Hay una cierta confusión con los títulos de esta película. El
americano, 'Stuck in Love' ('Atrapado en el amor'), responde bastante
bien a lo que sucede; el título que aparece en la pantalla, 'Writers'
('Escritores'), explica quién son los protagonistas; el título
castellano, 'Un invierno en la playa', en cambio, no cuenta nada. Y
además no es cierto: la acción de esta comedia indie 100 por cien sucede
en un año en la playa, no en un invierno. Dejando de lado estos
matices, esta agradable comedia del debutante Josh Boone prueba la capacidad que tienen los americanos para hacer cine de la literatura.
El
amor es el motor que mueve a los tres escritores de esta familia:
William, el padre, un novelista de prestigio, sigue enamorado de su
mujer, casada desde hace dos años con otro hombre. Su hija Samantha odia
el amor y, mientras tanto, escribe novelas de sexo y de éxito. Rusty,
el hijo, descubre al mismo tiempo el amor, la decepción y la escritura.
Entre una cena de Acción de Gracias y la siguiente, estos personajes
vivirán una transformación que les llevará a un fnal no por previsible
menos conseguido. No hay nada como un poco de trasgresión para volver a apreciar los valores de la familia.
Autor: Nuria Vidal (Fotogramas)
lunes, 24 de junio de 2013
Crítica de 'Monstruos University'
Una de las cualidades que solemos encontrar en las producciones que merecen destacar es que estas no sólo aguantan el paso del tiempo, sino que incluso parece que como el vino mejoran de un año al siguiente. A cada nuevo visionado sus bondades para con el espectador se vuelven cada vez más sólidas, realzando el por qué son títulos que merecen ser destacados... simplemente, porque se lo merecen. Esto sucede con la mayor parte de los títulos de Pixar, entre ellos cómo no 'Monstruos SA', de la que más de diez años después presentan una precuela con la que reencontrarnos con Mike y Sulley, con la que descubrir "cómo" se conocieron. Hay quien dice que caer en el vicio de las secuelas es un indicio de una posible falta de ideas... tal vez, pero también hay quien dice muchas tonterías y le gusta hablar por hablar.
Pixar sigue siendo Pixar... hasta en sus peores películas, aquellas que hay quien desprecia por el simple hecho de ser tan "malas" como de "buenas" suelen ser las mejores de algunos de sus rivales que, por contra, incluso pueden llegar a ser relativamente aplaudidas a ese mismo nivel. Y es que el peor rival que tiene Pixar... es la propia Pixar, y el nivel de exigencia aparente que eso supone. Y eso es algo que quedo claro cuando estrenó hace un par de años 'Cars 2', excepción a la norma que aún siendo "lo peor" de la compañía no le tiene, prácticamente, nada que envidiar a cualquiera de las entregas de Madagascar o Ice Age. Más bien, lo contrario, porque aun con unos resultados (e intenciones) similares Pixar al menos apostó por cambiar un compás que DreamWorks Animation y Blue Sky copiaron de una secuela a otra (e incluso de película en película), haciendo de un filme "de carreras" una especie de reverso motorizado y para todos los públicos de James Bond.
Algo parecido viene a ocurrir con esta 'Monstruos University', una precuela completamente distinta al filme original que poco tiene ver con las secuelas a las que, por costumbre, se les da luz verde por simple inercia rutinaria. Directamente, 'Monstruos SA' no es una película que naciera ni con vocación de franquicia ni con la intención de ser la primera de nada. Más de diez años son los que han tardado Mike y Sulley en volver a la gran pantalla, y para cuando lo han hecho ha sido por un mejor motivo que el simple hecho de exprimir el bolsillo de las familias (empezando por el hecho de que los dos filmes son realmente para TODOS los públicos). Por supuesto, las cosas como son, y dentro del mundo capitalista en el que nos movemos nadie da un duro por peseta, y Pixar no ha producido está película de cara a la beneficencia. Pero eso no quiere decir que no haya puesto todo el mimo del mundo en ella, ofreciendo un espectáculo audiovisual de primer orden sumamente entretenido, sumamente divertido. Y técnicamente deslumbrante.
Sí, 'Monstruos University' sigue siendo una producción de Pixar, y la diferencia respecto a la competencia sigue siendo notable, especialmente en lo que a su atención al detalle se refiere. No obstante, como ya habrán notado por cierta actitud defensiva que se puede desprender de mis palabras, el resultado final no tiende a transmitir el entusiasmo de anteriores ocasiones. Y esto requiere de una explicación, además, muy sencilla... dejando al margen lo "excesivamente americano" que puede ser (inspirado directamente en los títulos universitarios del estilo a 'Animal House'), en 'Monstruos University' nos reencontramos con Mike y con Sulley, pero no con Boo. Atendiendo al primer filme, la parte emocional del mismo residía en la relación entre Sulley y Boo, y es precisamente este aspecto el que brilla por su ausencia en esta por demás recomendabilísima precuela: la relación entre Mike y Sulley es muy simpática, pero no es emotiva.
Este aspecto es la principal diferencia y el principal motivo por el que 'Monstruos University' se queda, en última estancia, algo por debajo de los grandes títulos de Pixar: porque aunque se disfruta mucho, con una sonrisa de oreja a oreja... no emociona, siendo una producción que, sencillamente, podría ser tildada simplemente de divertida y/o entretenida. Podría, y habrá quien lo haga como si de una producción de DreamWorks o Blu Sky se tratara. ¿Un título menor tal vez? Tampoco. Porque aún a falta de un pedazo de ese corazón que latía bajo la carcasa de Wall-E la cinta propone otros argumentos que hacen de la experiencia de volver a la escuela, quién lo diría, igualmente toda una delicia. No ya sólo por los personajes de Mike y Sulley (y algunos excelentes secundarios), sino también por su puesta en escena en donde, a través de un ritmo desenfrenado, brillan con luz propia el extraordinario empleo de la luz y el color, así como la soberbia banda sonora de Randy Newman. Entre otros.
¿Se acuerdan de la escena del mercado Troll de 'Hellboy 2'? Así es, en suma, 'Monstruos University' cuando en escena se convoca a todo tipo de criaturas. Un producto muy satisfactorio al que, si acaso, le podemos echar en cara que no sea una de las grandes de Pixar... que en la comparación con los grandes títulos de la compañía salga perdiendo. Quién sabe, igual simplemente es cosa del momento, igual sólo hay que darle un poco de tiempo: sin ir más lejos un servidor admite que, en su momento, no se sintió particularmente emocionado con 'Monstruos SA'... hasta que los posteriores visionados, el último de ellos apenas unas horas antes de ver esta precuela, la han situado en su sitio. Sea como fuere, ya hablemos de términos tan vacuos como la mejor o la peor, lo cierto es que 'Monstruos University' se disfruta, y mucho... como si lo fuera. Y además los incontables guiños hacia el espectador -atención a los cameos, en especial los que se producen al final- harán las delicias de los fans...
Pd. no se les ocurra llegar tarde al cine... se perderían el -para variar- excelente cortometraje que precede a la proyección, 'The Blue Umbrella'. No hace falta decir más.
Autor: Juan Pairet Iglesias (El Séptimo Arte)
Crítica de "Mi encuentro con Marilou"
En los últimos años, el cine de Jean Becker se ha convertido en algo tan supuestamente balsámico e impermeable a la sorpresa como ir a tomar el té a casa de una tía solterona: una suerte de chill out en versión original subtitulada, un chill out en forma de mesa camilla forradita de ganchillo, donde celebrar el eterno retorno de la redención, los afectos libres de los peligros de la lubricidad y la solidaridad inter-clasista con perfume de campiña. Mi encuentro con Marilou, adaptación de una novela de Eric Holder, autor del libro que inspiró la amanerada, pero algo más interesante Mademoiselle Chambon (2009), no perturba ese orden de cosas, pero aporta un inesperado toque de distinción: da la impresión de que, con esta película que reitera los últimos registros de su filmografía, Becker ha querido construir su propio parque temático portátil dedicado a sí mismo.
Tras auto-citarse de manera algo tosca –la protagonista llora de desafecto maternal al contemplar una conmovedora escena de Verano asesino (1982), película del propio Becker-, el cineasta parece querer engrosar su cancionero personal con el Goodbye, Marilou de Michel Polnareff, tras haber dado funcionalidad narrativa a Johnny Hallyday y Jean-Loup Dabadie en Dejad de quererme (2008) y haber levantado una película entera a partir de la Élisa de Serge Gainsbourg. Becker toca temas tan caros a sí mismo como los del renacimiento tras el aparente colapso existencial, el cruce de caminos entre personajes aparentemente antitéticos y la germinación del afecto en territorios inesperados, todo ello enmarcado bajo el clásico tema del pintor y la modelo: aquí, la musa devolverá la inspiración al artista convirtiéndole en padre simbólico y ocasional émulo de Charles Bronson en primera línea de playa.
Por supuesto, tanto el veterano Patrick Chesnais como una Jeanne Lambert, que sabe encarnar los conflictos de una adolescencia problemática sin caer en lo irritante, lo dan todo para manifestar a la persona tras sus respectivos personajes. Pero Mi encuentro con Marilou es una de esas películas que se esfuerzan en predicar al ya converso, en acariciar a un público ganado de antemano, en no plantear ni un conflicto, ni una idea problemática. En suma, el cine como masaje; la platea como un spa del espíritu; la película como balneario de hora y media.
Autor: Jordi Costa (Diario El País)
viernes, 21 de junio de 2013
Crítica de "El Hombre de Acero"
POPQUIZ, HOTSHOTS: ¿Qué es El Hombre de Acero? ¿Un conjunto de premisas inconclusas, vagas, difícilmente relacionables, y directamente chorras, salvadas por un descomunal y portentoso delirio visual, tangible, grave, dinámico? ¿O es quizás un íntimo viaje personal, rico en ideas sobre la educación, el poder, la moralidad y la herencia, coartado por un genérico espectáculo de acción dominado por la tradicional estructura Pitote Inicial, Objeto Clave, Secuencia de Acción, Explicar, Secuencia de Acción, Clímax de Megadestrucción Total, Select, Start?
¿Ein?
Yo no termino de aclararme y he visto la película hace dos días. ¿Cómo puedo hacerlo, si se trata de un film capaz de juguetear durante media hora con el experimentalismo (¡montajes fragmentados! ¡Kansas, según Malick!) y, minutos después y sin solución de continuidad, pasar a explicarte el origen de su protagonista DOS VECES? No puedo reconciliarme con un film con frases tan interesantes como “La moralidad es una desventaja evolutiva” y que abraza de manera declarada el género de la ciencia ficción, expandiendo sus horizontes, cuando media hora antes he sido testigo del despegue de siete naves con forma de polla –símbolo constante en la filmografía de su director–, en un Krypton tan reminiscente de Pandora que Cameron no sabe si meter una demanda o enviar un ramo de flores. ¿Qué demonios, en definitiva, hago ante una película con las pelotas de presentar una de las concepciones más complejas, dramáticas, razonables, violentas y arriesgadas de un personaje con 75 años de historia pero renuncia a explorar completamente, y como se merecen, las consecuencias de sus actos?
Tratándose de un film plagado de momentos de “esto es la hostia” seguidos de “sí, pero”, El Hombre de Acero casi me pide que tire una moneda al aire para decidir con qué me quedo. Lo que sí tengo claro es lo siguiente: la propuesta de DC, Warner Bros y Syncopy para el género de superhéroes es tan sofisticada, tan artística y autoral (y tan bonita) que implica, por cojones, honrosas derrotas que sus responsables no están dispuestos a asumir. La primera es el sacrificio del gran espectáculo en favor de alimento para nuestras almas, la elevación del género a un nivel prácticamente inalcanzable y digno de la herencia de su editorial madre. El precio a pagar es la marginalidad. Héroes verdaderamente alejados del gran público. Requiere narración sutil, delicada, DIFÍCIL, que se traduce invariablemente en menos dinero. Y no están dispuestos a aceptarlo, porque el precio es demasiado alto.
El Hombre de Acero es un film sobre la educación relacionada con el uso y ejercicio del poder, y la historia de un hombre cuya integridad, cuya capacidad legendaria para discernir el bien y el mal, están en proceso de desarrollo. Conocemos a Clark Kent/Kal-El (Henry Cavill), “último hijo de Krypton” como un vagabundo enfrentado a un fascinante dilema moral: obedecer su impulso natural de usar sus poderes por el bien de la Humanidad, como era el deseo de su padre biológico (Russell Crowe) o atender las ambiguas enseñanzas de su padre adoptivo (Kevin Costner), un granjero acostumbrado al conservadurismo y a la intransigencia de su estado natal de Kansas, quien le plantea la posibilidad de que, en algunos casos, en este mundo complejo, hostil –y profundamente militarizado– la vida humana es discriminable. Enfrentado a él se encuentra uno de sus últimos compatriotas, el general Zod (Michael Shannon), quien está libre de esa clase de dudas porque sus actos obedecen a la función que ha nacido para desempeñar: preservar a toda costa la vida kriptoniana, a costa de la conquista de nuestro planeta. Zod resuelve en un segundo la decisión más difícil de tomar. Kal-El ha tenido 33 años para decidir. Todavía no lo sabe. Y el tiempo apremia.
Perdonad que insista: si ahora os digo que esta clase de premisa se va a resolver con 60 minutos de explosiones, pensaríais que me he vuelto loco. Pero, ¿qué pensaríais si os digo que la violencia y militarización exhibidas en El Hombre de Acero –de lejos el film más letal de los seis– son de alguna forma pertinentes para el escenario que nos plantea el film (que entre dioses, la vida humana REALMENTE es discriminable) y con todo no termina de desarrollar esta noción, porque requeriría llevar al espectador a un lugar realmente oscuro y terrorífico? Lo intenta, eso sí. Y por ello también os digo otra cosa: creo firmemente que plantear siquiera estas cuestiones es un paso adelante para el género, aunque tropiece, se caiga por un barranco y se parta el cráneo.
El problema de la concepción es la falta de valor. El problema del film, en sí mismo, es la falta de Amor. Y no me refiero a la vertiente romántica. Amor por la vida. Veréis: cualquier idea de Superman que plantee a nuestro protagonista como un salvador de la Humanidad –y esta no es una excepción, por sombría que sea– requiere imperiosamente que Supes esté enamorado de nuestro planeta y la gente que vive en él. Y el film, que dedica tanto tiempo a plantearnos trágicos conflictos, es inusualmente mudo a la hora de demostrar a nuestro héroe que este mundo merece ser salvado (sobre el humor: prefiero una película sin chistes a una con chistes de mierda, y ésta tiene uno de esos al final que vale por cuatro). Estos momentos son aislados y llegan de la manera más inesperada: el momento más hermoso es un maravilloso acto de heroísmo desinteresado de Laurence Fishburne, quien aparece dos puñeteros minutos en el film. Sobre esta carencia, voy a poneros el mejor ejemplo que se me viene a la cabeza: nuestro héroe no confiesa sus temores a la mujer que le crió, único ancla vital que le queda. No, va a hablar con un cura. Porque el film prefiere canjear amor de madre por un tenso y forzado simbolismo religioso. La conversación, oh, sorpresa, acaba resultando irrelevante. Para un film que se vanagloria de presentarnos una súbita referencia a Platón, El Hombre de Acero pasa demasiado tiempo… en la caverna (“OMG ROFLCOPTER EPIC WIN, RAFA” “Gracias, gracias… ahora seguid leyendo”).
* (¿Sabéis a quién leía el Superman de Donner? A DICKENS)
Ya puestos con las preguntas. ¿Quién coño es Zack Snyder, versión 2013? La respuesta es “Mi versión favorita”. Un señor profesional entregado, consciente finalmente de sus (er, amplias) limitaciones y que ha terminado por consolidar un estilo cinematográfico de gran presupuesto, que al fin y al cabo es lo que ha elegido, lejos ya de Amanecer de los Muertos. Puedo contar media docena de imágenes silenciosas, descriptivas, cargadas de ideas e intención. También puedo detectar un salvaje uso y abuso del plano medio corto (encuadre a la altura del sobaco, contad, contad…) en las conversaciones pero, la verdad sea dicha y cuando el film se pone las pilas, hace uso de un abanico relativamente amplio de recursos visuales que posibilitan que el clímax final sea el episodio de devastación menos cansino que recuerdo –aunque, como viene siendo habitual, la mejor secuencia de acción, la más sorprendente y variada, transcurre a mitad de película–. En este film Snyder ha efectuado una de las transiciones estilísticas más salvajes que recuerdo a un director en años: reemplazando planos estáticos por una omnipresente cámara en mano, y sustituyendo imágenes etéreas por movimientos pesados, tangibles, que captan por vez primera en todo su esplendor la contundencia, la inercia y los efectos de los poderes de los que hace gala nuestro protagonista, lo que no es pecata minuta. Muuucho menos restringido de lo que me imaginaba, gracias a que sus competencias se han delimitado y puede dedicarse a lo que mejor sabe hacer. Voy a especular con que en este film se limita a explotar su faceta de creador de imágenes, liberado de carga de trabajo adicional, y cruza los dedos con la esperanza de que los dos guionistas hayan identificado los matices que requiere la historia, para que él no tenga que hacerlo. Cuando no sucede, por los motivos antes comentados, Snyder –esto sí– es manifiestamente incapaz de dar un golpe en la mesa y asumir el control del cotarro. Simplemente, le falta madurez (ver: pollas).
Todo lo dicho se aplica a los actores, comenzando por Cavill: afectados en mayor medida por la calidad con la que están escritos sus personajes; calidad relacionada con su importancia a la hora de resaltar el conflicto de nuestro protagonista. El joven actor británico tiene ante sí la temible labor de abordar a un Superman confuso y desorientado. Rara vez, sin embargo, tiene la oportunidad de demostrar calidez, admiración, nobleza, porque el propio personaje se lo impide. No, lo que me gana de él es la habilidad para ceñirse a la propuesta del film, Superman a medio camino de serlo. Su capacidad para añadir textura al personaje, cosa que se demuestra en su primera conversación con los militares, en la que es perfectamente consciente de que le falta la seguridad de la que algún día hará gala, y con todo intenta fingir una apariencia de confianza y valor. Como Garfield en Spider-Man, Cavill se adapta DE MARAVILLA a un modelo bastante revisionista de un personaje, y permanece a la espera de que los responsables se decidan a convertirle en una presencia dominante más allá del tiempo de pantalla.
Dominante es Crowe, que simplemente devora la película en los primeros 15 minutos y reaparece a mitad de metraje para alegría del espectador. Dominante es Costner, quien tira de arrugas para lidiar con el personaje más desagradecido de la función. Dominantes son Shannon –la agresión, por definición– y Antje Traue (ninja badass y verdadera portavoz de la ideología Kriptoniana de “Quien tiene el poder, tiene la razón”, quien valida todas las expectativas de quienes la vimos en Pandorum). Todos los personajes responsables de incrementar el conflicto de Superman me parecen verosímiles. No me lo parecen quienes deberían aliviarle del mismo. Hay una absoluta falta de química entre Cavill y Adams, cuyo carácter independiente, agresivo y dinámico tan bien definido en la primera mitad del film desaparece en el momento en el que se enamora perdidamente. Diane Lane, como ya expliqué antes, es la gota que colma el vaso: el personaje más decente, más incondicional, la que mejor comprende las capacidades de su hijo y va y desaparece justo en la peor ocasión:, cuando debe recordar al chaval por qué está peleando.
Dominante es Hans Zimmer. Nada más que decir.
Y así terminamos, con más preguntas que respuestas. Me pregunto que pensará Nolan, alma mater del nuevo rumbo DC. Él, que no quiere preguntas sencillas, pero que teme las respuestas complejas. Metódico para concebir las premisas, elemental en las herramientas para desarrollarlas (el TRAUMA, factor principal en la escena culminante con Costner, épica y ridícula a partes iguales). Es consciente de la existencia de grandes ideas, de la existencia de un mundo de fantasía heroica compatible con una realidad contemporánea y, en último caso, de la existencia de Gran Espectáculo, pero incapaz en estas últimas fechas de encajar correctamente los tres ámbitos. Decidido, con todo y pese a quien pese, a eliminar soluciones rancias, para crear problemas nuevos y avanzar el género, tropezón a tropezón. Hete aquí que, después de tantas expectativas, comentarios, esperanzas y decepciones, el extraordinario trailer terminaba con la pregunta clave y primordial. “What do you think”. Superman me estaba hablando a mí, al fin y al cabo.
Autor: Rafa Martín (lashorasperdidas)
Crítica de «Monstruos University»
Todavía hay quien discute si el tercer milenio empezó en el año 2000 o en 2001. En realidad, el cambio llegó con el estreno de «Monstruos S. A.». Puede que el Oscar de animación acabara en las toscas manos de «Shrek», pero la originalidad salvaje del argumento de Pete Docter y del resto de guionistas, con John Lasseter como productor, era muy superior al del resto de películas, con o sin dibujos.
La idea de unos monstruos obligados a asustar a los niños porque necesitan los gritos infantiles como combustible para alimentar su mundo iba mucho más allá de la típica vuelta de tuerca ingeniosa a algún cuento clásico o moderno. Aquel punto de partida era un hallazgo brutal, verdaderamente monstruoso.
Ahora nos llega «Monstruos University», una «precuela» en la que podemos ver a los mismos personajes, años atrás. La cinta se remonta al tiempo en que se conocieron James P. Sullivan y Mike Wazowski («ojito saltón») y sitúa aquel histórico acontecimiento en la Universidad para Monstruos, donde deben aprender el oficio de espantaniños, en otra feliz ocurrencia de la sabia gente de Pixar.
Una vez metidos en acción, se percibe el mimo con el que está pintada cada escena, los imperceptibles detalles de guión que enriquecen la cuidadísima imagen. Los chistes se suceden y la acción no decae, pero para el espectador curtido es difícil no reparar en un detalle: la trama principal no difiere en casi nada de la de cualquier película de superación, deportiva o no, que Hollywood produce con maestría técnica y, a la vez, con el piloto automático.
Hechas las presentaciones de los «nuevos» personajes, el público infantil se zampará todos los trucos del subgénero sin pestañear, se emocionará y temerá por el futuro de sus peludos héroes. Otra cosa será lo que ocurra con sus padres, tías y hermanos mayores. Estos sabrán demasiado pronto cómo acabará todo. La pasión infantil, esta vez, no será del todo compartida.
Autor: Federico Marín Bellón (Diario ABC)
Robert Downey Jr. renueva para ‘Los Vengadores 2 y 3′
Robert Downey Jr. retomará el papel de Iron Man / Tony Stark para dos nuevos films de Los Vengadores, según ha hecho oficial Marvel Studios. No volverá para protagonizar nuevas entregas de Iron Man, y su andadura en esta saga individualizada termina con Iron Man 3.
Con este anuncio, Marvel Studios da oficialmente por zanjado el espinoso tema de la renegociación salarial planteada por los actores integrantes de Los Vengadores, y para el que la renovación de Downey Jr. era capital. Como era de esperar, no se han publicado las cifras por las que se ha cerrado el acuerdo.
Autor: Rafa Martín (lashorasperdidas)
Estrenos de cine | 21 de junio | El hombre de acero y los monstruos de Pixar renacen
No hay que ser un experto para adivinar qué dos películas serán las que más público acerquen a las sales de cine en nuestro país durante los próximos días. La nueva versión de las aventuras del superhéroe más famoso de la historia en manos de Zack Snyder y la precuela de una de las obras maestras de Pixar se lo llevarán absolutamente todo. Dos esperados blockbusters para este inicio de veranos.
‘El hombre de acero’
Dirección: Zack SnyderIntérpretes: Henry Cavill, Russell Crowe, Kevin Costner, Diane Lane, Amy Adams, Michael Shannon, Laurence F
Sinopsis: Algo así como ‘Superman’ y ‘Superman II’ —versión Lester y versión Donner— juntas en una, más todo lo que hayan querido pillar de las numerosas series de televisión que se hicieron sobre el personaje, todo ello unido a la particular visión del personaje que tienen David S. Goyer y Christopher Nolan pasado por la cámara de Zack Snyder.
‘Después de mayo’
Dirección: Olivier Assayas
Intérpretes: Clément Métayer, Lola Créton, Félix Armand
Sinopsis: París, principios de los años 70. Gilles, un joven estudiante está inmerso en la efervescencia política y creativa de la época. Como sus compañeros, se debate entre el compromiso radical y sus aspiraciones más personales. Los encuentros amorosos y los descubrimientos artísticos conducirán a Gilles y sus amigos primero a Italia y posteriormente a Londres. A lo largo de ese viaje vital se verán obligados a tomar decisiones cruciales para encontrar su lugar en una época turbulenta.
¿Qué podemos esperar?: Assayas siempre es interesante, pero el chip con el que hay que ver una de sus películas es muy distinto al del film de Snyder por ejemplo.
‘Hannah Arendt’
Dirección: Margarethe von Trotta
Intérpretes: Barbara Sukowa, Axel Milberg, Jante McTeer, Julia Jenstch, Ulrich Noethen, Michael Degen
Sinopsis: Hannah Arendt, filósofa, pensadora y periodista, judía y exiliada en los Estados Unidos, es enviada a Jerusalén por The New Yorker a cubrir el jucio del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, quien es juzgado y condenado a muerte. Durante cuatro años, Hannah trabaja, marcada por la controversia, escribiendo un libro titulado “Informe sobre la banalización del mal”, el cual provoca inmediatamente un escándalo internacional.
¿Qué podemos esperar?: Cine reflexivo, polémico, con el nazismo como telón de fondo.
‘La Lapidation de Saint Étienne’
Dirección: Pere Vilà Barcelò
Intérpretes: Lou Castel, Marie Payen, Luis Rego
Sinopsis: Étienne es un anciano enfermo que vive rodeado de toda clase de objetos que ha acumulado a lo largo del tiempo. Son recuerdos de un pasado trágico que no quiere olvidar. Su soledad diaria, sin embargo, se ve atacada por el mobbing que hace Jeanne, la propietaria del piso donde vive, que junto con los vecinos y los servicios sociales tienen por objetivo echarle de su hogar
¿Qué podemos esperar?: Todo lo contrario a las películas de Snyder o Pixar, una película que muy probablemente nos deje destrozados.
‘Laurence anyways’
Dirección: Xavier Dolan
Intérpretes: Melvil Poupaud, Suzanne Clément, Nathalie Baye, Monia Chokri
Sinopsis: Laurence es un profesor de literatura que en su 30 aniversario declara su intención de convertirse en mujer entre el estupor de sus amigos e incluso de su novia, quien finalmente aceptará permanecer a su lado durante todo el proceso de cambio. El próximo curso Laurence enseñará por primera vez literatura en la piel de una mujer dando la bienvenida a una nueva y peligrosa vida en la que el peso del estigma social, el rechazo familiar y la incompatibilidad de la pareja acabará por dinamitar su vida.
¿Qué podemos esperar?: La premisa es interesante y Dolan es admirado en ciertos circuitos. Yo no me fío un pelo.
‘Mi encuentro con Marilou’
Dirección: Jean Becquer
Intérpretes: Patrick Chesnais, Jeanne Lambert, Miou-Miou, Jacques Weber, Xavier Gallais
Sinopsis: Taillandier es un conocido pintor de más de sesenta años que, a pesar de su éxito, decide dejar de pintar. Presa de la depresión, se va de casa sin dar una explicación a su familia y empieza a viajar. Durante su periplo conoce a una adolescente, Marilou, a la que su madre ha rechazado y se siente perdida.
¿Qué podemos esperar?: Comprobar de nuevo si por las venas de Jean Becquer sigue corriendo la sangre de su padre, director de algunas de las películas más importantes de la cinematografía francesa. La película parece contar la típica relación paterno filial.
‘Monstruos University’
Dirección: Dan Scanlon
Sinopsis: ‘Monstruos University’ es la precuela de ‘Monstruos, S.A.’ (‘Monsters Inc.’ Peter Docer, David Silverman, Lee Unkrich, 2001) y nos descubre cómo Mike y Sulley superaron sus diferencias y se convirtieron en los mejores amigos.
Autor: Alberto Abuín (Blog de cine)
jueves, 20 de junio de 2013
'Cincuenta sombras de Grey' ya tiene directora
Mucho tiempo ha pasado desde que el pasado mes de octubre se anunciase la contratación de Kelly Marcel —’Saving Mr. Banks‘ (id, John Lee Hancock, 2013)— para escribir la adaptación a la gran pantalla de ‘Cincuenta sombras de Grey‘, primera entrega de la célebre trilogía literaria que se ha convertido en el gran fenómeno editorial de los últimos años. Los rumores vinculando al proyecto a realizadores como Gus Van Sant, Darren Aronofsky o Joe Wright han sido incesantes, pero en Universal se han decantado finalmente por Sam Taylor-Johnson.
Sam Taylor-Johnson es conocida, además de por ser la esposa de Aaron Johnson, por haber dirigido ‘Nowhere Boy‘ (id, 2009), una aproximación a los años mozos de John Lennon que consiguió cuatro nominaciones a los premios BAFTA. Apenas había dirigido un cortometraje desde entonces, pero eso no ha sido obstáculo para que los mandamases de Universal hayan confiado en ella. Además, su fichaje no ha sido para allanar el camino de cara a una posible contratación de Aaron Johnson para dar vida a Christian Grey, ya que todo indica que no va a ser el caso.
Para aquellos que no conozcáis la novela original de E.L. James, ‘Cincuenta sombras de Grey’ nos contará la peculiar relación que surge entre Christian Grey, un excéntrico millonario aficionado al sadomasoquismo, y Anastasia Steele, una estudiante universitaria que cae fascinada ante el encanto del primero. Parece ser que Universal quiere que Felicity Jones —’Hysteria‘ (id, Tanya Wexler, 2011)— interprete a Anastasia, mientras que aún se mantiene la incógnita sobre el actor cuya carrera cambiará para siempre al convertirse en Christian Grey.
Autor: Mikel Zorrilla (Blog de cine)
Vía: The Wrap
'El hombre de acero', aceptable reinvención del mito
Hace apenas siete años del último largometraje en acción real que quiso revitalizar la importancia de Superman en el séptimo arte, pero ‘Superman Returns’ (id, Bryan Singer, 2006) sufrió una acogida tan gélida por parte del público que en Warner están haciendo todo que está en su mano por ignorar su existencia durante la campaña promocional de ‘El hombre de acero’ (‘Man of Steel’, Zack Snyder, 2013). Es una decisión bastante injusta —está muy lejos de ser el peor acercamiento cinematográfico al personaje—, pero comprensible si tenemos en cuenta la necesidad de minimizar riesgos de cara a conseguir cuantiosos beneficios de su inversión de 225 millones de dólares.
Todo aquel que me conozca un poco sabe que tengo muy poco aprecio hacia el personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster. Las peculiaridades detrás de su identidad humana —¿de verdad esperan que aceptemos que solamente con ponerse gafas ya nadie va a reconocerle?— tienen mucha importancia en ello, pero el exceso de poderes que tiene y lo ridículo que puede acabar siendo su talón de aquiles también tienen mucho peso. Entre eso y la escasa confianza como director que me transmite Zack Snyder —su mejor trabajo sigue siendo su ópera prima—, no tenía demasiadas esperanzas depositadas en ‘El hombre de acero’, pero al final, pese a sus claras limitaciones, he disfrutado más de lo que esperaba.
Reinventando a Superman
Mucho se ha hablado de la implicación de Christopher Nolan en ‘El hombre de acero’, quizá esperando que el regreso de Superman —correcto Henry Cavill— se acercase a la reciente trilogía sobre Batman, pero sobre todo haciendo una comparativa en base a la idea de que Zack Snyder no tenía capacidad de decisión alguna. Dejando de lado apuntes públicos como su oposición inicial a la escena final —¿Por qué cambiaría de idea cuando es una secuencia casi insultante que odié con todo mi corazón?—, es cierto que en ‘El hombre de acero’ se palpa mayor interés por los personajes de lo que suele ser habitual en el cine de Snyder y una intensidad dramática ocasional que puede inducir a dar más importancia a la presencia de Nolan de la que realmente tiene.
Estaba claro que en Warner no iban a dejar que Zack Snyder hiciera de las suyas tras el merecido batacazo económico de ‘Sucker Punch’ (id, 2011) —y sus dos cintas previas tampoco respondieron a las expectativas creadas—, algo que le ha forzado a no poder ser la estrella de ‘El hombre de acero’ y tener que esforzarse por ser el miembro importante de un equipo y no el líder al que nadie puede discutir. Eso sí, estoy convencido de que ‘Superman Returns’ no funcionó en taquilla porque era demasiado continuista con lo que ya nos había ofrecido Richard Donner casi treinta años antes, por lo que ‘El hombre de acero’ tarda bien poco en desmarcarse creando una nueva mitología alrededor del personaje y reduciendo al máximo la importancia de Clark Kent, su disfraz humano.
El antagonismo entre Superman y Zod —impecable Michael Shannon— se alimenta ya desde el notable prólogo, pero David S. Goyer se enfrentaba al reto de replantear los orígenes de Superman más allá del acierto de prescindir de Lex Luthor como el archienemigo por excelencia del superhéroe —y añadir infinidad de referencias para que ‘El hombre de acero’ sea la base sobre la que se asienten las posteriores adaptaciones de superhéroes de DC—. Para ello prescinde del avance cronológico de los hechos, dejando la infancia y adolescencia de Clark limitada a momentos clave en su desarrollo personal que son introducidos a través de breves pero efectivos flashbacks.
La fluidez entre los saltos temporales puede llegar a resultar discutible en un par de ocasiones, pero Snyder articula la narración con inesperada solvencia para que el espectador conecte con los protagonistas —gran trabajo el de Kevin Costner y Russell Crowe en este aspecto, aunque el segundo quizá aparezca más de lo necesario— al mismo tiempo que la historia va avanzando con pequeños trompicones, pero nada especialmente molesto. Todo ello sin echar a mano al uso desmedido de frases grandilocuentes —hay una escena clave, uno de los mejores momentos de ‘El hombre de acero’, que se resuelve con un simple gesto— o explayándose más de la cuenta en detalles que sólo servirían para dar más cancha a las inevitables comparaciones con ‘Superman’ (id, Richard Donner, 1978). Eso sí, los excesos no tardan en aparecer por otro lado.
Sobredosis de explosiones y destrucción
La épica es algo a lo que muchas películas aspiran y muy pocas consiguen, ya que cada vez está más extendida la idea de que para lograrla basta con inundar el relato con explosiones y la destrucción de edificios o monumentos emblemáticos. Lo cierto es que lo aparatoso tiende a ser un enemigo natural de la épica, más proclive a aparecer en el ansiado enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre los dos protagonistas o en una arenga para motivar a las tropas a darlo todo en una inminente batalla.
Por desgracia, ‘El hombre de acero’ apuesta por la moda actual y eso no sólo acaba aniquilando toda su épica, sino que termina convirtiendo a la segunda mitad del relato en una experiencia agotadora en la que uno simplemente desea que el desenlace llegue lo antes posible. Snyder ya había incidido en las posibilidades de la película como gran espectáculo durante la primera hora de metraje —la potente pero innecesaria secuencia con Cavill ejerciendo de improbable pescador—, pero, normalmente, con una relativa mesura que hacía mucho bien a las posibilidades dramáticas del relato, esas que se van de vacaciones durante la orgía de destrucción en la que acaba convirtiéndose.
La vorágine de efectos visuales está, eso sí, perfectamente integrada —y en ningún momento tiende a la confusión, un error habitual en estos casos—, mientras que Hans Zimmer ha compuesto una banda sonora sin un gran tema como la que tenía la de John Williams para la cinta de Richard Donner, pero que encaja como un guante para los objetivos de ruptura continuista de ‘El hombre de acero’ sin, como le ha pasado en no pocas ocasiones, inspirarse en exceso en trabajos suyos previos.
Son detalles a tener en cuenta, pero insuficientes para evitar que la película descarrile en lo emocional, ya que los personajes pasan a ser meros elementos de decoración —eficaz pero desaprovechada Amy Adams— o figuras golpeándose entre sí y destrozando todo a su paso. Tímida es la mejora cuando se enfrentan Superman y Zod, ya que el dilema moral que plantea el segundo —no deja de ser un guerrero cuya existencia se basa únicamente en la necesidad de la supervivencia de Krypton— debería haberse desarrollado más y mejor con anterioridad —las batallas con sus lacayos son demasiado extensas para lo que aportan— para conseguir el impacto buscado.
Es una pena que ‘El hombre de acero’ acabe convirtiéndose en una sucesión de escenas de acción redundantes entre sí con la errónea idea de que así iba a ser un espectáculo épico que nos tuviera en tensión en nuestras butacas. Hay varios aciertos, especialmente en su valentía a la hora de reinventar el mito de Superman, pero el bagaje final no va más allá de lo meramente aceptable.
Autor: Mikel Zorrilla (Blog de cine)
Fallece James Gandolfini
El actor James Gandolfini ha fallecido este pasado miércoles en Italia, donde se encontraba de vacaciones, a los 51 años de edad a consecuencia de un posible infarto, según han confirmado fuentes de HBO a Variety tras un avance proporcionado por Deadline Hollywood Daily. El NY Daily News informa de “un ataque cardíaco masivo”, citando fuentes cercanas al actor.
La cadena se ha visto capacitada para confirmar la muerte de Gandolfini dado que el actor todavía mantenía con ella una relación laboral, al término de su mítica etapa en Los Soprano. En el momento de su muerte, Gandolfini estaba inmerso en la preproducción de la miniserie Criminal Justice.
“Estamos consternados y sentimos una tristeza inconmensurable por la pérdida de un amado miembro de nuestra familia. Era un hombre especial que trataba a todo el mundo con el mismo respeto sin importar la posición que desempeñara. Nuestras condolcencias a su esposa e hijos durante este terrible momento”, indicó la cadena en un comunicado.
Autor: Rafa Martín (lashorasperdidas)
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