miércoles, 12 de diciembre de 2012

‘Smiley’s People’ sigue adelante

La preparación de Smiley’s People, la secuela de El Topo, sigue en marcha, según ha informado el productor Eric Fellner. Director (Tomas Alfredson), guionista (Peter Straughan) y productor (Tim Bevan) están a bordo de la adaptación de la novela de Le Carré para su compañía Working Title.
Falta la coguionista de la primera entrega, la fallecida Bridget O’Connor, a quien fue dedicada la película. Gary Oldman todavía no se ha confirmado pero a) recibió su primera nominación al Oscar por El Topo, b) Gary Oldman ES, como lo fue Guinness en su día, George Smiley y c) el Infierno se congelará cuando Oldman diga “no” a un proyecto.

“Estamos trabajando en otra”, declaró Fellner a Collider. “Tim Bevan está juntando las piezas en estos momentos con Peter Straughan y Tomas Alfredson así que, sí, se puede decir que está en desarrollo”, añadió el productor, sin dar más detalles. “Estas cosas llevan su tiempo pero la primera no costó nada y dio 80 millones de dólares. Además, Tim está loco por hacer la segunda”.

Smiley’s People es la tercera novela de la llamada “Trilogía de Karla” que enfrenta a Smiley, jefe de los servicios de inteligencia británicos, con su némesis soviética (Patrick Stewart en la miniserie de la BBC; la silla vacía en la película de Alfredson). 

Autor: Rafa Martín (Lashorasperdidas)

 

Crítica de "El Hobbit: Un viaje inesperado"


El pasado noviembre fue el mes de ‘La saga Crepúsculo: Amanecer. Parte 2’ (The Twilight Saga. Breaking Dawn: Part 2, Bill Condon, 2012), pero el final de la más famosa saga vampírica de los últimos tiempos no tiene nada que hacer contra ‘El hobbit: Un viaje inesperado’ (The Hobbit: An Unexpected Journey, Peter Jackson, 2012) a la hora de luchar por ser el título más recordado de este año que ya está llegando a su fin. Y es que pueden gustar o no, pero las tres entregas de ‘El señor de los anillos’ dirigidas por Peter Jackson se encuentran sin lugar a dudas entre los títulos más destacados de la primera década del siglo XXI y el hecho de que el realizador de la estupenda ‘Criaturas celestiales’ (Heavenly creatures, 1994) regrese a la Tierra Media es un gran acontecimiento para muchos. Por mi parte, hubiese preferido que Guillermo Del Toro la dirigiera tal y como estaba previsto inicialmente, y también que se hubiera realizado una única gran película de aventuras a partir de la novela de Tolkien.

Lo peor de todo es que las ansias de grandeza de Jackson han acabado derivando de una innecesaria trilogía que me hacía temer lo peor en cuanto al uso de relleno insustancial para alargar el periplo de los protagonistas más allá de lo razonable, siendo éste el primer – y principal- punto que convierte a ‘El hobbit: Un viaje inesperado’ en la crónica de una decepción anunciada. Lo cierto es que hace ya años que no revisiono ‘La comunidad del anillo’ (The Fellowship Of The Ring, Peter Jackson, 2001), ‘Las dos torres’ (The Two Towers, 2002) o ‘El retorno del rey’ (The Return Of The King, 2003) y quizá me lleve una decepción al hacerlo, pero sí que recuerdo el entusiasmo que me sobrecogió cuando vi todas ellas en una sala de cine el día de sus respectivos estrenos, algo que ha estado muy lejos de pasar en el caso de ‘El hobbit: Un viaje inesperado’, ya que la sensación al acabar el pase fue de simple alegría por no haberme encontrado con una porquería.

El primer acto – la llamada a la aventura en la que Gandalf lía a Bilbo para que acuda con ellos en su casi suicida misión- ejemplifica bastante bien lo que será finalmente la película: ‘El hobbit: Un viaje inesperado’ es narrada de forma innecesaria como una especie de memorias que escribe Bilbo, algo que Jackson aprovecha para recuperar sin necesidad alguna a Ian Holm y Elijah Wood y así vincularla con mayor fuerza con su anterior trilogía. Esto es algo que se repetirá a continuación – la anodina aparición de Saruman-, ya que Jackson no desaprovecha la más mínima oportunidad para relacionarlas, aunque esto acabe resultando una mera muestra de su desconfianza hacia los espectadores más distraídos – por no decir tontos- que quizá se hayan olvidado de su evidente parentesco.

El otro aspecto conflictivo es que los protagonistas tardan 45 minutos en abandonar el acogedor hogar de Bilbo para empezar a hacer algo. Cierto que así hay algo más de espacio para desarrollar a los catorce protagonistas, pero lo cierto que casi todos ellos son despachados de un plumazo, siendo Bilbo, Thorin y el ya conocido Gandalf – no esperéis grandes cambios respecto a lo que ya sabíamos de él- los únicos que realmente gozan de atención a la hora de definirlos. Es aquí donde sobresale por primera vez Martin Freeman, actor que Jackson estaba empeñado en contratar a toda costa, para levantar el interés de la función y conseguir mantener la atención del espectador. Freeman, un rostro relativamente desconocido para el gran público, consigue a través de pequeñas reacciones gestuales, ligeras modulaciones de su tono de voz y su desbordante talento que la sensación de repetición –algo innegable- no se imponga y que uno realmente esté deseando saber las aventuras que va a vivir.


Otro rasgo clásico de la saga es la inclusión de breves flashbacks para darnos datos adicionales cuya valía en ‘El hobbit: Un viaje inesperado’ va más allá de lo razonable. El caso más evidente es el de Azog, una especie de primo cabreado de zumosol de los orcos – no pude evitar dejar de pensar en que su diseño estaba pensado para vender merchandising- que tiene gran peso en el trágico pasado de Thorin. Es una secuencia resuelto con el tino habitual de Peter Jackson para este tipo de momentos y que realmente llama la atención por mucho que sea una especie de islote narrativo dentro de la película, pero Jackson no se conforma con eso y, en una de las peores decisiones del guión escrito por el propio director de la divertida ‘Mal gusto’ (Bad Taste, 1987) junto a Fran Walsh, Philippa Boyens y Guillermo Del Toro, convierte a Azog en el gran villano de la función. Es aquí donde aparecen los primeros problemas de dividir la historia – los apéndices de ‘El señor de los anillos’ se los podía haber ahorrado- en tres, pues ante la escasa relevancia de Smaug, algo había que utilizar como motor dramático de un simple viaje hasta los dominios del temible dragón.

Puede que algunos estén pensando que estaba deseando encontrar algo para criticar a ‘El hobbit: Un viaje inesperado’, pero es que Azog sólo sirve para entorpecer el ritmo – y alargar la duración- de la película, añadiendo de paso una capa de espectacularidad que no termina de funcionar demasiado bien. Ahí surge una de las dicotomías de la película: ¿Ser una simpática y ligera aventura o una narración épica y trascendental? Lo cierto es que Jackson, por mucho que siga echando mano de sus recursos habituales – planos aéreos para mostrar a gente caminando y la grandiosidad de los parajes naturales donde se rodó-, sabe mantener el tono dominante de la novela – aventura ligera- durante la mayor parte del metraje, pero hay momentos en los que el subconsciente le traiciona y opta por apostar por la espectacularidad, quizá como peaje para que el público no se vuelva contra él. Por ejemplo, la concatenación de casualidades en la huida dentro del refugio orco deja en ridículo a cualquier deus ex machina – no me vale la excusa fácil de que Gandalf es un mago- utilizado por cualquier blockbuster estrenado en 2012, y lo peor es que más tarde hay uno aún más grave. Y no me olvido tampoco de la ridícula y absurda caracterización de Radagast, siendo además el personaje un incordio más que una ayuda.


Sin embargo, hay una muy buena película de 90 minutos – o poco más- en ‘El hobbit: Un viaje inesperado’, ya que no faltan grandes momentos como toda la secuencia que comparten Bilbo y Gollum. He de reconocer que era el único momento de la novela que realmente recordaba con nitidez de lo visto aquí, y he de decir que Jackson logra la perfección en dicha escena. Gollum ha mejorado notablemente en naturalidad – y eso que ya entonces estaba muy conseguido- y Martin Freeman sigue fascinando con la sencillez de su composición de Bilbo. Hay otros momentos estimulantes – la graciosa secuencia con los trolls- y agradecí sobremanera que la naturalidad sea la clave dominante de las actuaciones – genial ver a Hugo Weaving como un Elrond más distendido y cercano-, siendo perfectamente comprensible que un más que correcto Richard Armitage escape a la regla con su intenso Thorin.

En lo visual, es difícilmente discutible que ‘El hobbit: Un viaje inesperado’ brille a un gran nivel, algo que no puede decirse de su totalmente prescindible versión en 3D – resalta algún momento puntual, pero en general no podría ser más intrascendente-, la cual os recomiendo evitar siempre que os sea posible. Sí hay algún fallo en el diseño de alguna criatura, no tanto en su ejecución como en el propio concepto, pero aquí no hay ningún trucaje que resulte cantoso, ni siquiera cuando un personaje llega a desviar flechas con su espada, y es que no podía faltar el momento marcianada, algo en lo que Jackson ya incurría en la trilogía de los anillos. A modo especialmente personal, he de señalar que también me hubiera gustado que Jackson no abusara tanto de las muy logradas composiciones de Howard Shore, pues hay algunos momentos que hubieran mejorado bastante prescindiendo de ella.


En definitiva, ‘El hobbit: Un viaje inesperado’ es un buen entretenimiento con alguna secuencia hasta magistral – el juego de las adivinanzas entre Bilbo y Gollum- y un gran trabajo de Martin Freeman, quien consigue levantar el interés de la película en varias fases en las que con un intérprete menos talentoso – sí, estoy pensando en Elijah Wood- se hubiera ido todo a la porra. En su contra, una excesiva cantidad de relleno – Azog es una mera forma de tener un gran villano que sólo ayuda a relentecer el ritmo- y alguna situación que bordea peligrosamente el mayor de los absurdos – el chistoso orco primo lejano de Jabba el Hutt- impiden que la película pueda a llegar a ser ese grandísimo espectáculo que muchos esperan de ella.

Autor: Mikel Zorrilla (Blog de cine)



Crítica de "Sin Tregua"


Vigila tu espalda. Cada turno puede ser el último”. Este aviso incluido en el cartel español de ‘Sin tregua (End of Watch)’ (‘End of Watch’, 2012) transmite bien la sensación que se tiene durante el visionado del intenso nuevo trabajo como director de David Ayer, en nuestros cines desde el pasado 5 de diciembre —en EE.UU. se estrenó a finales de septiembre y fue número 1 en taquilla—.


Ayer comenzó en el cine como guionista, sacando punta a sus experiencias en la Marina —‘U-571’ (Jonathan Mostow, 2000)— y sobre todo a su vida en South Central —‘Training Day’ (Antoine Fuqua, 2001)—, una zona de Los Angeles conocida por su alta criminalidad, lo que le llevó a interesarse por la labor policial. En la ciudad de Los Angeles está ambientada la acción de otros de sus guiones, ‘A todo gas’ (‘The Fast and the Furious’, Rob Cohen, 2001) y ‘Dark Blue’ (Ron Shelton, 2003), y la de sus tres largometrajes como realizador, ‘Vidas al límite’ (‘Harsh Times’, 2005), ‘Dueños de la calle’ (‘Street Kings’, 2008) y ‘Sin tregua (End of Watch)’. Mientras que las dos primeras se centraban en personajes traumatizados por sus experiencias al servicio del ejército o la policía, en la última se nos muestra la fase previa, el descenso al infierno.


Basada libremente en la verdadera historia de dos policías del departamento de Los Angeles, ‘Sin tregua (End of watch)’ presenta el día a día de Brian Taylor (Jake Gyllenhaal) y Mike Zavala (Michael Peña), dos jóvenes agentes que vigilan las calles de South Central. Con la excusa de que el primero está realizando un trabajo para una escuela de cine, David Ayer introduce diferentes cámaras en la ficción con las que accedemos a escenas cotidianas de la vida y el trabajo de los protagonistas, dotando al film de una apariencia de falso documental —tan de moda en el género de terror pero inusual en el policiaco— que le sienta especialmente bien durante las vibrantes secuencias de acción y ayuda a maquillar las torpes conversaciones.

Si los diálogos los hubiera escrito alguien con más talento en este particular —el mejor ejemplo sería Quentin Tarantino, capaz de atraparte con una anécdota sobre el nombre de una hamburguesa—, estaríamos ante una de las mejores películas de los últimos años. En su intento por reforzar la verosimilitud del relato y construir a dos policías de carne y hueso, por los que el público pueda sentir empatía y preocupación cada vez que se huele el peligro, Ayer nos muestra a Brian y Mike en situaciones corrientes, rellenando un formulario, comprando unas bebidas, bailando en una fiesta o charlando como dos amigos sobre sus relaciones sentimentales (Anna Kendrick y Natalie Martinez son las chicas que les esperan en casa).


El mayor problema de ese tipo de escenas no es tanto la falta de ingenio en las conversaciones como la excesiva importancia que tienen en la película, ocupan demasiado tiempo para el escaso interés que generan, son frases y situaciones convencionales que no requieren especial atención, lo relevante es captado de inmediato, como que Brian se ha enamorado o que recibir una medalla por hacer bien tu trabajo no hace que te consideres a ti mismo un héroe; habría beneficiado a la narración un montaje más severo —por ejemplo, lo que graba el personaje de Kendrick sobra, la actriz lo hace bien pero la escena no aporta nada—. Por suerte, la estupenda labor del reparto —Frank Grillo borda una escena en la que habla con unos novatos— y la tensión que se apodera de la pantalla cada vez que los protagonistas persiguen o apuntan a un sospechoso logran que uno se olvide de los momentos aburridos.

Al inspirado uso de la cámara en mano para las secuencias de acción hay que sumar el acierto de tomar prestado de los videojuegos ciertos planos subjetivos donde solo vemos el arma que empuña el personaje, como si el espectador fuera responsable de apretar el gatillo o pudiera ser sorprendido si baja la guardia —las calles parecen plagadas de genéricos matones latinos armados hasta los dientes—. ‘Sin tregua (End of Watch)’ corre el riesgo de ser interpretada como una apología de la policía pero creo que el objetivo es más sencillo y honesto, rendir homenaje a gente que pone en riesgo su vida por los demás y, de paso, ofrecer un subidón de adrenalina al público. El magnífico arranque, hallazgos terroríficos durante misiones de rutina, el crudo uso de la violencia o el espectacular tiroteo final elevan la película muy por encima de la media.

 

Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)

'Angry Birds', la película


Solo era cuestión de tiempo. Aprovechando el tercer aniversario del lanzamiento de ‘Angry Birds’, Rovio Entertainment ha anunciado la puesta en marcha de una adaptación cinematográfica del popular juego que se estrenará en verano de 2016.

La compañía ha informado que los productores John Cohen —‘Gru, mi villano favorito’ (‘Despicable Me’, 2010)— y David Maisel —‘Iron Man’ (2008)— se encargarán de desarrollar el proyecto y que será un largometraje de animación por ordenador. Y se podrá ver en 3D, claro, el público necesita creer que los pájaros les van a golpear en la cara mientras comen palomitas. Uno de los apuntes más curiosos de la nota de prensa es el recordatorio de que Cohen “tuvo la idea de reinventar ‘Alvin y las ardillas’ (‘Alvin and the Chipmunks’, 2007) para hacer la película“. Como algo positivo, ¿eh? En fin, por el momento no hay más información acerca de esta película, que a mí me interesa tanto como la anunciada y esperadísima adaptación al cine del ‘Tragabolas’…

Según Wikipedia, ‘Angry Birds’ —que va de unos pájaros que deben recuperar sus huevos, robados por un grupo de cerdos…— es el juego más vendido de la historia en soportes móviles. Y yo sin haberlo probado, va a ser cierto que me he quedado anticuado, anclado en los tiempos de la PlayStation2… [escalofríos].

Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)

martes, 11 de diciembre de 2012

Crítica de "El Hobbit: Un viaje inesperado"

Casi una década después de El Retorno del Rey, que se dice pronto, Peter Jackson vuelve a trasladarnos al universo creado por J.R.R. Tolkien con una nueva trilogía que adapta el libro que precede a El Señor de los Anillos, El Hobbit. Un libro que narra las aventuras de Bilbo Bolsón y la historia de cómo éste consiguió el famoso anillo único. Un libro que es, para mucho seguidores de Tolkien, una aproximación más amena, ligera y directa a su universo, entre otras cosas, por potenciar el relato de aventuras frente a la épica más grave y solemne de la trilogía literaria.

Teniendo en cuenta todo eso, extraña mucho la decisión de Peter Jackson de realizar tres películas en vez de una. No sé si se debe a un mero factor económico, por la necesidad de rentabilizar al máximo la costosísima producción de esta nueva trilogía (500 milloncejos de nada) o a esa obsesión de Jackson por trasladar cada detalle de los libros a la gran pantalla, anulando cualquier capacidad de síntesis y desafiando a la paciencia del espectador. Es como cuando de niños nos metíamos el Boomer Kilométrico entero en la boca: sobra chicle, cuesta masticarlo pero HABÍA QUE HACERLO.


El caso es que El Hobbit: Un Viaje Inesperado, funciona más como una introducción que como una película convencional. Es casi una presentación de personajes estirada, que abarca poco más de lo que sería el primer acto y el primer tramo del segundo en la novela. Todo en unos “modestos” 170 minutos de metraje donde vemos chopocientas cenas a la luz del fuego. Y sin embargo, al menos en un primer visionado, la película aguanta y mantiene un ritmo más o menos animado gracias a una buena cantidad de escenas de acción. Digo lo del primer visionado porque me da que con esta película acabará pasando algo similar a lo sucedido en La Amenaza Fantasma, que al final se nota que la acción es un relleno en un guión que cuenta más bien poco: un hobbit, trece enanos y un mago se disponen a recuperar el antiguo reino de los enanos mientras les persiguen los antiguos enemigos de estos. No hay un clímax como tal, de hecho se abren varias tramas (la recuperación del reino, el encuentro con el anillo y el surgimiento de un poder oscuro) que no pasan del mero planteamiento. Lo único que sí concluye esta película es la presentación del Bilbo héroe (igual que Ánakin se acababa revelando como ese que podría traer el equilibrio a la Fuerza). El protagonista asume su papel en la historia, pero realmente ésta acaba de empezar. Como ver una pretemporada de fútbol y dejarlo con el primer partido de liga.

A nivel de personajes la película es muy coral y bien compensada, dando protagonismo a quien lo merece, sin ningún Samsagaz Gamyi ni situaciones involuntariamente homoéroticas. Y es de los personajes más interesantes de donde surge la escena más destacable de la película, el reencuentro con Gollum. Éste y Bilbo establecen un desafío de ingenio en una escena que es capaz de aunar tensión y comedia, y que recupera lo mejor de un personaje mítico y entrañable que, siendo honestos, solía acabar irritando cuando aparecía demasiado en pantalla, cosa que aquí no sucede.


Sinceramente creo que la película gustará a los fans de la trilogía anterior y cansará igualmente a quienes la denostan, porque Jackson ha ido sobre seguro y se ha dedicado a caminar sobre un camino ya andado, repitiendo aciertos y errores, con lo bueno y malo que eso supone. Grandes decorados, batallas épicas, algún toque de comedia ligera… Todo tremendamente cuidado, pero casi podría decirse que se plagia a sí mismo porque cada plano de la película nos suena a ya visto. Sin destripar nada, hay que decir que no costaría enumerar varias escenas en las que la planificación es casi idéntica a las homólogas de la trilogía anterior. Entiendo que en ello puede haber una intención de dar una continuidad estética a la película con las anteriores, pero es en este punto en el que uno lamenta que finalmente no fuese Guillermo del Toro quien rodase la película aportando alguna idea visual nueva y no un reciclado de las anteriores.

Sobre el tema de los cacareados 48 fotogramas por segundo poco que decir porque el pase fue en 3D convencional, por lo que esperamos que vosotros nos comentéis vuestra experiencia si finalmente veis la película con el nuevo frame rate.

Autor: Javier Ruiz de Arcuate (Lashorasperdidas)

Crítica de "Un buen partido"



George Dryer (Gerard Butler), una antigua estrella de fútbol en Europa, vive casi con lo puesto en un pequeño pueblo de Virginia con la intención de mejorar la relación con su hijo Lewis (Noah Lomax) y su ex-mujer Stacie (Jessica Biel). Pero cuando George acepta entrenar al equipo de fútbol de su hijo, se le viene encima todo un desfile de atractivas mamás burguesas, encabezadas por Barb (Judy Greer), Denise (Catherine Zeta-Jones) y Patti (Uma Thurman), que competirán por sus afectos como si del terreno de juego se tratara. Y también el patrocinador del equipo de fútbol, el adinerado Carl King (Dennis Quaid), que aprovecha la oportunidad para presumir ante sus socios de lo amigo que es de la estrella deportiva local. Con medio pueblo enredando a su alrededor, ¿podrá George encauzar su vida y recuperar el amor de Stacie?



Un cóctel un tanto inusual en el cine, aunque me vengan a la memoria un par de títulos así a bote pronto. Estamos en plena campaña prenavideña y, como ya es la tónica habitual por estas fechas, la taquilla nos ofrece un buen surtido de comedias románticas. Una oferta casi tan dulce como el mazapán es la que tenemos ahora mismo en bandeja: “Un buen partido”. 

Un ex jugador de fútbol divorciado y con problemas económicos hace todo lo posible (y hasta lo imposible) por recuperar a su familia. Por el camino se interpondrán otras mujeres, el trabajo, ciertas amistades poco recomendables y su casero. Pero lo habitual es que este tipo de películas acaben bien, así que la guinda para el pastel está asegurada; lo divertido será descubrir cómo se las arregla el protagonista para vencer los diferentes obstáculos que se interponen en su camino.


La historia es bastante lineal y fácil de seguir, no es una película para pensar, simplemente hay que ponerse en el lugar del protagonista y dejarse llevar. Uno intenta por todos los medios conservar lo único bueno que tiene en la vida, ese podría ser un rápido resumen del argumento. Y la moraleja vendría a ser algo así como que nunca debemos rendirnos aunque todo parezca perdido, pues nunca es tarde para luchar por lo que verdaderamente importa.

A destacar la presencia cautivadora y sensual de dos grandes divas: Catherine Z. Jones y Uma Thurman, a cual más espectacular. Ambas pondrán en jaque a un luchador y algo sensiblero Gerard Butler que se las verá y se las deseará para salir del atolladero.

Autor: Javier León (A golpe de efecto)

Francis Ford Coppola vuelve a Hollywood con un ambicioso proyecto


La fotografía de arriba fue tomada durante el rodaje de ‘Legítima defensa’ (‘The Rainmaker’, 1997), la última película de Francis Ford Coppola para un gran estudio de Hollywood. Quince años después, tras probar suerte con trabajos libres e independientes, Coppola prepara su regreso a la industria.

Recientemente, con motivo del lanzamiento de un pack en Blu-ray con algunas de sus películas, el director de ‘El padrino’ (‘The Godfather’, 1972) reveló que está trabajando en un ambicioso proyecto que será financiado por Paramount Pictures. Por el momento lo único que ha querido contar es esto: “Mi historia tiene lugar en Nueva York. Tengo un primer borrador. Estoy listo para la fase de casting. Las películas son grandes en función del período que abarquen. La mía empieza a mediados de los 20, hay tramos en los 30 y finales de los 40, y llega hasta finales de los 60“.

Puede ser cualquier cosa, a sus 73 años Coppola ha probado de todo, así que habrá que esperar a ver si no se tuerce su acuerdo con el estudio y se desvelan más detalles. En todo caso resulta muy interesante, ¿verdad? Incluso si sale un churro, será mejor que la mayoría de churros que se estrenan cada año. A falta de ver su film en 3D, ‘Twixt’ (2012), quedé decepcionado con sus otros trabajos “experimentales”, ‘Youth Without Youth’ (2007) y ‘Tetro’ (2009), y no es que me apetezca ver a un Coppola domesticado pero si ha decidido volver al juego de Hollywood imagino que es porque el guion que tiene entre manos es demasiado costoso para financiarlo de manera independiente. Y eso me produce una gran curiosidad.

PD: A ver qué opináis sobre esta otra declaración del cineasta: “Creo que una secuela es un malgasto de dinero y de tiempo. Creo que las películas deberían alumbrar nuevas historias“.

Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)
Vía: EW

Disney prepara una versión moderna de 'Don Quijote' con Johnny Depp


¿Qué está pasando en Disney? ¡Lo van a acaparar todo! El último proyecto que el estudio ha puesto en desarrollo es ni más ni menos que una nueva adaptación de ‘Don Quijote’. Lo más llamativo es que cuentan con la participación de la estrella de algunos de sus últimos estrenos, Johnny Depp, con quien Terry Gilliam trató de hacer una película basada en el clásico de Miguel de Cervantes.


Los medios no han tardado en buscar a Gilliam para preguntar qué opina acerca de la noticia —poco menos que meterle un dedo en el ojo— y el cineasta, que acaba de terminar el rodaje de su último film (‘The Zero Theorem’), ha respondido que no tiene nada que ver con el proyecto, que es “el caballo de Depp“. Aun así, ha dicho que ha enviado una carta al actor para interesarse por el enfoque que le van a dar a la historia. Quizá también para preguntar si ya tienen a un director en mente…

De momento, la silla no tiene dueño. Y aunque se da por seguro, Johnny Depp —al que veremos próximamente en ‘El llanero solitario’ (‘The Lone Ranger’, 2013)— no ha confirmado aún si estará en el reparto, por ahora solo figura como productor. Steve Pink —‘Un asesino algo especial’ (‘Grosse Pointe Blank’, 1997), ‘Alta fidelidad’ (‘High Fidelity’, 2000)— y Jeff Morris —‘Matrimonio imposible’ (‘You Did What?’, 2006)— han sido contratados para escribir el guion, que al parecer será una actualización de las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza. Ya veremos en qué consiste. ¿Tenéis alguna esperanza de que Disney pueda hacer algo interesante con el material o pensáis que estrenarán algún anodino blockbuster en 3D?

Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)
Vía: Lashorasperdidas, Indiewire

lunes, 10 de diciembre de 2012

Crítica de "Operación E"


 Los indígenas en Iberoamérica siguen siendo víctimas directas o indirectas de todo tipo de conflictos y abusos. En Colombia, miles de personas que habitan en la selva se ven obligadas a abandonar sus hogares por culpa tanto de las FARC como de las fuerzas gubernamentales que las persiguen. En estos desplazados se centra 'Operación E', la nueva película del director de 'El Lobo' y 'Gal', quien vuelve a urdir un thriller a partir de un caso real. La película se inspira en la llamada Operación Emmanuel, el operativo montado para liberar al hijo que Clara Rojas tuvo durante su secuestro, niño que las FARC "entregaron" a una familia de campesinos para su cuidado. En esta ocasión, a Miguel Courtois no le interesa tanto el enfrentamiento entre gobierno y guerrilla como la situación de la familia que, obligada a acoger a un niño que no es suyo, queda en medio del fuego cruzado.


Para la visibilización de esta injusticia, los responsables de Operación E han apostado por el carisma de uno de los mejores actores españoles del momento, Luis Tosar, que encabeza el reparto del film. El actor gallego encarna a este padre de familia numerosa que debe luchar por la supervivencia de los suyos en la selva al tiempo que se convierte en el protagonista involuntario de un conflicto de resonancias internacionales. La presencia de Tosar también resume los problemas de la película. El intérprete gallego es el principal gancho de 'Operación E' pero al mismo tiempo pone en evidencia el desajuste de este cine de denuncia con vocación comercial: los elementos que se han introducido en el film para promover su éxito en las carteleras son los mismos que erosionan su verosimilitud. A pesar del más que demostrado talento de Tosar, resulta difícil tomárselo en serio como campesino colombiano con acento impostado que acaba actuando como el héroe anónimo de la historia. Como también deviene forzada la presencia de la bella Martina García como su esposa... 'Operación E' pretende disponer del ritmo de un thriller de acción, del compromiso con la realidad de un documental y del desgarro emocional de un drama humanista. Sin embargo se queda a medio camino de los tres objetivos...


Autora: Iglesias Eulália (Sensacine)

Crítica de "Sin Tregua"



Como guionista y como director, David Ayer ha estado siempre interesado en la difusa línea que separa a los policías de los criminales y a los polis buenos de las manzanas podridas. Sin tregua es la tercera exploración que, desde detrás de la cámara, lleva a cabo de la corrupción moral en las malas calles de Los Ángeles, aunque es cierto que, en general, se percibe menos como la culminación de una trilogía que como un ejercicio de reciclaje de personajes y situaciones ya dramatizados en películas previas.

En todo caso, mientras pone el foco en la violencia arbitraria, en la burocracia extenuante, en la duda moral, Sin tregua avanza hacia su clímax construyendo una sólida tensión y, a la vez, acumulando un peso emocional considerable. El orden del día de Ayer es ensalzar el heroísmo y el patriotismo del cuerpo de policía angelino, un grupo de caballeros dispuestos a todo para combatir a quienes violen la ley; y, en el proceso, por momentos el director comunica con claridad los sentimientos exacerbados y la solidaridad fraternal que enfrentarse a los horrores de la ciudad provoca. Puede que esos pedazos fragmentados de humanismo sean rellenos entre secuencias de acción, y puede que la relación entre Jake Gyllenhaal y Michael Peña, una suerte de romance heterosexual, sea representada con una precisión que no se extiende a los caricaturescos villanos que dominan el acto final, pero es que con ellos Ayer quizá persiga lo mítico: empujar a sus protagonistas a una zona dantesca habitada menos por seres humanos que por demonios.

Sea así o no, su confianza en la dudosa premisa de que todos en Sin tregua graban sus propios vídeos es cuestionable. La película funciona como una sucesión de piezas de metraje encontrado, casero y por tanto digital, y cuanto más tiembla la cámara más se supone que debemos comprar la ilusión de estar realmente allí con esos tipos. El punto de vista llega a resultar tedioso, aunque no tanto como la inconsistente decisión de Ayer de abandonarlo cada vez que se siente narrativamente arrinconado. En última instancia, además, una estrategia sobre el papel pensada para ofrecernos realismo acaba sirviendo tan sólo para comerciar con el sensacionalismo.

Autor: Nando Salvá (Cinemanía)