Hay una cierta confusión con los títulos de esta película. El
americano, 'Stuck in Love' ('Atrapado en el amor'), responde bastante
bien a lo que sucede; el título que aparece en la pantalla, 'Writers'
('Escritores'), explica quién son los protagonistas; el título
castellano, 'Un invierno en la playa', en cambio, no cuenta nada. Y
además no es cierto: la acción de esta comedia indie 100 por cien sucede
en un año en la playa, no en un invierno. Dejando de lado estos
matices, esta agradable comedia del debutante Josh Boone prueba la capacidad que tienen los americanos para hacer cine de la literatura.
El
amor es el motor que mueve a los tres escritores de esta familia:
William, el padre, un novelista de prestigio, sigue enamorado de su
mujer, casada desde hace dos años con otro hombre. Su hija Samantha odia
el amor y, mientras tanto, escribe novelas de sexo y de éxito. Rusty,
el hijo, descubre al mismo tiempo el amor, la decepción y la escritura.
Entre una cena de Acción de Gracias y la siguiente, estos personajes
vivirán una transformación que les llevará a un fnal no por previsible
menos conseguido. No hay nada como un poco de trasgresión para volver a apreciar los valores de la familia.
Autor: Nuria Vidal (Fotogramas)
martes, 25 de junio de 2013
Crítica de «Mi encuentro con Marilou»
Mirada muy francesa, de Jean Becker, a ese asunto del viejo artista en depresión postrera y el fortuito y bendito encuentro con la modelo, una chiquilla que recompondrá los trozos del hombre acabado.
Puesto que no hay voluntad carnosa en lo que cuenta Becker (modelo en traje de baño), lo peculiar de este encuentro entre el maduro Taillandier y la rebelde Marilou es la precisión con la que el actor Patrick Chesnais, en posesión de un rostro magnífico para aglutinar el sufrimiento y la guasa, expresa los síntomas trágicos y a este lado de la pantalla cómicos de una profunda depresión.
Becker lo exprime en un airado arranque, lo mejor de la película, en el que le demuestra al espectador lo justificado de su hartazgo, de su «ni un minuto más» a su vida artística, familiar y agotada. Buena parte de lo que ocurre luego es fácil de prever, pero también fácil de ver, y lo único que rechina es la interpretación precisamente de la joven Marilou (Jeanne Lambert), que canta como la Castafiore junto a un actor de granito como Chesnais.
Autor: E. Rodríguez Marchante (Diario ABC)
Mark Strong, ¿el Lex Luthor de 'Man of Steel 2'?
Apenas unos diez días ha necesitado 'El hombre de acero' para superar los registros en taquilla de 'Superman Returns' en 2006: más de 200 millones de dólares en Estados Unidos para un total mundial de más de 400. Y subiendo. Y como era de prever, habida cuenta de este notable resultado comercial, Warner Bros. no ha tardado en dar vía libre a una secuela por demás en desarrollo desde hacia meses. Porque ya se sabe...
Una de las ausencias más destacables de la cinta recién estrenada es la del archienemigo de Superman, Lex Luthor, personaje que se da por sentado hará acto de presencia en esta continuación que recordemos, en principio, contará de nuevo con un guión de David S. Goyer y con la dirección de Zack Snyder, quedando pendiente de saber si Christopher Nolan repetirá o no como productor.
Los primeras noticias tampoco se han hecho esperar -ni a buen seguro nos darán descanso- y desde Cosmic Book News afirman que, según fuentes de DC Entertainment, tanto el director Zack Snyder como la Warner Bros. quieren específicamente a Mark Strong, curtido en la piel de villanos como los de 'Sherlock Holmes' o 'Kick-Ass', para que asuma dicho papel. ¿Se lo compramos?
Esta previsto que por su parte Henry Cavill, Amy Adams, Diane Lane y Laurence Fishburne repitan en sus respectivos papeles de cara a esta producción que, se pretende, esté lista para estrenarse durante el verano de 2015.
Autor: wanchope (El Séptimo Arte)
Vía: Cosmic Book News
Will Smith no salvará la Tierra de los alienígenas
En una entrevista al New York Daily News, y tras ser preguntado sobre la implicación de Will Smith en Independence Day 2, Roland Emmerich respondió la siguiente bomba: “Will Smith no puede volver porque es muy caro, pero es que también sería demasiado por ser un nombre franquicia. Sería excesivo“.
Vamos, que pese a que Independence Day 2 es, como no podía ser menos, un título extremadamente ambicioso de cara a la taquilla y aunque supusiera el auténtico salto de Will Smith al estrellato cinematográfico, su alto salario (que ronda los 20 millones de dólares), sumado al altísimo porcentaje que suele llevarse de los beneficios de la película (cerca de un 20%), hacen en la coyuntura económica actual, donde rentabilizar un blockbuster cuesta cada vez más, que la contratación de alguien como Smith suponga algo a evaluar con la debida prudencia.
En principio el proyecto se había ideado en torno a la figura de Smith y Emmerich contaba con él, pero imagino que esos altos costes, el ver que la presencia de Smith tampoco garantiza el éxito (lo de After Earth ha sido un batacazo en toda regla) y el hecho de que el propio título ya será un reclamo potente en si mismo, han hecho a los productores y el estudio pensárselo dos veces antes de fichar a Smith, que está visto que tampoco iba a bajar su caché en una superproducción como ésta.
También es cierto que hay especulaciones (insisto, ESPECULACIONES) en torno a que Smith, en su paquete de exigencias, podría ya incluir de serie la de “y le das al chaval un papelito, así, que esté bien”. Y claro, eso ya puede que toque los huevos a más de uno, primero porque ya es exigir demasiado, y segundo, porque Jaden Smith quizás no sea el ídolo de masas o la gran estrella en ciernes que su padre pretende. Yo no digo que el chaval, con el tiempo, no pueda tener su carrera, pero es que eso se lo tiene que ganar uno, no te lo tiene que comprar tu padre a base de influencias y exigencias varias. Por no decir que Jaden Smith no ha demostrado una leche como actor y tiene un tufo a niño repelente que echa para atrás (aunque siendo su padre “Mr. Guay” quizás sea sólo que es un adolescente, y eso lo cura la edad).
Pero volvamos a la peli. Emmerich asegura que “tenemos aproximadamente la mitad de personajes que probablemente conozcáis de la primera entrega, y la otra mitad, que son nuevos“. Es decir, que la caída de Smith del proyecto, cuyo estreno está ya fijado para el 3 de Julio de 2015, no significa que nos veamos desamparados a la hora de recuperar a otros personajes relevantes de la anterior pelicula. Confío en que uno de ellos sea el interpretado por Jeff Goldblum, que siempre da gusto verle en una peli.
El proyecto es, también, más ambicioso de lo que parece, porque si todo va bien, esta película sería la primera de dos, en una estrategia que en palabras de Emmerich suena un poco extraña: “No estamos haciendo un reboot, vamos a hacer algo que es totalmente inusual“. Ya veremos qué quiere decir eso.
Autor: Javier Ruiz de Arcuate (lashorasperdidas)
Vía: New York Daily News
Crítica de "Trance"
En su ensayo Los sujetos trágicos, Ricardo Piglia indagaba en las influencias recíprocas entre literatura y psicoanálisis para llegar a la conclusión de que la tragedia y la novela policíaca podrían ser las formas más cercanas a la metodología freudiana: “En la tragedia un sujeto recibe un mensaje que le está dirigido, lo interpreta mal, y la tragedia es el recorrido de esa interpretación. En el policial, el que interpreta ha podido desligarse y habla de una historia que no es la de él, se ocupa de un crimen y de una verdad de la que está aparte pero en la que está extrañamente implicado. Me parece que el psicoanálisis tiene algún parentesco con estas formas”. En el ámbito cinematográfico, ha sido el policíaco el género más dispuesto a interiorizar —y, también, a banalizar y en buena medida pervertir— la mecánica psicoanalítica, desde los clásicos de los 40 como Secreto tras la puerta (1947), de Lang, o Recuerda (1945), de Hitchcock, hasta la creación de todo un subgénero —el giallo— que fundamentaba su estructura narrativa en la ocultación y emergencia de una imagen traumática. Con Trance, versión del telefilme homónimo dirigido por Joe Ahearne en el año 2001, Danny Boyle intenta fundir al sujeto trágico y al detective —el desencriptador y el enigma son aquí la misma cosa— sobre el contexto de un neonoir contemporáneo que ha preferido escoger como tema rector las identidades escindidas frente a los daños colaterales de la crisis económica.
Reunido de nuevo con John Hodges, guionista de sus primeros y mejores trabajos —los que permitían pensar en Boyle en la gran esperanza blanca (que no ha sido) del nuevo cine británico—, el director confiesa que Trance le ha servido para exorcizar toda la fuerza oscura que reprimió durante la preparación de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos. Trance es, así, una ficción doblemente terapéutica, aunque, me temo, mucho menos transgresora de lo que el cineasta presupone: más allá de ese plano donde Vincent Cassel parece un dibujo de Shintaro Kago o del depilado púbico con inesperada función narrativa, la película es un efectista desmontaje hipnótico del codificado género del robo (o atraco) perfecto. La pintura de Goya es solo el macguffin en un juego de ingeniosos trampantojos —tanto de posproducción como de puesta en escena— que puede seducir mientras avanza, imparable, hacia su desenlace, pero que no resiste ni dos minutos de reflexión.
Autor: Jordi Costa (Diario El País)
Crítica de "Monstruos University"
Corre por algunas universidades estadounidenses una historia que pasó de la anécdota al rango de casi leyenda en parte porque sus conclusiones pueden aplicarse a prácticamente cualquier escenario que reúna elementos mínimamente parecidos a los que van a citarse a continuación. Resulta que a muchos pedagogos de la principal súper-potencia mundial les gusta la idea de dividir a sus pupilos en dos categorías, y no escatiman esfuerzos a la hora de aplicarla. En la clase A ponen aquellos cuyo expediente académico deslumbraría incluso a los que hicieran uso de las gafas de sol más potentes (en estos terrenos, casi siempre se reduce todo a esto). Los alumnos A viven en una dimensión ajena al mundo real. Más allá de las evaluaciones, se sienten completamente perdidos. Al terminar un examen van corriendo a la biblioteca o a su zona de estudio favorita para enfrascarse en el estudio y preparación de la siguiente prueba. El objetivo, siempre en mente: conseguir que las notas a fin de mes / trimestre / curso le confirmen como el mejor del curso.
Mientras, en la categoría B encontramos a los rezagados. Aquellos que teóricamente entorpecen el buen avance del conjunto (pero sobre todo, el de los superdotados). Son los que difícilmente atienden mientras el tutor habla y, por consiguiente, los que sudan la gota gorda a la hora de salvar cualquier asignatura. Son, no obstante, los que, trampeando, esforzándose a última hora o simplemente iluminándose contra todo pronóstico, logran salvar el naufragio. En definitiva, forman parte todos ellos del clan de los espabilados; de los supervivientes natos. Una vez hecha la distribución, los profesores juegan a superar a Dios y ''los juntan'' ellos mismos. Resulta que antes de una excursión programada al norte de Montana, a un ilustre catedrático se le ocurrió la genialidad de que, para estudiar la naturaleza de tan bellos parajes, cogería a su centenar de alumnos y les obligaría a formar parejas, con la única condición de que éstas estuvieran integradas por un alumno A y un alumno B.
Una de las cincuenta parejas se encontraba ya haciendo el estudio de campo que se le había encomendado. A decir verdad, solo el estudiante brillante parecía estar por la labor. Todo arbusto, animalito y arroyo que se cruzaba en su camino quedaba pertinentemente inmortalizado en su blog de notas. Mientras, el lastre de su compañero se entretenía deambulando por los bosques fronterizos sin mayor motivación -aparente- que la de matar el rato hasta que llegara la hora de volver a casa. De repente un rugido heló la sangre de los chavales que hasta entonces apenas se habían dirigido cuatro veces la palabra. Después de mirarse el uno al otro con cara de terror, otearon el horizonte y a unos quinientos metros vieron un inmenso oso grizzli acercarse a toda velocidad. Zarpas afiladas, dientes inquietos y litros de baba con la velocidad de crucero puesta. No parecía que hubiera escapatoria. Los cálculos del alumno A (que tuvieron en cuenta el viento, la fuerza de la fricción y la energía cinética de todos los cuerpos involucrados en la ecuación) así lo corroboraron. La sentencia de muerte era irrevocable. No obstante, el memo del alumno B estaba asegurando el nudo de sus deportivas para empezar una carrera que supuestamente le salvaría la vida. El espectáculo era tan lamentable que el alumno A no pudo evitar, muy a su pesar, dirigirse a su compañero: ''Ahorra esfuerzos, idiota, no hay manera humana de que puedas correr más que un oso grizzli a campo abierto. He hecho los cálculos yo mismo.'' Sin embargo el muy imbécil siguió a lo suyo. Agachado, atando con fuerza los cordones. Cuando terminó tan absurda tarea se levantó, miró al cerebrito y, antes de irse, le respondió: ''No tengo que correr más que el oso... solo tengo que correr más que tú.''
No hay que ser el más listo de la clase para averiguar quién se convirtió aquel día en el almuerzo del hambriento animal. El favorito del profe, cuando tuvo que enfrentarse al mundo real, no lo contó. Tampoco se tiene que ser un superdotado para poder analizar correctamente el panorama general al final del cuento y así poder extraer la maldita lección. Sí, el que consiguió llegar al autocar siguió sufriendo -y de qué manera- para aprobar los exámenes (por si fuera poco, el dinero que tuvo que gastarse en psicólogos secó casi por completo la beca de deportes que había logrado conquistar en el instituto)... pero consiguió escapar de los jugos intestinales, y no fue ésta una cima para tener en baja consideración, ni mucho menos. Hasta aquí llegamos todos, pero nos falta mala baba. Lo que suele olvidarse a la hora de analizar el famoso festín es que, por mucha velocidad de reacción que tuviera el ''listillo'' (y realmente demostró tenerla), sus reflejos no hubieran servido de nada sin la inestimable -e involuntaria- colaboración de su engreído -y engullido- colega.
Ahora sí. Moraleja: A casa no se vuelve sin la participación activa de todos los miembros del equipo... por muy mal que éstos se lleven en un principio (y por muy mal que pueda terminar uno de ellos). La receta del éxito no está compuesta por un solo ingrediente, sino que se basa en la -sabia- conjunción de activos. Se trata de saber alcanzar la meta teniendo siempre en mente varios caminos o planes, porque en esta vida, pregunten a Murphy, todo puede torcerse. Hará ya casi veinte años (qué rápido pasa el tiempo), un alumno novato encandiló a medio mundo con su carta de presentación / motivación y revolucionó para siempre el mundo de la animación. John Lasseter, junto con otros nombres que más tarde asociaríamos como parte fundamental del núcleo duro de su equipo (ahí estaban desde el principio lumbreras del calibre de Pete Docter o Andrew Stanton... incluso nombres ahora supuestamente alejados de la órbita de este dream team como el preciadísimo Joss Whedon), presentó en sociedad 'Toy Story', brillante película en la que ya se dio a entender por dónde irían los tiros en la casa Pixar.
De nuevo, porque nunca está de más: se puede llegar a triunfar empleando más de una vía. Mejor dicho, cuantas más rutas alternativas se encuentren, mejor. Por ejemplo, en la ciudad de los monstruos, nadie asustaba mejor que ellos... pero cuando la crisis energética llamó a la puerta, fueron los primeros en darse cuenta de que con la risa podía llegarse mucho más lejos. A esto se dedicaba el dichoso flexo saltarín. A aplicar a rajatabla el manual que tan bien había memorizado, y cuando llegara el momento, a desviarse conveniente y premeditadamente para desmarcarse, como harían los grandes maestros y así sentar cátedra. Lo mejor del alumno A, combinado con las cualidades más potentes del alumno B, todo agitado y mezclado con la intención de concebir productos modélicos pero a la vez únicos y, desde luego memorables. El pulimento y consolidación de la fórmula nos llevaron a convertirnos en privilegiados testigos de un prodigioso e histórico lustro en el que se encadenaron obras maestras (no dentro de las cada vez más artificiales barreras de la animación, sino dentro del cine, en general) con una facilidad que asustaba...
... hasta que el aprendiz, convertido en -peligrosamente- incuestionable jefe, al ver que había puesto tantos años luz de distancia entre él y la competencia, se relajó. Esto o quizás dejó que el alumno A que llevaba dentro tomara las riendas él solito. Tal vez sin darse cuenta se concedió el lujo de bajar la guardia y empeñarlo todo en una pirotecnia visual que no ocultaba que los suministros de magia se habían quedado en stand by, esperando -confiábamos- un momento de mayor necesidad... que parece haber llegado ya. Desembarca 'Monstruos University' a nuestras salas y se intuye, desde el despacho de Lasseter, cierto apuro y voluntad de reivindicarse y de decir bien alto y claro a los rivales que la Pixar sigue ahí.
La apuesta apriorística, teniendo en mente los antecedentes (los éxitos y los tropiezos), parece la adecuada. Una vez más, se combina la fe en los valores seguros con el gusto por el riesgo. Lo de que ésta sea la primera precuela de la productora es en realidad una especie de mentira piadosa. Verdad a medias, si se prefiere, pues a fin de cuentas poco importa el sentido en el que se hayan movido las agujas del reloj, pues nada hace olvidar que ésta es la segunda ocasión que nos convertimos en compañeros de habitación de Mike y ''Sulley''. No tiene por qué ser algo malo (menos a sabiendas del camino hacia la perfección que aquí emprenden las secuelas), pero el factor novedad, es una obviedad, se ha perdido. Por otra parte, el supuesto salto mortal sin red de seguridad consiste en situar la acción en un entorno teóricamente vetado a los intereses y sensibilidad de la madre Disney.
Las puertas del campus se abren ante nuestros ojos... con todas las promesas -o amenazas- de juerga dura. ¿Sexo, alcohol, drogas y rock and roll? Va a ser que no, para los amantes de las curiosidades reveladoras, 'Monstruos University' es la segunda película en la historia que, a pesar de que su acción prácticamente no salga de los muros universitarios, consigue la calificación más benévola para su exhibición (la primera, por cierto, también estuvo apadrinada por el ratón Mickey). Bajo la supervisión de Wazowski y Sullivan (dos personajes que, siguiendo al pie de la letra el abecé Pixar, parece como si fueran parte de la familia), nadie corre peligro. Los pecados de la post-adolescencia en esta ocasión se quedan en el acné, los tupés y los aparatos dentales, además de en alguna que otra referencia al bullying, reducidas todas ellas a las simpáticas guerras entre machos alfa y ''pringaos''.
El campo de batalla para que estos dos eternos estratos sociales (además de otras -inofensivas- tribus urbanas) diriman sus diferencias es una montaña rusa fruto de la unión entre las aventuras para toda la familia de 'Harry Potter y el Cáliz de Fuego' y el sadismo entrañable del Takeshi Kitano televisivo y su mítico ''Humor amarillo''. Divertida (pero no perdurable en la memoria) carrera de obstáculos en la que los alumnos A y los alumnos B se pican y -sin saberlo ellos- se cambian los papeles para que el debutante en el largo Dan Scanlon firme otro tratado marca de la casa sobre la amistad, que como bien sabemos, es ese tesoro que se construye a base de puntazos desinteresados y de puñaladas traperas. Drama y comedia se combinan de forma convincente pero no contundente. Desfilan ordenadamente pero a trompicones. Salta a la vista que la mezcla se ha llevado a cabo con mucho conocimiento... pero con demasiado poco espacio para la intuición. La magia antes comentada se deja ver, sin embargo, no aparece la chispa final para que todo prenda.
Sí que luce un mimo técnico (superado no obstante por el impresionante foto-realismo del cortometraje de apertura 'The Blue Umbrella', de Saschka Unseld, estimable carta de amor al cine de Wong Kar-Wai) que hace brillar como nunca antes los tonos pastel. Esta colorista y por otra parte muy esperable excelencia visual es usada al mismo tiempo para reírse con inteligencia (pero no con todo el gamberrismo deseable) del encorsetamiento académico, así como del deber de responder ante el (auto)impuesto prestigio de los apellidos. También hay risas dedicadas a las demás hermandades, sobre todo en lo referente a sus tics referencialistas (detectar en 'Monstruos University' los guiños cinéfilos sí que es una asignatura dura, muestra inequívoca de que en chez Lasseter el séptimo arte sigue queriéndose con locura... amor que a estas alturas no tiene por qué avalarse con obviedades).
Donde no se oyen carcajadas es en el patio de butacas, lo cual es, poca broma, un síntoma más que esperanzador. La evaluación final del producto corresponde, como no, tanto a los mocosos como a los santos papis. Ya se ha dicho: durante la proyección, muestras de alegría más bien pocas... y un niño no para de llorar. ¿Pintan bastos? No, porque cuando vuelven a encenderse las luces descubrimos que esta Pixar a medio gas pero afortunadamente reconocible ha vuelto a llevarnos por dónde ella quería: la nostalgia se ha apoderado de la ciudad de los monstruos... y ahora, para cargar las pilas, no toca reír, sino dar miedo. Los peques ya no quieren ser médicos o bomberos... intuyen que su vocación es la de asustador, de modo que practican sus rugidos y sus gruñidos más temibles. Los mayores, encantados con el espectáculo... y seguramente preguntándose a cuánto ascenderá la matrícula en la ''MU''.
Autor: Víctor Esquirol Molinas (El Séptimo Arte)
'El hombre de acero', un Superman diferente
Superman vuelve a la gran pantalla siete años después de que Bryan Singer fracasara con su respetuosa y reivindicable versión del primer superhéroe, una creación de Jerry Siegel y Joe Shuster que este mes celebra su 75º aniversario. A ‘Superman Returns’ se la acusó, entre otras cosas, de no ofrecer suficiente acción, de desaprovechar las posibilidades que ofrecen los superpoderes del popular personaje. Por lo visto, los responsables creativos de ‘El hombre de acero’ (‘Man of Steel’, 2013) tomaron buena nota y se han esforzado por evitar que dicha crítica volviera a plantearse.
Con la vista puesta no solo en el renacimiento de una franquicia sino en la puesta en marcha de ‘La Liga de la Justicia’ —‘Los Vengadores’ del sello DC—, se confió en un realizador de probada competencia en adaptaciones de cómics y espectáculo digital, Zack Snyder, para dar a los fans del superhéroe y del cine de entretenimiento el Superman más activo y vistoso hasta la fecha. Nadie se podrá quejar ahora de que faltan peleas o explosiones. El problema es que, por el camino, se han descuidado aspectos fundamentales como la lógica narrativa, la progresión dramática y la coherencia de los personajes. Desesperada por romper con lo anterior y arrasar en taquilla, ‘El hombre de acero’ ofrece pirotecnia y acción a raudales pero fracasa en todo lo demás.
‘El hombre de acero’ arranca con mucha fuerza. Siguiendo la estela de la estupenda ‘Superman’ (Richard Donner, 1978) y la floja ‘Thor’ (Kenneth Branagh, 2011), la historia comienza en un entorno fantástico, Krypton. En pocos minutos se presenta a los padres de Kal-El (Russell Crowe y Ayelet Zurer), el cercano final del planeta, un levantamiento militar liderado por el general Zod (Michael Shannon) y el lanzamiento de la nave que transporta al recién nacido a la Tierra. El frenético ritmo impuesto por Snyder, que suma a su repertorio de trucos visuales un discutible uso del zoom, permite disculpar los primeros desaciertos del endeble guion que firma David S. Goyer —elaborado a partir de una historia ideada junto a Christopher Nolan—.
Dejando a un lado asuntos inverosímiles como el parto, el códex o que Jor-El pase de científico a invencible guerrero en un abrir y cerrar de ojos, el mayor error de la secuencia inicial es empequeñecer al villano. Grita y amenaza pero no intimida, no impone respeto, es un soldado trastornado que dirige una torpe rebelión y pierde el primer combate cuerpo a cuerpo en el que le vemos. Todo esto resta emoción al climático enfrentamiento final, donde el espectador debería pensar que el héroe se enfrenta al desafío definitivo, a un rival aparentemente insuperable. Por el contrario, y pese a contar con la poderosa presencia de Shannon, este Zod nunca llega a tener contra las cuerdas a un Superman que podría competir con Hulk en brutalidad y capacidad de destrucción.
Definitivamente, es otro Superman. Se reciclan influencias del séptimo y el noveno arte, aderezadas con evidentes referencias al cristianismo, para reinventar al superhéroe, más solemne y físico que en anteriores ocasiones. Ya no sufre tanto si no salva vidas humanas, el héroe encarnado por Henry Cavill se apoya en los consejos de su padre terrícola (Kevin Costner) para tolerar incontables bajas civiles durante la extensa batalla que le enfrenta a los últimos y despiadados supervivientes de Krypton; no pasa nada mientras estén a salvo su madre (Diane Lane) y su novia (Amy Adams). A tenor del éxito en taquilla —en dos semanas ya supera los 400 millones de dólares en todo el mundo— supongo que este enfoque frívolo y violento es el que demandaba el público actual.
A mí me cuesta conectar con una película que abusa de frases trascendentales y rimbombantes, pretende emocionar forzando la muerte de Jonathan Kent, alterna de manera ilógica los puntos de vista —la investigación de Louis Lane carece de interés cuando hemos seguido los pasos de Clark—, no se detiene para hacer creíble el dominio de las habilidades sobrehumanas pero repite en ocasiones el planito de meter la llave y cuenta dos veces la tragedia de Krypton, encadena obstáculos sin criterio —¿cómo va a impactar la escena del autobús después del rescate en la estación petrolífera?—, y en definitiva, descuida la historia y los personajes —esa versión cómica de Jor-El…— para centrarse en acción frenética y desatada —¿TENTÁCULOS MECÁNICOS GIGANTES?—. Al final no sé quién es este Superman que bromea sobre un beso entre escombros y cadáveres, aparte de que “no es nuestro enemigo“ y “está tremendo“.
Tampoco me parece un desastre. Hay imágenes potentes y tramos logrados, y Hans Zimmer consigue algo que parecía impensable: no echar de menos el famoso acompañamiento musical de John Williams. Es una lástima que ‘El hombre de acero’ despache tan rápidamente el origen, la evolución y los conflictos interiores del protagonista para empezar cuanto antes con los puñetazos, se ha perdido la oportunidad de hacer algo grande. A ver si hay más suerte con la secuela, que como recordaréis ya está en marcha…
Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)
Richard Matheson nos ha dejado
Hace pocas horas se daba a conocer el fallecimiento del escritor Richard Matheson según un comunicado de su propia hija. La labor de Matheson en el campo fantástico o de ciencia-ficción fue una de las más importantes e influyentes del género. Tenía 88 años.
Casi todo el mundo le recordará por la novela ‘Soy leyenda’, que en cine conoció hasta tres adaptaciones, ‘The Last Man on Earth’ (Ubaldo Ragona, 1964), la más desconocida y sin embargo la más fiel al libro, ‘El último hombre… vivo’ (‘The Omega Man’, Boris Sagal, 1971), que es todo un clásico, y ‘Soy leyenda’ (‘I Am Legend’, Francis Lawrence, 2007), sin duda la más exitosa y también la más apartada del libro. En televisión su aportación más significativa y conocida es la realizada en la mítica serie ‘Dimensión desconocida’ (‘The Twilight Zone’), creada por Rod Serling y en la que Matheson escribió 16 episodios.
Si repasamos la faceta cinematográfica del escritor el primer título importante que encontramos es la inolvidable ‘El increíble hombre menguante’ (‘The Incredible Shrinking Man’, Jack Arnold, 1957); más tarde sus trabajos, caracterizados por una mano envidiable para la síntesis, en la etapa Poe del genial Roger Corman como por ejemplo ‘La caída de la casa Usher’ (‘House of Usher’, 1960) y en la pequeña pantalla dos películas hoy de culto: ‘El diablo sobre ruedas’ (‘Duel’, Steven Spielberg, 1971) y ‘The Night Stalker’ (id, John Llewellyn Moxey, 1972).
Por la productora británica Hammer se pasea de la mano de Terence Fisher en la excelente ‘La novia del diablo’ (‘The Devil Rides Out’, 1960). Uno de mis trabajos preferidos de Matheson fue el guión que escribió para ‘La leyenda de la mansión del infierno’ (‘The Legend of Hell House’, John Hough, 1973), una de las mejores películas sobre casas encantadas. En los 80 destacan la extraña ‘En algún lugar del tiempo’ (‘Somewhere in Time’, Jeannot Szwarc, 1980), y cómo no, ‘En los límites de la realidad’ (‘Twilight Zone: The Movie’, John Landis, George Miller, Joe Dante, Steven Spielberg, 1983).
La última película que adaptó uno de sus relatos fue la intrascendente ‘Acero puro’ (‘Real Steel’, Shawn Levy, 2011).
El cine fantástico está de luto, ha perdido a uno de los grandes. Hasta siempre Richard.
Autor: Alberto Abuín (Blog de cine)
lunes, 24 de junio de 2013
Taquilla USA: Monstruos y zombies
Este pasado fin de semana en la taquilla americana se ha llenado de monstruos que van a la universidad, de zombies que se extienden por el planeta y de alienígenas que intentan salvarlo. Pixar, como siempre ha encabezado el top taquillero, siguen siendo los reyes de la función aunque empiece a notarse cierta crisis creativa. ‘Monstruos University’ (‘Monsters University’, Dan Scanlon, 2013) era una precuela, a mi juicio innecesaria; prefiero ver a la empresa asentada en California metida en proyectos nuevos y no tirando de personajes ya vistos. En cualquier caso el negocio es el negocio y la película es tratada sin demasiada emoción por la crítica mientras que el público votante en la IMDb está bastante satisfecho.
‘Guerra mundial Z’ (‘Warl Word Z’, Marc Forster, 2013) era otro de los estrenos esperados por buena parte del público. Basada en el libro de Max Brooks y protagonizada por Brad Pitt, la película narra una guerra contra los zombies a nivel mundial. Un blocksbuester en toda regla que no desagrada a la crítica y tiene bastante contento al público votante. En nuestro país la veremos a partir del 2 de agosto.
Autor: Alberto Abuín (Blog de cine)
Vía: IMDb
William Fichtner será el villano de las nuevas Tortugas Ninja
Con esas declaraciones ha revelado William Fichtner su misterioso papel en la nueva película de las Tortugas Ninja que está dirigiendo Jonatham Liesbesman, con Michael Bay en labores de producción. El veterano y carismático actor —al que veremos este año en dos blockbusters: ‘El llanero solitario’ (‘The Lone Ranger’, Gore Verbinski, 2013) y ‘Elysium’ (Neill Blomkamp, 2013)— se pondrá en la piel de Shredder, líder del Clan del Pie y principal enemigo de las tortugas, ya encarnado por James Saito en la primera adaptación de los personajes creados por Peter Laird y Kevin Eastman.
Además de Fichtner, en el reparto de ‘Teenage Mutant Ninja Turtles’ —inicialmente ‘Ninja Turtles’, se cambió tras el rechazo de los fans a la opción de tortugas alienígenas, como quería Bay— figuran Megan Fox, Whoopi Goldberg, Will Arnett, Danny Woodburn, Alan Ritchson, Pete Ploszek, Jeremy Howard y Noel Fisher; los cuatro últimos son los encargados de interpretar a las tortugas a través de la tecnología de la captura del movimiento. El equipo me da muy mala espina pero voy a esperar al tráiler antes de abandonar la esperanza de encontrar una buena excusa para comer palomitas. Se estrena el 6 de junio del año que viene.
Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)
Vía: Blogdesuperheroes
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