porque su referencia no es ni Howard Hawks ni Raoul Walsh. El director en el que se mira es el Brian De Palma de Los intocables, que proporcionó todas esas influencias magníficamente filtradas. Legítimamente, ojo, ése es el cine negro de alguien nacido en 1974. Así también se entiende que el lenguaje para llegar al público de 2013 esté más cerca del de Sin City que del de Los violentos años 20. Cuanto antes se entienda eso, cuanto antes deje uno de buscarle el pedigrí a este homenaje al género, más fácil es disfrutar de una película que es ante todo una tremenda sobrada, un fiestón de disfraces para actores estupendos en unos escenarios icónicos. ¿Quién en su sano juicio rechazaría una invitación a un evento así?
Aunque, según las crónicas de la época, sea mucho más verídica de lo que puede parecer, Gangster Squad triunfa cuando apuesta por el exceso y el topicazo. Incluso los momentos de intimidad familiar del personaje de Brolin con su mujer –espléndida y sutil Mireille Enos– son gozoso puro cliché, con un giro sorprendente que parece un guiño: ¡la esposa es la que hace el cásting del grupo de superpolis!
Y entre tanto modesto acierto, sólo un borrón, pero qué borrón, madre mía. Sean Penn, que parece salido de una de las bandas de mafiosos de Dick Tracy –¿será, de nuevo, por ese maquillaje tan chanante?–, patina en su caracterización del gangster Mickey Cohen, hasta el punto de entregar más una caricatura que un villano temible. Quería hacer un Capone como el de De Niro, pero acaba recordando al Jake LaMotta sonado, gordo y ridículo del final de Toro salvaje. Lástima, es el único actor que no parece divertirse en Gangster Squad, probablemente porque no entendía que era eso de lo que se trataba. Será que a Fleischer le faltan aún unas cuantas películas en su filmografía para atreverse a corregir a una estrella. El tuneo de género, sin embargo, demuestra que lo tiene ya controladísimo.
Autor: Manuel Piñón (Cinemanía)
Taquilla española
Cómo estará la cosa en la saga Jungla de Cristal para que ni en España, donde nos comemos más de un truñete de vez en cuando, no pase del segundo lugar y permita a Mamá, una película correcta pero nada del otro mundo, seguir líder por segunda semana consecutiva. En la página ni siquiera le dais el aprobado (4,8 de media) y eso denota claramente que hay un considerable cabreo por hundir a uno de nuestros héroes favoritos del cine de acción.
Cuarto lugar para La Trama, thriller protagonizado por Mark Walhberg y Russell Crowe sobre corruptelas políticas. Algo muy apropiado en los tiempos que corren.
Y sexto lugar para Un Plan Perfecto, la comedia protagonizada por Colin Firth y Cameron Díaz con guión de los hermanos Coen. Una cinta sobre un conservador de arte que planea un engaño perfecto ganándose una pasta con un falso cuadro de Monet.
Autor: Javier Ruiz de Arcuate (lashorasperdidas)
Fuente: BoxOffice.es y @RentrakSpain
martes, 19 de febrero de 2013
Mila Kunis se deja querer por las 'Cincuenta sombras de Grey'
La actriz Mila Kunis es una de las candidatas que vienen sonando fuerte para el papel de Anastasia Steele en la película que Focus Features prepara de 'Fifty Shades of Grey', primera entrega de una trilogía literaria escrita por E.L. James que en España se ha publicado con el título de 'Cincuenta sombras de Grey' y que continúa con 'Cincuenta sombras más oscuras' y 'Cincuenta sombras liberadas'. Kunis no vaciló cuando fue preguntada desde el medio "extra" sobre esta posibilidad, dando a entender que para nada le importaría dar vida al personaje (tienen el vídeo entrevista tras el salto).
Esta obra narra la romántica, sensual, erótica y totalmente adictiva historia de la apasionada relación entre una estudiante universitaria y un joven multimillonario. Cuando la estudiante de Literatura Anastasia Steele recibe el encargo de entrevistar al exitoso y joven empresario Christian Grey, queda impresionada al encontrarse ante un hombre atractivo, seductor y también muy intimidante. La inexperta e inocente Ana intenta olvidarle, pero pronto comprende cuánto le desea. Cuando la pareja por fin inicia una apasionada relación, Ana se sorprende por las peculiares prácticas eróticas de Grey, al tiempo que descubre los límites de sus propios y más oscuros deseos...
En breve veremos a la actriz en la película 'Oz. Un mundo de fantasía', precuela del clásico film de 1939 dirigida por Sam Raimi que llegará a los cines el próximo 8 de marzo.
Autor: jescri (El Séptimo Arte)
Crítica de 'Mamá'
El género de terror debe reinvertarse. Fantasmas, apariciones, muertos vivientes, voces del más allá, asesinos en serie, profecías o asesinatos sin explicación son algunos de los muchos tópicos que nos bombardean la cartelera en la actualidad. En cada nueva película que ve la luz se guarda la esperanza de que pueda aportar algo nuevo, pero en contadas ocasiones esto finalmente se cumple. Aunque la taquilla refleje lo contrario, la fórmula de dar sustos a diestro y siniestro está empezando a agotar sus recursos y a cansar al espectador mínimamente exigente. Una idea española apadrinada por Guillermo del Toro hecha película de terror con caras famosas y, a priori, novedosa que alcanza la primera posición en la taquilla de USA. ¿Qué mas se puede pedir? Pensarán algunos. Otros en cambio, pedimos mucho más…
En 2008 Andrés y Barbara Muschietti presentaban un cortometraje de terror, donde, en tan sólo 3 minutos era capaz de crear y mantener la atención. Sus armas eran pocas, pero efectivas, y su dirección dejaba ver una promesa de futuro. Que la idea era buena no había duda, pero que su escasa duración dejaba con ganas de más, tampoco. Por desgracia, su salto a la gran pantalla produce la sensación contraria. Y es que la duración parece venirle grande a la historia original, llevándola a alargarse hasta volverse repetitiva y aburrida. Esto es problema del guión, cuya parte intermedia deja un completo vacío en lo que debería de ser el nudo y convierte la mitad de la película en una sucesión de escenas en las que la trama se estanca recurriendo al truco de mantener la atención y hacer saltar al espectador mediante algún que otro susto, que a pesar de la injustificación argumental de los mismos, amenizan con un poco de diversión el vacío de acción, aunque no es suficiente como para lograr que olvidemos la torpeza de su libreto.
Dos niñas son encontradas en el bosque tras haber pasado varios años desaparecidas desde que su madre fuera asesinada. Su tío decide acogerlas en su casa junto a su mujer para cuidar de ellas, las cuales aún se muestran “salvajes” tras su estancia en solitario. Nadie se explica cómo pudieron sobrevivir tantos años solas, aunque la pregunta tiene su respuesta en un “fantasma” al que llaman Mamá y que aún sigue detrás de ellas. De esta forma se presenta lo que podría haber sido una buena historia, con una buena ambientación, pero que por el contrario se ve demasiado afectada por lo estándares Hollywoodienses (es lo que tiene proyectar una cinta así internacionalmente) convirtiéndose en “una más” de tantas, que ni da miedo a los que busquen asustarse, ni entretiene a los que busquen divertirse. El excesivo número de clichés y tópicos del genero acaban incluso resultando molestos, y por momentos, algunas escenas rozan el patetismo, el cual coge su forma final en el malogrado desenlace. A pesar de todo esto, la factura técnica de la cinta es altamente destacable, desde la fotografía hasta la banda sonora, pero sobretodo, donde todas las miradas acaban centrándose; Jessica Chastain, tan espléndida (en todos los sentidos) como siempre, que convierte toda oportunidad de verla en pantalla en algo muy a tener en cuenta.
Una película torpe, larga, aburrida y mal resuelta, que ni presenta nada nuevo, ni consigue causar la más mínima impresión al espectador. Siempre produce tristeza ver cómo proyectos que podían haber dado grandes frutos acaban cayendo en la mediocridad, pero en este caso, no es la primera vez que Guillermo del Toro desaprovecha una oportunidad así. Esperemos que a partir de ahora lo tenga más en cuenta a la hora de colocarse detrás de un proyecto, porque últimamente no levanta cabeza…
Autor: Diego Sánchez Izquierdo (El Séptimo Arte)
Crítica de "La trama"
Mark Wahlberg es más que convincente como héroe de acción, divertidísimo cuando hace comedias, capaz de medirse a los mejores colegas de profesión y tiene un excelente ojo para elegir papeles y proyectos como productor… Perdón, corrijan esto último. Principal impulsor de La trama, no ha andado fino apostando por esta historia policiaca con grandes nombres –Russell Crowe y Catherine Zeta-Jones le acompañan en el cartel, pero se borran en la película– que supone un paso en falso en toda regla.
Su actualización del ex policía metido a detective privado especializado en infidelidades es un excelente punto de partida. También ese alcoholismo latente del personaje, su relación con una actriz de cine independiente –hilarante la proyección en la noche de estreno: ¿en quién estaría pensando Wahlberg cuando retrata a los cineastas como tíos que hacen películas para beneficiarse a las novias de otros?– e incluso la superficial mirada a la corrupción municipal. Todo eso está bien, podría colar sin mayor problema. Pero entonces, con la delicadeza del que desenrolla una alfombra sobre un suelo plagado de objetos frágiles, afilados o resbaladizos, se presenta un conflicto subyacente mil veces visto pero pocas tan torpemente contado.
Guión de saldo plagado de soluciones argumentales bochornosas, sale más a cuenta no profundizar demasiado en una trama que en esta película sólo es una palabra que sale en el título.
VEREDICTO: Cine negro desteñido con reparto desaprovechado.
Autor: Manuel Piñón (Cinemanía)
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