viernes, 20 de septiembre de 2013
¡Comienza el 61º Festival de Cine de San Sebastián!
Llamadme rara, pero para mí el curso no empieza hasta que termina el Festival de Cine de San Sebastián. Este año, del 20 al 28 de septiembre, el Zinemaldia llega a su 61º edición y aunque menos apoteósica que la edición anterior, el festival de categoría A de nuestro país, capitaneado por José Luis Rebordinos, promete cine del bueno y sobre todo, mucha diversión.
Y es que, así a primera vista, el festival otorgará su Premio Donostia a dos personajes de excepción: la actriz española Carmen Maura y el actor australiano Hugh Jackman. Y eso sólo es una minucia de lo que nos espera: 16 películas en la Sección Oficial, 17 títulos dirigidors por Nuevos Directores, otras tantas Perlas de otros festivales, y un largo etcétera.
Suena a mucho trabajo ¿no?. Y es que sólo en la Sección Oficial está compuesta por una selección de lo más variopinta en la que destacan títulos de autores consagrados como ‘Devil’s Knot’ de Atom Egoyan, ‘Enemy’ de Denis Villeneuve, ‘Mon âme pour toi guérie’ de François Dupeyron, ‘Quai d’Orsay’ de Bertrand Tavernier o ‘Le Week-Kend’ de Roger Michell. La sección la completan otros títulos igual o más de interesantes como las esperadísimas cintras españolas ‘Caníbal’ de Manuel Martín Cuenca, ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ de David Trueba o ‘La herida’ de Fernando Franco y otras como ‘Club Sandwich’ de Fernando Eimbcke, ‘For those who can tell no lies’ de Jasmila Zbanic, ‘Oktober November’ de Götz Spielmann, ‘Pelo malo’ de Mariana Rondón y ‘The Railway man’ de Jonathan Teplitzky.
Además, fuera de concurso se verán ‘Futbolín’ de Juan José Campanella —película encargada de inaugurar el festival—, ‘The young and prodigious T.S. Pivet’ de Jean-Pierre Jeunet —film de clausura— y ‘Las brujas de Zugarramurdi’ de Álex de la Iglesia como pase especial.
Como veréis no vamos a tener descanso y a mitad de festival os traeremos un resumen con lo más relevante, lo más comentado y sobre todo, lo que más llama la atención a público y crítica.
Autor: Lucía Ros (Blog de cine)
Estrenos de cine | 20 de septiembre | Jobs, Fórmula 1, animación española y polis muertos
Es viernes y eso significa fiesta. Y descanso. Y estrenos de cine. Todo felicidad. De entre las siete novedades de esta semana cabe destacar cuatro títulos de muy variado estilo: el biopic de un carismático empresario, un drama sobre la rivalidad de dos pilotos, una ambiciosa película española de animación y una comedia fantástica sobre muertos vivientes. Personalmente, la primera es la que más curiosidad me despierta pero no será la única que vea, ni mucho menos. Os animo a seguir leyendo porque hay una interesante oferta para todos los paladares.
‘Jobs’
Título original: ‘jOBS’. Dirección: Joshua Michael Stern. País: EE.UU. Año: 2013. Duración: 128 min. Género: Biopic, drama. Interpretación: Ashton Kutcher (Steve Jobs), Dermot Mulroney (Mike Markkula), Josh Gad (Steve Wozniak), Ahna O’Reilly (Chris-Ann), James Woods (Jack Dudman), J.K. Simmons (Arthur Rock), Lukas Haas (Daniel Kottke), Matthew Modine (John Sculley), Lesley Ann Warren (Clara Jobs), Ron Eldard (Rod Holt), Kevin Dunn (Gil). Guion: Matt Whiteley. Producción: Mark Hulme. Música: John Debney. Fotografía: Russell Carpenter. Montaje: Robert Komatsu. Diseño de producción: Freddy Waff. Vestuario: Lisa Jensen. Distribuidora: Tripictures.Sinopsis: La película narra la extraordinaria historia de Steve Jobs, el original innovador y emprendedor que no dejó que nada se interpusiera en su camino hacia la grandeza. La película cuenta la épica y turbulenta historia de Jobs mientras abría un camino que cambió la tecnología —y el mundo— para siempre desde su famosa compañía de la manzana, Apple.
¿Qué podemos esperar? Que Kutcher no haga de sí mismo y el guion no sea demasiado blandito.
‘Justin y la espada del valor’
Sinopsis: Ambientada en un mágico mundo medieval, la película nos habla de la constancia con que un chico persigue su sueño: convertirse en caballero. Justin vive en un reino que ha desterrado a los caballeros y está ahora gobernado por burócratas. Su sueño es llegar también a ser caballero, pero su padre, Reginald, alto consejero de la corte, pretende que su hijo siga sus pasos y se convierta en abogado. Asaltado por las dudas, Justin visita a su abuela, que le contará la verdadera historia de su abuelo: Sir Roland fue el caballero más noble del reino, y lo defendió con su vida hasta que fue asesinado por el malvado Sir Heraclio. Contra los deseos de su padre, Justin escapa en pos de su sueño iniciando así el camino para convertirse en caballero.
¿Qué podemos esperar? Que sea tan divertida como las tres primeras entregas de la saga ‘Shrek’. Padres, os va a tocar descubrirlo.
‘Rush’
Sinopsis: Ambientada en los años 70, durante la glamurosa y espectacular Edad de Oro de la Fórmula 1, la película retrata la historia real de dos grandes rivales: el apuesto playboy inglés, James Hunt, y su metódico y brillante oponente, Niki Lauda. Dentro y fuera de la pista, los dos pilotos se presionan a sí mismos hasta llegar al límite de su resistencia física y psicológica en un mundo donde no existen atajos hacia la victoria ni margen de error. Si cometes uno, mueres.
¿Qué podemos esperar? Con un poco de suerte, encontrarnos al Howard de ‘Apolo 13’ (‘Apollo 13’, 1995) y ‘El desafío: Frost contra Nixon’ (‘Frost/Nixon’, 2008). Los protagonistas no me inspiran demasiada confianza pero el guionista y el compositor seguro que ayudan a crear algo emocionante.
‘RIPD: Departamento de Policía Mortal’
Título original: ‘R.I.P.D: Rest in Peace Department’. Dirección: Robert Schwentke. País: EE.UU. Año: 2013. Duración: 97 min. Género: Acción, comedia. Interpretación: Ryan Reynolds (Nick), Jeff Bridges (Roy), Kevin Bacon (Hayes), Stephanie Szostak (Julia), Mary-Louise Parker (Proctor), Marisa Miller (avatar de Roy), Robert Knepper (Stanley), James Hong (avatar de Nick). Guión: Phil Hay y Matt Manfredi, basado en el cómic de Peter M. Lenkov. Producción: Neal H. Moritz, Mike Richardson y David Dobkin. Música: Christophe Beck. Fotografía: Alwin Küchler. Montaje: Mark Helfrich. Diseño de producción: Alec Hammond. Vestuario: Susan Lyall. Distribuidora: Universal Pictures International Spain.
Sinopsis: Jeff Bridges y Ryan Reynolds interpretan a dos policías “no-muertos” que trabajan en el departamento Rest In Peace, ubicado en el Más Allá. Su misión es proteger a este mundo de una serie de criaturas que se niegan a pasar tranquilamente al otro lado.
¿Qué podemos esperar? Una vulgar copia de ‘Hombres de negro’ (‘Men in Black’, Barry Sonnenfeld, 1997), cambiando alienígenas por fantasmas. Las críticas han sido nefastas aunque ya sabéis lo que opino de eso.
‘Incondicional’
Título original: ‘Unconditional’. Dirección y guion: Brent McCorkle. País: EE.UU. Año: 2012. Duración: 92 min. Género: Drama. Interpretación: Lynn Collins (Samantha Crawford), Michael Ealy (Joe Bradford), Bruce McGill (detective Miller), Kwesi Boakye (Macon), Diego Klattenhoff (Billy), Cedric Pendleton (Anthony), Emily Rollins (Samantha de niña). Producción: Jason Atkins y J. Wesley Legg. Música: Brent McCorkle y Mark Petrie. Fotografía: Michael Regalbuto. Montaje: Brent McCorkle. Diseño de producción: Kay Lee. Vestuario: Jade Rain. Distribuidora: European Dreams Factory.
Sinopsis: Samantha tiene una vida de cuento: está felizmente casada, vive en la tranquilidad del campo y las historias que escribe y dibuja desde que era niña se han convertido en libros de éxito. Pero un día, la idílica historia da un giro de 180 grados: su marido, Billy, es asesinado. Habiendo perdido las ganas de vivir, se reencuentra con un viejo amigo de la infancia, y se unen de nuevo por un objetivo común. El film está basado en la historia real del conocido como “Papa Joe” (¿?).
‘Thérèse D.’
Título original: ‘Thérèse Desqueyroux’. Dirección: Claude Miller. País: Francia. Año: 2012. Duración: 110 min. Género: Drama. Interpretación: Audrey Tautou (Thérèse D.), Gilles Lellouche (Bernard), Anaïs Demoustier (Anne), Catherine Arditi (Sra. de la Trave), Isabelle Sadoyan (tía Clara), Francis Perrin (Sr. Larroque), Jean-Claude Calon (Sr. de la Trave). Guion: Claude Miller y Natalie Carter, adaptado de la novela ‘Thérèse Desqueyroux’ de François Mauriac. Producción: Yves Marmion. Música: Mathieu Alvado. Fotografía: Gérard De Battista. Montaje: Véronique Lange. Dirección artística: Laurence Brenguier. Vestuario: Jacqueline Bouchard. Distribuidora: Golem.
Sinopsis: La película transcurre en un entorno burgués y provinciano de los años 20 y se centra en Thérèse Desqueyroux, una mujer casada por obligación que se ahoga bajo el peso de las convenciones de su clase social, y hará todo lo posible por tener una vida plena…
¿Qué podemos esperar? Que aproveche el material de partida —previamente trasladado a la gran pantalla por Georges Franju—. Tautou ya es suficiente motivo para ir a verla pero además es la última película de Miller, fallecido el año pasado.
‘Para Elisa’
Dirección y guion: Juanra Fernández. País: España. Año: 2013. Duración: 74 min. Género: Terror, thriller psicológico. Interpretación: Ana Turpin (Elisa), Luisa Gavasa (Diamantina), Ona Casamiquela (Ana), Jesús Caba, Sheila Ponce, Enrique Villén, Pep Antón Muñoz, Pablo Viña. Producción ejecutiva: Jordi Carbonell. Música: Pascual Vázquez. Fotografía: David Valldepérez. Montaje: Álex Carbonell. Dirección artística: Daniel Jarque. Vestuario: Miguel Ángel Milán. Distribuidora: Splendor Films.
Sinopsis: Subir una escalera, entrar en el tercero izquierda, avanzar por un pasillo acompañada de una dulce melodía infantil, tomar un té con pastas y conocer a una inocente niña a la que cuidar puede ser el principio de una tarde cualquiera para una joven estudiante universitaria. Pero si al atravesar el umbral de esa puerta te adentras en la boca del mal, en la casa de Diamantina, en el salón de juegos de Elisa, y te conviertes en el juguete de una desequilibrada, entonces ya no es una tarde cualquiera, es la última tarde…
¿Qué podemos esperar? Cualquier cosa. He visto el tráiler para hacerme una idea y el principio es bochornoso —los actores recitando, problemazo habitual— pero a partir de que suena Beethoven da un giro bastante bestia… mejor que lo veáis. Para fans de las propuestas sangrientas.
Autor: Juan Luis Caviaro (Blog de cine)
'Rush', la mejor película de Ron Howard
Nunca he sido un gran seguidor del cine de Ron Howard, ya que es cierto que ha demostrado cierta facilidad para abordar temáticas de lo más diversas, pero nunca ha conseguido que ninguna de sus películas me interesara más allá de considerarla como una forma aceptable de combatir lo que parecía que iban a ser un par de horas de aburrimiento. De hecho, ‘The Paper’ (1994) fue durante bastantes años mi trabajo favorito suyo, pero a duras penas recuerdo algo de lo que sucedía y aún menos cualquier detalle sobre su trabajo de puesta en escena.
Sin embargo, en 2008 estrenaba ‘El desafío: Frost contra Nixon’ (‘Frost/Nixon), acercamiento a la emblemática relación entre el periodista David Frost y Richard Nixon cuando este último aceptó ser entrevistado por el primero, siendo la primera vez que el segundo hacía declaraciones tras su dimisión como presidente de los Estados Unidos. No era una película ni mucho menos perfecta, pero sí que tenía varias escenas apasionantes y unas grandes actuaciones de sus dos protagonistas. Todo indicaba que con ‘Rush’ (2013) iba a repetir esa fórmula –mismo guionista, historia con similitudes y basada en hechos reales, etc.—, pero el resultado es incluso más satisfactorio, convirtiéndose así en la mejor película de Ron Howard hasta la fecha.
Dos rivales contrapuestos
El antagonismo entre héroe y villano es una de las claves de muchos relatos, pero es bastante habitual que se recurra a describir al segundo como alguien muy similar al héroe —su mentor, su mejor amigo, su padre, etc.— que en algún momento se desvío de la senda correcta. No tengo nada en contra de esa tendencia, pero encuentro mucho más estimulante la opción de que sean como la noche y el día y que su único auténtico punto de encuentro sea la necesidad de conseguir lo mismo. Eso sí, luego hay que desarrollarlo bien y tampoco hace falta que uno represente a las fuerzas del bien y otro a las del mal. Esto es lo que sucede en el caso de ‘Rush’ y le sienta de fábula.
El guión de Peter Morgan, que ya escribió ‘El desafío: Frost contra Nixon’ y también una interesante e inusual especie de trilogía centrada en la figura de Tony Blair, vuelve a prestar su talento y manías a Ron Howard, y lo cierto es que no hay grandes sorpresas en su libreto, ya que sigue la tónica habitual de lo que nos ha venido demostrando hasta ahora: Un retrato certero de sus dos protagonistas y la relación entre ellos, cierto desinterés en los secundarios, cuya importancia prácticamente se limita a dar más matices a uno de los personajes principales. El bagaje es que da lo mejor de sí mismo cuando Chris Hemsworth y Daniel Brühl comparten escena, pero hay evidentes bajones de interés cuando cada uno va por su lado.
Sin embargo, estos bajones son menos graves de lo que me esperaba gracias al notable trabajo de sus dos protagonistas y el sabio manejo de Morgan para ir saltando de un punto de vista a otro, algo loable, ya que lo más sencillo habría sido optar por priorizar al personaje de Hemsworth y villanizar en exceso al de Brühl. No es que no se transmita esa ocasión en determinados momentos —y a veces molesta al asociar el ser tener una mente brillante y ser calculador con poco menos que ser malvado—, ya que la simpatía y aperturismo de
La victoria por encima de todo
Recuerdo que una de las primeras cosas que hice al anunciarse el proyecto fue acudir a la wikipedia para saber lo que pasó en la rivalidad entre Hunt y Lauda durante 1976, pero afortunadamente había olvidado por completo lo sucedido cuando me dispuse a ver ‘Rush’. Digo esto porque conocer de antemano el resultado se carga la emoción que consigue transmitirnos Ron Howard a través de su efectivo, vistoso y para nada excesivo —y eso es todo un logro teniendo en cuenta que ha de mostrar varios accidentes— retrato de una carrera de Fórmula 1, un deporte que cada vez más está evolucionando hacia una peligrosa sensación de rutina.
Uno de mis grandes problemas con el cine de Ron Howard es que su trabajo de puesta en escena siempre me ha dado la sensación de ser excesivamente impersonal, no teniendo él ningún problema en abrazarlo directamente o en apostar por una molesta corrección que impedía que la película llegase a despegar. Aquí eso sólo sucede de forma parcial —hay situaciones en las que se echa totalmente hacia atrás y deja que sean Hemsworth y Brühl los que realmente brillen—, ya que resulta muy agradable ver cómo por un lado recurre a ciertos excesos —desnudos, gore realista, etc.— y por otro se ayuda del montaje para ir aumentando la emoción en las carreras hasta rozar la épica en el último gran premio.
De hecho, los detalles formales menos logrados —algo excesiva la utilización de la voz en off— seguramente sean heredados del libreto de Morgan, ya que, sin ser del todo brillante, Howard demuestra lo buen director que puede ser en ‘Rush’. Con todo, siguen siendo Hemsworth y Brühl las auténticas estrellas, aunque justo es reconocer que el trabajo del segundo está por encima del de Thor. Su convincente transformación física, el muy efectivo cambio de su tono voz para asemejarse más a la de Niki Lauda y la ya sabida superioridad de talento interpretativo decantan la balanza a su favor, aunque eso no quiere decir que Chris Hemsworth esté mal o sea desbordado en los momentos que saltan chispas entre ambos, pues soluciona con nota la papeleta gracias a que Hunt es más pasional y Lauda más cerebral.
Decir que ‘Rush’ es la mejor película de Ron Howard tampoco es decir mucho viniendo de mí, pero sí que es una propuesta suficientemente estimulante en todos sus frentes como para poder ser más benévolo con sus evidentes defectos. Tampoco creo que vaya a pasar a la historia y lo más seguro es que caiga en un olvido más o menos pronunciado dentro de no más de cinco años, pero entonces será uno de esos muchos títulos que sin ser brillantes merecen ser reivindicados, así que mejor hacerlo directamente desde ya mismo.
Autor: Mikel Zorrilla (Blog de cine)
lunes, 16 de septiembre de 2013
Crítica de "Cazadores de Sombras: Ciudad de Hueso"
Ya lo hemos comentado muchas veces, pero con la desaparición de Harry Potter y Crepúsculo del panorama cinematográfico se ha abierto una vacante para la aventura fantástica juvenil. Más bien dos vacantes, una para un cine más centrado en la propia aventura y el camino del héroe, espacio que ha ocupado con relativo acierto la saga Los Juegos del Hambre, y otra donde lo esencial es la historia de amor, de corte más romántico, que de momento no ha tenido ningún contendiente serio. Cazadores de Sombras viene a ocupar ese espacio a partir de otra saga literaria de bastante éxito y no lo disimula un ápice.
Cazadores de Sombras (libro) se publica, concretamente, dos años después de la primera entrega literaria de Crepúsculo, ya en plena fiebre vampírica y con la primera película en marcha. No he leído el libro, pero viendo la película y suponiendo que ésta sea coherente con el material original, se nota que aquí ha habido una labor exhaustiva por dar con la fórmula definitiva para el éxito juvenil uniendo, por un lado, la mencionada Crepúsculo, y por otro, la adorada Star Wars. Y cuando hablo de éxito me refiero, por desgracia, al económico.
La historia gira en torno a una chica que, ya cercana a la mayoría de edad, comienza a visualizar un extraño símbolo y a dibujarlo constantemente, un símbolo que no es sino el primer síntoma de que ella es sensible a un mundo sobrenatural oculto a ojos nuestros, vulgares mortales (a los que se da otra denominación étnica despectiva a lo Harry Potter). Que ella revele esa sensibilidad desata el interés de de un grupo de cazadores de sombras (sobre todo de uno de ellos), herederos de un linaje destinado a mantener un equilibrio entre las fuerzas del bien y del mal. El amor surgirá entre la intrépida muchacha y el famélico y andrógino guerrero. Sin querer destripar la trama en exceso, digamos que se mantiene el tono romántico lleno de criaturas mitológicas al estilo Stephenie Meyer (vampiros y hombres lobo están presentes) y que poco a poco va incluyendo un cantosísimo desarrollo de los acontecimientos calcado a la principal trama de Star Wars.
Esto no tiene por qué ser malo si se hace bien. Hoy día no hay narración que no esté influenciada o conscientemente inspirada en otra anterior o en ciertos arquetipos universales. Pero los referentes hay que manejarlos con cierto cuidado, buen gusto y, por qué no decirlo, respeto. Aquí, esa nada velada referencia al universo de George Lucas es excesivamente obvia, tanto en el conflicto principal como en la forma de revelarlo. Una falta de cuidado debida, quizás, al hecho de que el público al que va dirigida la película ya tenga Star Wars como una cosa “de viejos” que ni siquiera han visto. Es algo que pasa en todas las generaciones pero, como digo, inspirarse o incluso copiar también requiere de buen gusto y esfuerzo. Aquí hay momentos donde ambos aspectos escasean de forma alarmante.
Pero ese acomodo creativo no afecta sólo al calco, sino que se nota también en la dejadez a la hora de construir ciertas escenas. No descubro nada si digo que en esta peli hay beso. El beso. Pero esa escena, que debería ser romántica, espectacular y, por qué no, erótica, está tan llena de clichés ñoños que acaba pareciendo una parodia. Ahí va: Mientras bajan una escalera de caracol de hierro forjado en un jardín espectacular se da un “que te beso, pero me contengo, pero ahora te como la boca hasta relamer tus paluegos más profundos” muy lamentable, seguido de ojitos de cordero apasionado, flores mágicas que se abren justo en ese momento y riego artificial que empapa a los amantes mientras hacen “jijiji” “jojojo” (metáfora de “la tengo gorda como el muslo de un chiquillo”). Todo ello culminado con la balada rockera emo más chunga disponible. En serio, había risas en la sala.
Sin ser tan descarado otras muchas escenas recurren a lo fácil, muchos momentos se resuelven por oportunas casualidades y determinados momentos inquietantes son obviados por los personajes por motivos que sólo Dios sabe (cierta mordedura de vampiro que aparece por ahí).
Y debo decir que es una pena porque el arranque de la película, aunque no sea muy novedoso, al menos es digno y eficaz. La presentación de los personajes no está mal, especialmente una protagonista cuyo tratamiento huye bastante del estereotipo de heroína blandengue visto tanto en la saga Crepúsculo como en The Host. Lo que mueve a la protagonista no es el amor por un hombre, sin que tampoco haya necesidad de obviarlo. Pero cuando llegamos al antagonista y los secundarios, y eso que en la película se han esforzado por escoger un muy digno casting (Jonathan Rhys Meyers, Lena Headey o Jared Harris están en el reparto), vuelve la flojera.
La sensación es la de otra oportunidad perdida de hacer del cine fantástico y de corte romántico algo digno y reivindicable, que no parezca siempre un producto prefabricado para adolescentes poco exigentes. Quizás se puede decir que no es víctima de desarrollos delirantes como si pasaba en Crepúsculo (si bien ese era un aliciente para que los abochornados la disfrutasen como comedia involuntaria, que no es poco), pero hay que reconocer, después de tanto mencionarla, que carece de la personalidad de ésta porque, delirante o no, Crepúsculo ha sido el referente y las demás las imitadoras. Stephenie Meyer, quizás como Michael Bay, ha conseguido hacer llegar la autoría al terreno de lo hortera, hacer identificable su sello personal en un contexto de literatura y cine aparentemente prefabricados y de consumo descerebrado. Ahí queda eso.
Autor: Javier Ruiz de Arcuate (lashorasperdidas)
Taquilla USA: James Wan vuelve a triunfar con terror
Aún no hace mucho que James Wan me divertía con el excelente cuento de terror ‘Expediente Warren. The Conjuring’ (‘The Conjuring’, 2013), que también había triunfado en la taquilla estadounidense, y ahora el director de Malasia vuelve a lo más alto del top tena con ‘Insidious: Capítulo 2’ (‘Insidious: Chapter 2’, 2013), continuación de la estimable anterior entrega —con la que algunos se resistieron a ver lo evidente, que Wan es el director más a tener en cuenta dentro del maltratado cine de horror—. La crítica no está muy contenta, pero el público votante en la IMDb está bastante satsifecho. El 25 de octubre se estrena la película en nuestros cines y podremos juzgar.
En segundo puesto se coloca ‘Malavita’ (‘The Family’, Luc Besson, 2013) es el nuevo trabajo del director francés más popular que existe en la actualidad y que lleva diciendo años que se retira —lo dicen tanto…—. Robert De Niro y Michelle Pfeiffer —dos motivos más que suficientes para ver la película— encabezan el reparto del film que versa sobre una familia de gangsters que están en Europa bajo un programa de protección de testigos. Críticas flojas y público votante un poco más permisivo. El film llegará a nuestras pantallas el próximo 22 de noviembre.
Autor: Alberto Abuín (Blog de cine)
Vía: IMDb
'Asalto al poder': Érase una vez en la América de Roland Emmerich
Valorar una película de Roland Emmerich siempre es algo muy difícil. Rara es la ocasión en la que a cualquier hora del día o de la noche podamos decir que son buenas… pero también es rara la ocasión en la que, con la cara cubierta ya sea de día o de noche, no podamos decir que no hemos disfrutado de alguna manera con ellas. 'Godzilla', 'El día de mañana', '2012'... títulos que podríamos considerar como placeres culpables. Y eso mismo es ‘Asalto al poder’, la definición perfecta de lo que vendría a ser el buen mal blockbuster veraniego. O el mal buen blockbuster veraniego, si se prefiere. De ese tipo de películas que están pensadas para el disfrute de la audiencia, ya sea para hacerlo con ellas o a costa de ellas. Y viva manque pierdan. ‘Asalto al poder’ se puede disfrutar, y mucho. Todo lo demás, en realidad, es lo de menos.
¿Qué se puede decir de una película como 'Asalto al poder'? Hace poco me comentaron que me tomaba demasiado en serio lo de que “una película se tome en serio o no a sí misma”, algo que por otro lado suelo considerar muy relevante a la hora de valorar una película. Pero, ¿y qué es para un servidor que una película se tome en serio (o no)? Para un servidor es, sencillamente, que una película sea consciente de qué tipo de película es y de cuales son sus posibilidades. Es algo que, lo dicho, suelo considerar relevante... menos en casos como el que nos ocupa. Porque desconozco si Roland Emmerich se toma en serio a sí mismo, a su cine o a la vida misma. Me da lo mismo. Uno se lo puede pasar bien con él, en ocasiones o a ratos incluso muy bien. Aunque no sea un autor respetado a lo Guillermo del Toro... por más que su huella sin sangre y apta para todo los públicos sea, igualmente, inconfundible hasta en sus dos peores (y más prescindibles) producciones, 'Independence Day' y '10.000'.
Puede que Emmerich no haya aprendido lo que podría haber aprendido durante los 30 años que lleva haciendo cine, pero al menos si sabe hacer que su audiencia, importante, se sepa importante. Y que disfrute. Al fin y al cabo, ya sea en serio o en broma, ¿qué se puede decir de una película que a los pocos minutos introduce la Casa Blanca como “ese edificio que explotó en Independence Day"? Emmerich guiñándose a sí mismo, y con ello a sus fans, que los tiene, y a los que tengan a bien no incurrir en la amargura que supone no dejarse llevar por lo que, en resumidas cuentas, vendría a ser un remedo industrializado de 'La jungla de cristal' que demanda no buscarle tres pies al gato. Porque al igual que 'Gozdilla' y '2012' este nuevo ataque a la Casa Blanca por parte del director germano no destaca, precisamente, por aquello en lo que prácticamente nunca ha destacado el cine de este director germano, no al menos desde que Emmerich es Emmerich... para los amigos y los enemigos.
Nos referimos a, por supuesto, su credibilidad. Hay películas que buscan el realismo; hay películas que buscan aparentar realismo; y hay otras a las que, de la mano de gente como Emmerich, les traen al fresco el realismo. Porque como quien dice, nunca permitas que la realidad te fastidie una buena ficción. Y 'Asalto al poder' es una ficción que en su vacuo intento por distraer ofrece durante dos horas largas una vacua distracción a base de tiros, peleas y acción concebidos casi como si fuera un videojuego. Para entendernos, una película del estilo a ese 'Air Force One' que convirtió a Harrison Ford en Presidente de Estados Unidos y héroe de guerra. ¿Quién dijo miedo? El único respeto posible es a la bandera, por supuesto, mientras que en esta otra muestra del subgénero "sala de crisis" es Jamie Foxx quien se viste de Presidente y Channing Tatum de héroe, los dos sobrados siendo este último al que le toca coger un toro por los cuernos al que Foxx observa desde el burladero en la mayoría de ocasiones.
Roland Emmerich tiene nombre, y es Roland Emmerich. Por algo se le conoce, y si por algo se le conoce es por películas como 'Asalto al poder', a la que lo único que podemos echar en cara son sus 150 millones de presupuesto, un gasto excesivo que la condiciona a convalidar durante la marcha giros de guión con giros (y explosiones) digitales. A la pregunta parece de obligada respuesta, 'Objetivo: La Casa Blanca' fue el aperitivo, mientras que 'Asalto al poder' es el plato fuerte. Una estupidez, probablemente… bueno, seamos sinceros. 'Asalto al poder' es, directamente, una estupidez… pero es una de las estupideces más disfrutables que nos ha dejado el año. Estúpida, sí; excesiva, también; pero a mucha honra y con tanto orgullo que, no cabe duda, es una de esas ocasiones en las que, sin ser un filme realmente logrado (en su especie o fuera de ella), sí se aconseja dejar el espíritu crítico a un margen. Al fin y al cano es una de Emmerich. Y Emmerich está por encima del bien y del mal.
Autor: Juan Pairet Iglesias (El Séptimo Arte)
Crítica de "La Gran Familia Española"
Si algo caracteriza el cine de Daniel Sánchez Arévalo es esa constante de retratar a los seres humanos como individuos emocionalmente torpes, especialmente los hombres. Como en todo habrá excepciones, pero hay que reconocer que ese mezcla entre cierta inmadurez que lleva a la idealización de determinados amores (sean de pareja, familiares o de amistad) y el miedo a estropear lo que uno quiere es muy de tío. Si cada una de esas cosas ya es mala, juntas nos condenan al desastre y al final sólo queda lidiar con ello de la forma más positiva posible.
La Gran Familia Española es, por decirlo así, la forma de reconcentrar esa visión en sus diferentes variantes masculinas en una sola unidad familiar. Una familia liderada por un patriarca entrañable que vive aferrado a un amor que se separó de él hace ya bastantes años. Un amor y una visión del mismo, que ha marcado a todos sus hijos, especialmente al más joven, que desde pequeño sueña con casarse con su amor de toda la vida y que, cumplidos los 18, está a punto de hacerlo. Para él es la forma de cerrar un círculo con la esperanza de que eso arregle todo. Para colmo la boda coincide con la final del Mundial de 2010, con España a un tris de convertirse en campeona del mundo. Si un hombre español medio es torpe emocional, con fútbol de por medio…
De todas formas lo del fútbol es más una excusa que adorna el contexto de la historia que un recurso realmente relevante. Tal y como ha comentado el director en más de una ocasión, esa victoria sirvió de alguna manera para infundir esperanza y hacer ver que las ilusiones pueden no ser reales, pero en ocasiones se cumplen, y sólo por eso merece la pena alimentarlas. Aunque quizás es también un placebo para paliar el deplorable estado de un país y de esta familia en particular. Una familia desastrosa, con cinco hermanos que da penica verlos y que sobrevive gracias al cariño y a esa visión idealizada e inocente de determinadas realidades emocionales.
Esa concentración de elementos es una idea válida pero algo forzada. El hecho de poner en marcha los conflictos y resoluciones de los mismos en a las poco más de dos horas que dura el partido, implica jugársela bastante y formar un batiburrillo de tramas que no siempre van en armonía aunque todas impliquen a personajes superando barreras emocionales. En los anteriores títulos también estaba presente ese baño de realidad que derivaba en un aprendizaje vital, pero era algo que respiraba más en el universo de la propia película y los acontecimientos tenían un desarrollo más orgánico.
También hay una secuencia, la de la propia boda, que imagino que va a polarizar al público. Sánchez Arévalo se marca un homenaje a la peli que ha marcado a esta familia a modo de videoclip con una boda más cool que una reedición de unas Air Jordan. Todo al ritmo de la canción de Calvin Harris que hemos oído hasta la saciedad en la publi de Vodafone. Una puesta en escena y un montaje tan distintos al resto de la película, que por un momento parece que sea una ensoñación del novio. Pero no, es la boda y chirría mucho, en serio.
Ahora bien, estos problemas de saturación y elementos disonantes no arramplan con las virtudes de la película. Como en toda buena comedia, la acumulación de tensión y el puteo y ridículo de los protagonistas es algo que juega siempre a favor, y aunque esa situación sea pelín inverosímil por excesiva, a nivel cómico funciona como un reloj suizo. El manejo de los tiempos para ir dando mayor intensidad tanto al lado cómico como al dramático conforme nos acercamos al final es estupendo. Como ejemplo, la estupenda secuencia de montaje en paralelo de la segunda mitad, que se resarce del patinazo de la de la boda y que sacará la carcajada de la sala.
Luego está el apartado actoral. No sorprende nada ver a gente como Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Antonio de la Torre o Roberto Álamo clavar sus papeles, pero la buena mano de Sánchez Arévalo con los actores, hace que, por ejemplo, los cuatro actores más jóvenes, Patrick Criado, Sandra Martín, Arantxa Martí y Sandy Gilberte, brille con luz propia a la altura del resto. También en este aspecto hay algunos secundarios como la abuela en silla de ruedas o la prima chony, personajes muy de boda, que sirven como alivios cómicos cojonudos en el momento perfecto.
La película va remontando y la torpeza del comienzo se va puliendo hacia el final. Cuanto más están al borde del desastre los protagonistas más natural fluye todo, más divertida resulta y más se gana los galones. Es como esa final contra Holanda en la que la épica se impone a las hostias y, aunque haya que llegar a la prórroga, el triunfo sabe a gloria. Aunque le cueste, la película te hace reír, te toca la patata y respira una verdad emocional que poquitas consiguen. Una estrellita más para la camiseta.
Autor: Javier Ruiz de Arcuate (lashorasperdidas)
viernes, 13 de septiembre de 2013
Fallece Ray Dolby, leyenda del sonido
El ingeniero de sistemas de sonido Ray Dolby, inventor de la tecnología de reducción de ruido y el sonido Surround, entre otros, ha fallecido a los 80 años de edad, según informó la propia compañía este jueves.
Dolby, nacido en Portland, fallece con más de 50 patentes en su poder, y dos Oscar por avances científicos y técnicos, gracias a la introducción doméstica del sonido Surround, multicanal, en el primer paso para convertir, al menos en el plano sonoro, nuestros hogares en una sala de cine.
Autor: Rafa Martín (lashorasperdidas)
Crítica de "La Gran Familia Española"
Si algo caracteriza el cine de Daniel Sánchez Arévalo es esa constante de retratar a los seres humanos como individuos emocionalmente torpes, especialmente los hombres. Como en todo habrá excepciones, pero hay que reconocer que ese mezcla entre cierta inmadurez que lleva a la idealización de determinados amores (sean de pareja, familiares o de amistad) y el miedo a estropear lo que uno quiere es muy de tío. Si cada una de esas cosas ya es mala, juntas nos condenan al desastre y al final sólo queda lidiar con ello de la forma más positiva posible.
La Gran Familia Española es, por decirlo así, la forma de reconcentrar esa visión en sus diferentes variantes masculinas en una sola unidad familiar. Una familia liderada por un patriarca entrañable que vive aferrado a un amor que se separó de él hace ya bastantes años. Un amor y una visión del mismo, que a marcado a todos sus hijos, especialmente al más joven, que desde pequeño sueña con casarse con su amor de toda la vida y que, cumplidos los 18, está a punto de hacerlo. Para él es la forma de cerrar un círculo con la esperanza de que eso arregle todo. Para colmo la boda coincide con la final del Mundial de 2010, con España a un tris de convertirse en campeona del mundo. Si un hombre español medio es torpe emocional, con fútbol de por medio…
De todas formas lo del fútbol es más una excusa que adorna el contexto de la historia que un recurso realmente relevante. Tal y como ha comentado el director en más de una ocasión, esa victoria sirvió de alguna manera para infundir esperanza y hacer ver que las ilusiones pueden no ser reales, pero en ocasiones se cumplen, y sólo por eso merece la pena alimentarlas. Aunque quizás es también un placebo para paliar el deplorable estado de un país y de esta familia en particular. Una familia desastrosa, con cinco hermanos que da penica verlos y que sobrevive gracias al cariño y a esa visión idealizada e inocente de determinadas realidades emocionales.
Esa concentración de elementos es una idea válida pero algo forzada. El hecho de poner en marcha los conflictos y resoluciones de los mismos en a las poco más de dos horas que dura el partido, implica jugársela bastante y formar un batiburrillo de tramas que no siempre van en armonía aunque todas impliquen a personajes superando barreras emocionales. En los anteriores títulos también estaba presente ese baño de realidad que derivaba en un aprendizaje vital, pero era algo que respiraba más en el universo de la propia película y los acontecimientos tenían un desarrollo más orgánico.
También hay una secuencia, la de la propia boda, que imagino que va a polarizar al público. Sánchez Arévalo se marca un homenaje a la peli que ha marcado a esta familia a modo de videoclip con una boda más cool que una reedición de unas Air Jordan. Todo al ritmo de la canción de Calvin Harris que hemos oído hasta la saciedad en la publi de Vodafone. Una puesta en escena y un montaje tan distintos al resto de la película, que por un momento parece que sea una ensoñación del novio. Pero no, es la boda y chirría mucho, en serio.
Ahora bien, estos problemas de saturación y elementos disonantes no arramplan con las virtudes de la película. Como en toda buena comedia, la acumulación de tensión y el puteo y ridículo de los protagonistas es algo que juega siempre a favor, y aunque esa situación sea pelín inverosímil por excesiva, a nivel cómico funciona como un reloj suizo. El manejo de los tiempos para ir dando mayor intensidad tanto al lado cómico como al dramático conforme nos acercamos al final es estupendo. Como ejemplo, la estupenda secuencia de montaje en paralelo de la segunda mitad, que se resarce del patinazo de la de la boda y que sacará la carcajada de la sala.
Luego está el apartado actoral. No sorprende nada ver a gente como Quim Gutiérrez, Verónica Echegui, Antonio de la Torre o Roberto Álamo clavar sus papeles, pero la buena mano de Sánchez Arévalo con los actores, hace que, por ejemplo, los cuatro actores más jóvenes, Patrick Criado, Sandra Martín, Arantxa Martí y Sandy Gilberte, brille con luz propia a la altura del resto. También en este aspecto hay algunos secundarios como la abuela en silla de ruedas o la prima chony, personajes muy de boda, que sirven como alivios cómicos cojonudos en el momento perfecto.
La película va remontando y la torpeza del comienzo se va puliendo hacia el final. Cuanto más están al borde del desastre los protagonistas más natural fluye todo, más divertida resulta y más se gana los galones. Es como esa final contra Holanda en la que la épica se impone a las hostias y, aunque haya que llegar a la prórroga, el triunfo sabe a gloria. Aunque le cueste, la película te hace reír, te toca la patata y respira una verdad emocional que poquitas consiguen. Una estrellita más para la camiseta.
Autor: Javier Ruiz de Arcuate (lashorasperdidas)
Crítica de "Asalto al Poder"
Supongo que Anonymous fue la gota que colmó el vaso. Quicir: cuando tu filmografía desciende a un nivel en el que páginas de mierda deciden reírse de tus películas remodelando el guión original y lo rematas poniéndote finolis y alienando a tus aficionados más irredentos, la mejor solución es volver a las bases. Asalto a la Casa Blanca no es el Emmerich de 2012 o, Dios nos libre, 10.000 B.C. Ni siquiera es el de Independence Day. Habría que trasladarse a los tiempos de Soldado Universal para encontrarnos con la versión remotamente cercana al momento en el que este director se encuentra ahora: formal, y con salidas de tono las justas. Un nombre más en los créditos de una más en el canon Jungla de Cristal, con la salvedad de que meses antes se ha estrenado una igual, más pequeñita, pero más bestia, más directa, y que sabía mejor a lo que jugaba.
Asalto al Poder es una película de acción que se queda en mi memoria por despilfarrar treinta minutos llenos de cosas inmensamente aprovechables, comenzando por su protagonista, John Cale (Channing Tatum, quien debería ser el último en salir escaldado de este film), y terminando en el hecho esperanzador de que por primera vez en mucho tiempo un film de acción elude empezar a hostias. Asalto al Poder tiene el valor de pasarse veinticinco minutos sin pegar un solo tiro. Prefiere pasarse ese tiempo acompañando a un personaje que promete ser, por fin (y porque servidor simplemente se agarra a un clavo ardiendo con estas cosas), el auténtico heredero de John McClane. Cale es un joven veterano de guerra, divorciado, que medio malvive haciendo de guardaespaldas de un alto funcionario de la Casa Blanca, quien decide aprovechar para pedir trabajo en el Servicio Secreto en el día que acompaña a su hija a la Casa Blanca para hacer una visita. El mismo día en el que el presidente anuncia un plan de paz para Oriente Próximo, momento en el que malvados terroristas hacen terroristadas.
Podré decir misa del film, pero que me den bien duro si la mencionada secuencia no es una gozada. Cale, con la cabeza gacha pero erguido, no demasiado listo, tampoco demasiado tonto, se convierte en un chaval de nuestra edad mendigando un trabajo ante una pareja de pijos del Servicio Secreto sin perder lo que le queda de honra con su hija en la habitación de al lado. “Salvaste a tu compañero de un Humvee en llamas”, le dicen. “Pasaba calor, y tal…”, responde entre constantes bufidos de sorna de uno de los entrevistadores, a sus espaldas. El remate final de la humillante conversación es una puñalada trapera: simplemente no es lo suficientemente bueno. Y ahí va Cale: haciendo de tripas corazón, recoge a la niña, la suelta una mentira piadosa, y a terminar el tour por el sitio con una sonrisa, porque para la chavala esa visita es lo mejor que le ha pasado en la vida. En resumen: potencialmente, estamos hablando de un big, damn hero.
Pues bien. Sesenta minutos después, no hay ni rastro absoluto de ese personaje y su entrañable hija ha transmutado en una de las grandes lacras del género: el personaje conocido como LA PUTA NIÑA, capaz de desarticular ella solita aspectos del plan no tan perfecto del grupo de asaltantes con ayuda de su teléfono móvil y dotada de un valor inusual (y por inusual queremos decir “Sarah Connor”) para mantenerse con la cabeza fría ante la perspectiva de recibir un balazo en la cara, cosa que está a punto de suceder en más de una ocasión (mientras la audiencia cruza los dedos en espera de esa pequeñiiiita concesión, solo eso). Mientras, Cale está despachando terroristas con una habilidad francamente inaudita en relación a lo que el film nos había dado a entender al principio, ayudado por el presidente de los Estados Unidos (Jamie Foxx), quien va de pacifista al principio del film hasta que se cepilla a un tío y se pilla unas Jordan. La acción alterna entre la Casa Blanca y, por no faltar, el habitual centro de mando habitado por “la agente que siempre sabe cuál es la mejor opción pero nadie la escucha”, “conjunto de tecleadores anónimos”, y el siempre fascinante personaje que es el “General Kaboom”, quien descartará cualquier opción inteligible porque se muere de ganas de lanzar un pepino y mandarlo todo a tomar por el culo. Los terroristas, por su parte, son una extraña jerarquía formada por “líder militar siniestro inicialmente competente interpretado por actor badass pero luego es un ñapas” (Jason Clarke), “lugarteniente terrorista imbécil”, y “final boss en la sombra” cuya identidad se desvela en el momento en que ves al actor en pantalla. Y un HACKER EXPERTO, aficionado a la música clásica, embutido en cuero y enormemente cripi.
Es decir. Lo habitual. El problema es que White House Down comienza en sus propios términos y luego pasa de ellos, aniquilando escena a escena sus posibilidades. Se convierte en genérica, cosa que es más sorprendente que imperdonable, porque es un film de acción contemporáneo de gran presupuesto y estas cosas pasan. Pero es genérica, inhumana Y aguada, y por ahí ya no trago. No tiene que ver tanto con su contenido –la industria armamentística MALA, superpatriotas MALOS– como con su desarrollo: prácticamente ninguna de las escenas de acción sirven para avanzar el film. Las apuestas suben a través de secuencias de destrucción como la del Air Force One, momento visto en el trailer y en todos los carteles de España, ante las que nuestros héroes tienen poca o nula capacidad de respuesta. Y los enfrentamientos de la película, como la persecución de coches por el jardín de la Casa Blanca, chula de ver pero de consecuencias más bien nimias, se ven lastrados porque jamás tengo una sensación clara de antagonismo entre los dos personajes que me importan porque son los que se zurran: Clarke y Tatum. El resto es pose y discursito. Gerard Butler, en Olympus, salva a civiles y militares él solito gracias a su iniciativa, sus conocimientos, su barba y a sus inmensas y escocesas pelotas. Cale se pasa disparando todo el rato a patos de feria a un ritmo tan infernal que solo falta que salga la puntuación iluminada en verde fosforito encima de sus cabezas. Jamie Foxx debería ser el contrapunto cómico/intelectual pero es el Presidente y puede ser gracioso pero no un payaso y además qué van a pensar los fans del actor. Cita a Lincoln, con lo cual entendemos que es muy listo. Fin. Por lo demás, la habitual interpretación completamente insolidaria de Foxx, y representante del estado de ánimo que termina afectando a la práctica totalidad del reparto, que confiere al film un carácter soso. Lo peor que le puede pasar a una peli de acción. Sosa.
Sosería que Emmerich no intenta arreglar en ningún momento. Hasta qué punto afectó el rodaje el brutal adelanto de su estreno (cuatro meses) ordenado por Sony es algo que nunca se sabrá, pero desde luego no es la clase de decisión que revierte en beneficios. Los sets son absolutamente impecables, los efectos digitales no tanto: las restricciones habituales de rodaje en la Casa Blanca obligan al film a tirar de cromas y multitudes generadas por ordenador, y a veces se nota. Bastante. Hay un par de chispazos de humor y patrioterismo marca de la casa que no funcionan ni por el contexto –la película intenta moverse en la fina línea de aventura de acción para adolescentes AMERICA FUCK YEAH con picos de madurez AMERICA NO TAN FUCK YEAH de vez en cuando, así que no sabes dónde encajan– ni porque me hagan maldita la gracia. Asalto al Poder simplemente “está”, y confía en que su pompa y circunstancia y sus megaplanos de helicópteros explotando acaben por conseguir que el pase listón. Emmerich comete algo impensable tratándose del tío que hizo Soldado Universal: subestimar el sacrosanto (HE DICHO) género de acción como una excusa intrascendente y anémica. Y cuando lo haces, el género se da la vuelta y te muerde los cojones. Y aprieta.
Autor: Rafa Martín (lashorasperdidas)
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